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Mercado laboral: nueve de cada diez nuevos ocupados necesitan trabajar más horas, según el Indec

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A pesar de la desaceleración de la inflación y la estabilidad financiera celebrada por el gobierno de Javier Milei, el mercado laboral argentino expone una fuerte fragilidad. Nueve de cada diez personas que consiguieron empleo en el último año necesitan trabajar más horas para apuntalar sus ingresos, en un contexto marcado por la informalidad y la pérdida del poder adquisitivo, según revelan diversos análisis basados en microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec.

El avance de la subocupación y la informalidad

La radiografía de esta situación surge de un informe del Centro de Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (Cetyd) de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), que comparó los datos del primer trimestre de 2025 con el mismo período de 2026. Durante ese lapso, el mercado de trabajo incorporó a unos 213.000 nuevos ocupados, pero en paralelo la cantidad de trabajadores subocupados —aquellos que se desempeñan menos de 35 horas semanales de forma involuntaria— se incrementó en 192.000 personas.

Este comportamiento evidencia que el crecimiento del empleo neto estuvo motorizado casi en su totalidad por puestos de carga horaria reducida. El director del Cetyd, Matías Maito, graficó la problemática actual de los trabajadores independientes:

“Pensemos en un plomero que apenas consigue un par de clientes por semana. No trabaja menos porque quiera. Si pudiera conseguir más trabajos, lo haría porque necesita aumentar sus ingresos”.

Este diagnóstico coincide con la percepción social de la crisis. Según una encuesta reciente de la consultora Casa Tres, dirigida por Mora Jozami, el 59% de los consultados afirmó que sus ingresos familiares “no nos alcanza”, registrando el valor más alto en lo que va de la gestión libertaria. En contraposición, un 49% manifestó que llega a fin de mes, mientras que el 1% restante no contestó.

Por su parte, la consultora Econviews advirtió que, si bien la desocupación se mantuvo estable en un 7,8% en el primer trimestre, el verdadero deterioro se registra en la calidad de los puestos laborales. La subocupación escaló del 10% al 11,1% interanual, al tiempo que la informalidad trepó al 44,2%, el nivel más alto desde que se tiene registro en esta serie estadística.

Un ajuste que pasa por las horas y el salario

Para la economista Natacha Izquierdo, directora de Operaciones de Abeceb, el mercado de trabajo está procesando la crisis de una manera distinta a otros períodos históricos. La especialista señaló que, con una desocupación contenida, el ajuste actual no se produce por destrucción masiva de puestos, sino por la vía del salario real y la reducción de las jornadas laborales. En fases de incipiente recuperación, las empresas prefieren extender horas extras o recurrir a contratos de tiempo parcial antes que generar nuevos empleos formales a tiempo completo.

La asimetría sectorial también explica este escenario. Un análisis de la entidad financiera Barclays destaca que los sectores que concentran el 49% del empleo privado registrado (industria, comercio, construcción y hotelería) continúan deprimidos. En contraste, la reactivación está liderada por el agro, la minería y las finanzas, que apenas representan el 8% del empleo privado. Si se aíslan estas tres ramas dinámicas, la actividad económica general sufrió una contracción interanual del 0,2% en el primer trimestre de 2026. Barclays alertó además sobre el riesgo político: el empleo privado registrado sigue un 3% por debajo del último trimestre de 2023, y los salarios reales del sector formal arrastran una pérdida del 4% frente a noviembre de ese año.

Transformación estructural y la respuesta del Gobierno

El director de Desarrollo Productivo del think tank Fundar, Daniel Schteingart, aportó una perspectiva histórica al señalar que la precarización no es un fenómeno nuevo, sino una tendencia de fondo que lleva una década. Detalló que en 2015 unos 51 de cada 100 ocupados eran asalariados registrados, una proporción que actualmente cayó a 44 de cada 100. Los sectores que hoy empujan el PBI, como la energía y la minería, son intensivos en capital pero generan pocos puestos de trabajo directos en comparación con la construcción o la industria fabril.

En sintonía, la economista Nuria Susmel, de FIEL, remarcó que el empleo asalariado formal perdió cerca de 250.000 puestos en el último año. La creación de empleo residual se concentró de forma casi exclusiva en el cuentapropismo informal y en trabajos independientes no registrados, como la venta ambulante, el delivery o la comercialización hogareña de alimentos a través de redes sociales.

Ante este panorama, el Gobierno nacional busca acelerar la reactivación mediante la expansión del financiamiento. El viceministro de Economía, José Luis Daza, reconoció recientemente que “mucha gente todavía no siente” las mejoras macroeconómicas. El funcionario anticipó que el Palacio de Hacienda trabaja en nuevos instrumentos de crédito tanto en pesos como en dólares, apostando fuertemente a apuntalar la construcción para dinamizar la creación de empleo genuino.

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