Deportes

Mundial 2026: Las lágrimas de Messi tras la hazaña histórica ante Egipto

Compartir:

En el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, el árbitro francés François Letexier pitó el final. El techo retráctil del estadio se cerró, conteniendo el estruendo de los hinchas argentinos segundos después de que la Selección Nacional lograra una heroica victoria ante Egipto en los octavos de final del Mundial 2026. Lionel Messi se llevó las manos a la cara y lloró. Pero esta vez fue diferente: sus lágrimas se extendieron, cargadas de una mezcla de desahogo y dolor.

El epílogo de una tarde inolvidable para Argentina y para el capitán, quien ya había derramado lágrimas en el partido inaugural, esta vez con el peso de una remontada histórica sobre sus hombros y la emoción de un equipo que lo llevó en andas.

La remontada épica: de perder 0-2 a la victoria 3-2 en diez minutos

A falta de casi diez minutos para el cierre, Argentina perdía 2-0. El campeón del mundo, que llegó a Norteamérica para defender su título, se tambaleaba al borde de la eliminación en octavos de final. Yasser Ibrahim había abierto el marcador de cabeza a los 15 minutos, y Mostafa Ziko había ampliado la ventaja a los 67. Para colmo, Messi había fallado un penal en la primera mitad, dejando al arquero egipcio Mostafa Shobeir como la figura excluyente del encuentro durante 80 minutos.

Entonces apareció lo que muchos describen como mística, experiencia o la jerarquía que se impone. Cristian “Cuti” Romero descontó de cabeza a los 79 minutos. Messi, con una volea espectacular, igualó el marcador 2-2 a los 84. Y Enzo Fernández completó la hazaña con un cabezazo en tiempo de descuento, a los 90+2. Tres goles en poco más de diez minutos. Nunca antes en la historia de los Mundiales, Argentina había logrado remontar un 0-2 en contra.

La Scaloneta en su estado más puro: sufrir y encontrar el camino

Las lágrimas en Atlanta no fueron las primeras de Messi en este Mundial. En el partido inaugural contra Argelia, el capitán se había emocionado justo después de marcar el primero de sus tres goles aquella noche. Interrogado por los periodistas, dio una breve explicación: “Es por algo totalmente ajeno al fútbol. Vengo de unos días bastante duros y complicados”. No dijo mucho más.

Pure emotion and passion from Messi after Argentina punched its ticket to the Quarterfinals pic.twitter.com/XeiDc2Ef9z

— FOX Sports (@FOXSports) July 7, 2026

En Argentina, radios, televisoras y portales de noticias completaron la información: el padre de Messi, Jorge, de 68 años, se encontraba en un delicado estado de salud. Ni Messi ni su entorno confirmaron los detalles médicos. Lo único certero, lo que todos vieron, fue a un hombre de 39 años llorando después de un gol, en el que probablemente sea su último Mundial, con una vida entera volcada en la camiseta.

El abrazo colectivo y el recuerdo de Barcelona

Esta vez no hubo micrófono cerca, ni pregunta incómoda. Hubo un abrazo colectivo: Cuti Romero, Enzo Fernández, Julián Álvarez y todo el banco corriendo hacia el número 10 para levantarlo —literalmente, en andas— mientras el cuerpo técnico de Lionel Scaloni celebraba a un costado, desbordado por la emoción.

El grupo lo bajó, lo abrazó y volvió a levantarlo. A veces, hasta a los capitanes hay que llevarlos. Este momento de éxtasis colectivo también trajo a la memoria otro gran llanto de Messi, aquel del 8 de agosto de 2021 en el Camp Nou. En esa ocasión, vestido de traje, apenas pudo articular palabra al anunciar su salida del Barcelona, ahogado en deudas y sin poder registrar su renovación. “Pasé toda mi vida acá, y no estaba preparado para irme”, logró decir, antes de que la voz se le quebrara por completo. Las lágrimas en Atlanta y las de Barcelona no tienen la misma causa, pero comparten la misma esencia: la angustia de un hombre que construyó su vida en una cancha de fútbol y que, de vez en cuando, muestra allí todo lo que no puede decir en otro lugar.

Argentina avanza al ritmo de Italia ’90

Afuera del estadio, Atlanta padece su verano con 32°C y una humedad que empapa la ropa antes del mediodía. Mientras tanto, algunos ya trazan el paralelismo con el Mundial de 1990. Aquella Selección, campeona en México ’86, llegó a Italia sin el brillo de cuatro años antes, sufriendo y ganando por la mínima hasta la final perdida en los últimos instantes. Este equipo, campeón en Qatar ’22, llega a Norteamérica de manera similar: sin el fútbol deslumbrante de entonces, pero con la misma obsesión por no soltar el título.

En Rosario, en Miami, en cada casa de la comunidad hispana de Estados Unidos donde cuelga una camiseta albiceleste de una ventana, o en cada bar latino que cerró temprano para ver el partido, la pregunta es la misma: ¿queda suficiente corazón para otra final? Por ahora no importa, porque para los argentinos solo hay lugar para el desahogo total, después de más de 100 minutos cargados de adrenalina.

Messi respondió con un gol crucial en un momento crítico, y con lágrimas que guardan algo. El plantel lo llevó en andas cuando el peso parecía demasiado. Este equipo ha aprendido precisamente eso: a sostenerlo cuando ya no puede cargar solo.

Compartir: