Pesca ilegal: la depredación extranjera sobre la milla 201 triplica la captura argentina
Flotas pesqueras extranjeras, principalmente de China, Corea del Sur y Taiwán, operan de forma sostenida sobre el límite exterior de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina, capturando anualmente entre 1,5 y 3 millones de toneladas de especies ligadas a la plataforma continental. Esta cifra contrasta drásticamente con las 900.000 toneladas que, como máximo, captura la industria pesquera nacional, que sí opera bajo marcos legales y contribuye al empleo y la generación de divisas.
La soberanía argentina sobre sus recursos marinos se extiende hasta la milla 200, según el derecho internacional del mar. Más allá de ese límite, la pesca es, en principio, libre. Sin embargo, las flotas que se concentran en la denominada “milla 201” aprovechan con una “eficacia devastadora para el ecosistema” un vacío de gobernanza en el derecho internacional. Expertos señalan que la respuesta a este problema debe anclarse en acuerdos regionales de ordenamiento pesquero, regímenes de trazabilidad como los impulsados por la Unión Europea y en instancias multilaterales, en lugar de una retórica soberanista que, por sí sola, no logra mover los buques.
Un problema con raíces históricas
La situación actual tiene un origen histórico que se remonta al conflicto de las Islas Malvinas en 1982. Antes de este evento, la Armada y la Prefectura patrullaban las aguas del sur y el este, y la presencia de flotas extranjeras era marginal. Tras el conflicto, el Reino Unido optó por vender licencias de pesca en el área de las islas como una forma de financiar su administración y consolidar su presencia, lo que sentó las bases para el problema actual.
Según la Cámara de Armadores Pesqueros y Congeladores de la Argentina, a mediados de la década de 2000 se registraban más de 600 embarcaciones extranjeras operando irregularmente. La inacción institucional y la falta de intervención de la Armada y la Prefectura llevaron a que los propios pescadores nacionales intentaran interponerse físicamente para obstaculizar a los intrusos. Las denuncias sin consecuencias y la captura tolerada “integraron un patrón que se volvió difícil de revertir”.
Escalada de la presión extractiva y riesgo de colapso
Informes de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera indican que entre 400 y 600 buques extranjeros se concentran anualmente sobre la milla 201. Entre 2019 y 2024, los niveles de extracción en el Atlántico Sudoccidental crecieron un 65%, con la pesca china aumentando un 85%. Esta presión extractiva desmedida amenaza con el colapso de especies clave como el calamar illex argentinus, que es un pilar de las exportaciones pesqueras argentinas.
La prestigiosa ONG internacional Environmental Justice Foundation ya ha advertido que la combinación de sobrepesca y variabilidad ambiental podría provocar un colapso poblacional en el corto plazo, dado el ciclo de vida breve de esta especie. La escala del esfuerzo extractivo, ya sea mediante poteros o arrastreros más destructivos, sostenido en el tiempo no es compatible con la reproducción de stocks.
Más allá de las categorías económicas convencionales, las flotas chinas no buscan una rentabilidad marginal, sino que responden a una política de Estado orientada a garantizar proteína animal para sus 1400 millones de habitantes. Esta situación se enmarca en una “disputa geopolítica sobre el acceso a recursos globales que debe ser abordada como tal”.
Cuando las flotas extranjeras capturan hasta cuatro veces más que la industria local, el costo en divisas no cobradas, empleo no generado y cadenas de valor truncadas es incalculable. Sin embargo, el “daño más profundo, sin embargo, es biológico y, por ende, irreversible”, concluye el análisis.

