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Mundial 2026: las fortalezas y debilidades de España, el rival de la Selección en la final

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La gran final del Mundial 2026 en Nueva Jersey presentará un escenario inédito para el fútbol global: por primera vez en la historia, los vigentes campeones de la Copa América y de la Eurocopa se disputarán la corona mundial. En ese escenario definitivo estará la Selección Argentina, que se medirá cara a cara contra una España que funciona como su propio espejo táctico. El equipo conducido por Luis de la Fuente prioriza la posesión, pero llega fortalecido tras aprender a ganar incluso cuando no tiene el control del balón.

La relación entre ambos entrenadores añade una mística particular al encuentro. De la Fuente fue profesor de Lionel Scaloni durante el curso de director técnico que el santafesino realizó en España en 2017. El propio DT del conjunto europeo destacó esta sintonía previa a la final:

«No quiero personalizar, pero tanto él como yo coincidimos en muchos conceptos: valores, ciertos principios que mueven a nuestros equipos. Eso demuestra que los grandes equipos no pueden estar carentes de esos valores. Ser cada día más fieles a nuestra idea, sabiendo que el partido va a tener muchas alternativas, pero puede ser un partido muy igualado en todos los aspectos».

El eje de Rodri y la amenaza por las bandas

España se planta habitualmente con un esquema 4-1-2-3 sumamente versátil. El corazón de este sistema es Rodri, el mediocampista del Manchester City y ganador del Balón de Oro 2024. Él es el encargado de administrar el ritmo, atraer la presión rival y sostener la estructura tras cada pérdida de pelota. A su alrededor, el ataque español se despliega ocupando cinco carriles ofensivos, con especial énfasis sobre la banda derecha.

Por ese sector se recuesta Pedro Porro (autor del segundo gol en el triunfo ante Francia), un lateral extremadamente ofensivo que se asocia constantemente con la joya Lamine Yamal. El extremo juvenil representa el mayor factor de desequilibrio individual para España. Obliga a su marcador directo —que en la Selección será Nicolás Tagliafico— a tomar decisiones bajo máxima presión. Si el lateral lo espera, Yamal engancha hacia adentro; si sale a romper, descarga con Porro o con los volantes interiores. Para contrarrestar esta vía, el cuerpo técnico argentino baraja la opción de sumar a Nicolás González en la banda para dar apoyo defensivo.

Por el carril central y la izquierda, Dani Olmo se mueve con total libertad, intercambiando posiciones con el delantero Mikel Oyarzabal, quien suele retrasarse para liberar el espacio a la llegada de los volantes internos como Fabián Ruiz, Álex Baena o Pedri. En tanto, Marc Cucurella equilibra el sector izquierdo, actuando en ocasiones como un tercer marcador central replegado.

El cerrojo defensivo y las grietas para la Scaloneta

Aunque España es reconocida por su vocación ofensiva, su verdadero pilar en esta Copa del Mundo ha sido la solidez defensiva: solo recibió un gol en todo el torneo. El arquero Unai Simón casi no sufrió zozobras gracias a un sistema de presión inmediata tras la pérdida. El rival que más peligro real le generó en los siete partidos previos fue Portugal, con apenas un 0,91 de goles esperados (xG).

Sin embargo, el retroceso español ofrece una ventana de oportunidad para la Albiceleste. Cuando los laterales europeos se proyectan, quedan espacios libres para el contragolpe. Una salida limpia con la conducción de Lionel Messi, un cambio de frente preciso de Enzo Fernández o las rupturas al espacio de Julián Álvarez pueden lastimar seriamente a una defensa adelantada.

El antecedente del debut ante Cabo Verde (0-0) dejó una hoja de ruta sobre cómo frustrar a la Roja. En ese partido, España acumuló un 65,7% de posesión, dio 755 pases y remató 27 veces, pero terminó lanzando 39 centros intrascendentes al no encontrar juego interior. Otra referencia táctica útil para la Argentina es el planteo que utilizó la Uruguay de Marcelo Bielsa antes de quedar eliminada por 1-0: presionar alto sin correr detrás de la pelota, bloquear la salida de Rodri y forzar a los centrales (como Pau Cubarsí) a circular el balón sin receptores libres. En ese esquema de presión corta, la intensidad de Julián Álvarez y los saltos de Alexis Mac Allister o Rodrigo De Paul serán determinantes.

Un rival que aprendió a ganar sin la pelota

La semifinal ante Francia demostró que España ya no es un equipo unidimensional que se desespera si no monopoliza el balón. Frente a figuras como Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé, Michael Olise y Bradley Barcola, el conjunto de De la Fuente alternó inteligentemente entre presión alta (8% del tiempo), bloque medio (24%) y repliegue bajo (20%), mostrando una enorme eficacia al anotar sus dos goles en solo dos remates al arco.

Además, España cuenta con un banco de suplentes de jerarquía probada: Mikel Merino aporta llegada al gol, Pedri garantiza la asociación, Nico Williams ofrece velocidad pura por izquierda, y variantes como Ferrán Torres, Yeremy Pino o Marcos Llorente permiten refrescar el ataque o asegurar un resultado replegándose en defensa.

Para la Selección Argentina, el desafío de la final pasará por descifrar qué versión de España tendrá enfrente. El plan de juego nacional exigirá una combinación milimétrica de agresividad para presionar y pausa para manejar los hilos. Tras el duro examen ante Suiza en los cuartos de final, la Scaloneta sabe que para quedarse con la Copa del Mundo no bastará con disputarle la posesión a España; habrá que arrebatarle, de principio a fin, el control del partido.

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