La Scaloneta: el equipo que conmovió a los «ateos» y humanizó a la Selección Argentina
La Selección Argentina de Lionel Scaloni ha logrado una conexión inédita con el público, alcanzando incluso a aquellos que se consideraban “ateos” de la camiseta nacional. Este fenómeno, gestado desde la histórica victoria en Qatar 2022, se basa en la capacidad del equipo para mostrarse humano, vulnerable y cercano, rompiendo con la imagen de protagonistas inalcanzables que caracterizó a otras épocas.
La comunión entre el plantel y la gente no se construyó con eslóganes vacíos, sino con gestos, palabras y una profunda identificación con las emociones de la vida cotidiana. Los jugadores, y su cuerpo técnico, ríen y lloran en público, una proeza en tiempos modernos que desmitifica la figura del “tipo duro” y los vuelve terrenales.
Messi y Scaloni: la humanidad al frente
Tanto Lionel Messi como Lionel Scaloni, las principales figuras de este proceso, han demostrado una sensibilidad que los acerca al sentir popular. A ambos les afectan las mismas cosas que a cualquier persona: las dificultades, los enojos, las angustias y las lágrimas.
Scaloni, un director técnico que saluda y mira a los ojos, no tiene empacho en hablar de su propia sensibilidad. “Siempre me emociono. A veces salen las lágrimas. Hoy salieron en el vestuario también. Los chicos hasta me dicen la llorona, pero no me importa”, confesó con naturalidad. Su empatía trasciende lo futbolístico, solidarizándose con causas humanitarias y tragedias personales, como los terremotos en Venezuela o un incidente vial en Casilda, localidad cercana a su Pujato natal.
Por su parte, Messi, a sus 39 años y capitán en la adversidad, atraviesa un momento de madurez que le permite mostrarse más abierto. Lejos del veinteañero ofuscado, el actual Messi es un hombre de familia, con las inquietudes y preocupaciones que acarrea el paso del tiempo. Se permite llorar y contagia esa emoción a millones de argentinos, quienes se sienten reflejados en su angustia y su capacidad para superarla. Como recordó su excompañero Thierry Henry, hoy comentarista de Fox Sports, “Mírenlo llorar y lo mucho que significa para él y el equipo. Eso muestra cuánto significa el fútbol para él. Pero antes que nada nos recuerda que es humano…”
La identificación con el Dibu y el resto del plantel
Otro ejemplo de esta cercanía es Dibu Martínez, quien no oculta sus sentimientos. El arquero ha hablado sin tapujos de haberse roto un dedo poco antes de un Mundial o de la sensación de no poder “ayudar” a sus compañeros desde el arco, incluso después de una remontada épica. Estas actitudes, que se han vuelto una credencial del equipo, refuerzan la idea de que son hombres que sienten y viven el fútbol con una intensidad que traspasa la pantalla.
Esta Selección Argentina genera identificación y pertenencia. En tiempos mundialistas, el ambiente en las calles se transforma, los problemas cotidianos parecen difuminarse y emerge una energía diferente. Los colores nacionales han logrado dejar atrás las fisuras y las grietas, uniendo a la gente en un sentimiento colectivo de alegría y orgullo. Todo esto, gracias a un grupo de hombres recios en la cancha, pero profundamente sensibles y humanos fuera de ella, que construyeron una selección más cercana y querida que nunca.

