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Lecciones de la Selección: los seis aprendizajes de la Scaloneta para aplicar en la vida cotidiana

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El histórico desempeño de la Selección Argentina no solo dejó una huella imborrable en el plano deportivo, sino que también se consolidó como un espejo de aprendizaje social y emocional. A través de la mirada del psicólogo especialista en familias Alejandro Schujman, el camino transitado por el plantel que lideran Lionel Messi y Lionel Scaloni ofrece valiosas herramientas para trasladar a la vida cotidiana, la crianza de los hijos y el ámbito laboral.

Para Schujman, la historia de la Selección es, ante todo, una historia de superación, resiliencia y humildad. El desahogo y el llanto de Messi representan la importancia de sostener los procesos y no abandonar los objetivos ante la primera dificultad. En un contexto global marcado por la inmediatez y los vínculos efímeros, el psicólogo destaca el compromiso colectivo de este grupo como un faro de resistencia frente a la cultura del descarte.

El valor de sostener y la resistencia al abandono

En la sociedad actual, donde abundan términos como el ghosting y la tendencia a bajarse del barco ante la primera tormenta, la Selección demuestra el valor de comprometerse y no bajar los brazos. Según el especialista, el equipo enseña que incluso los más grandes pueden equivocarse y que caerse forma parte del camino. Las imágenes de los futbolistas compartiendo con sus familias en el césped tras la tensión de los partidos, como Julián Álvarez o los hijos de los jugadores jugando con botellas de plástico en la cancha, humanizan el éxito y lo devuelven a su eje esencial: el afecto.

Tolerancia a la espera: crecer a veces duele

Uno de los mayores desafíos actuales en la crianza es la baja tolerancia a la frustración. Schujman advierte sobre el error común de intentar resolverles la vida a los hijos para evitarles el sufrimiento, bajo la lógica de «completarles el álbum de figuritas para que no sufran». Frente a esto, el ejemplo de la Selección enseña que en la vida también se sufre, incluso después de alcanzar la gloria.

«La resiliencia no consiste en evitar los golpes. Consiste en desarrollar la capacidad de atravesarlos sin perder la dirección, en volver a empezar a pesar de los pesares.»

El umbral de frustración es el escalón obligado para el crecimiento personal. El éxito genuino no surge de la presión desmedida, sino de la empatía, el amor y el trabajo en equipo. El psicólogo hace un llamado de atención a los padres y madres que llevan a sus hijos a escuelitas de fútbol, recordándoles que la presión externa anula el disfrute y el aprendizaje real.

Nadie se salva solo: la construcción de un verdadero equipo

La diferencia entre un grupo de grandes figuras individuales y un verdadero equipo radica en la capacidad de abrazar tanto los momentos de gloria como las situaciones más oscuras. La Selección es el ejemplo de esta sinergia: el abrazo a Walter Samuel tras un gol de pelota parada preparado por él (como el de Alexis Mac Allister), o la actitud de Scaloni al escuchar a Leandro Paredes en pleno partido para ajustar la estrategia, demuestran un liderazgo horizontal y generoso.

En este ecosistema, la humildad no implica sentirse menos, sino entender que el éxito es una construcción colectiva. Cuando un jugador hace un gol, corre a abrazar a quien le dio el pase; los suplentes festejan con la misma intensidad que los titulares, y los líderes priorizan el grupo antes que su propio ego. Esa generosidad no disminuye el talento individual, sino que lo potencia.

El éxito está después de los golpes

Para ilustrar el verdadero sentido del logro, Schujman recupera un viejo relato sobre un hombre que busca el éxito. Al preguntar a un sabio por el camino, este le indica que se encuentra a cien pasos. En su trayecto, el hombre tropieza, se golpea con piedras y sufre burlas, por lo que regresa indignado a reclamar. El sabio, con serenidad, le responde:

«El éxito estaba exactamente dónde te dije. Lo que olvidé decirte es que estaba después de los golpes.»

El desafío social y familiar no es criar niños que nunca se caigan, sino brindarles las herramientas emocionales para que, cuando la vida inevitablemente los tire al piso, comprendan que vale la pena levantarse y dar un paso más.

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