Política

Interna oficialista: el poder de Santilli, los desafíos de Karina Milei y la sombra de Caputo

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La reciente designación de Diego Santilli como Jefe de Gabinete de la Nación abre un nuevo capítulo en la saga oficialista, marcado por la expectativa sobre su poder real y los desafíos que deberá sortear. Si bien su ascenso lo posiciona como una figura clave para la gestión y la comunicación, las decisiones de Javier Milei y su hermana, Karina Milei, delinean un escenario complejo donde las tensiones internas y los contrapesos son una constante.

Desde el inicio de su gestión, el Presidente y su hermana han demostrado una tendencia a limitar la autonomía de sus subordinados. Esta dinámica se replica en la Jefatura de Gabinete, donde Santilli ya enfrenta una imposición en su segundo: Ignacio Devitt. Proveniente de la tercera línea del PRO y cercano a Manuel Adorni, Devitt es percibido como un delegado directo de Karina Milei, cuyo rol será el de un controller. Esta situación representa un desafío para Gustavo Coria, el flamante secretario de Interior y hombre de máxima confianza de Santilli, quien deberá manejar estas limitaciones con tacto.

Las facciones y el dilema bonaerense

Más allá de la estructura interna, Santilli debe reforzar su relación con Karina Milei y, especialmente, con los hermanos Menem, Eduardo “Lule” y Martín. Sin embargo, una de las principales exigencias de los Menem, la «cabeza» de Santiago Caputo, el «Mago del Kremlin», parece inalcanzable. La designación de Santilli, de hecho, expresa el deseo presidencial de mantener a Caputo en su lugar, a pesar de la «guerra fría» entre facciones.

La relación entre Santilli y Caputo, sin embargo, cuenta con un trasfondo de viejas conexiones. El «Colo» contrató durante años a Rodrigo Lugones, líder de la consultora Move donde trabaja Caputo. Los unió la intervención de Bruno Screnci, mano derecha de Santilli y antiguo compañero de colegio de Lugones.

El verdadero problema para Santilli no sería Caputo, sino el diputado Sebastián Pareja, delegado de Karina Milei en la conducción de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires y aspirante a la gobernación. Esta tensión conduce al principal desafío político de Santilli: conquistar la gobernación bonaerense, hoy en manos de Axel Kicillof.

A pesar de su cargo, a Santilli se le retacea el diseño de la estrategia política. Para ganar en la provincia, donde no hay balotaje, necesita la unificación del voto no peronista de centro a derecha. Sin embargo, el propio Milei dificulta esta estrategia al criticar a Mauricio Macri, quien podría postular una fórmula alternativa y complicar las aspiraciones de La Libertad Avanza.

La carrera bonaerense plantea interrogantes sobre el impacto de su rol como jefe de Gabinete en una administración de ajuste. ¿Será una ventaja o un castigo para conseguir votos, especialmente en el conurbano? La decisión sobre el desdoblamiento de las elecciones provinciales también es crucial. El peronismo bonaerense, con la gravitación de sus intendentes, busca eliminar la cláusula de los dos mandatos para los jefes municipales. Sergio Massa, con una imagen pública aún desfavorable, podría ceder a esta demanda si él mismo fuera candidato presidencial, unificando los comicios provinciales con los nacionales.

La crisis del PJ y el futuro de Massa y Kicillof

La crisis del PJ bonaerense, con la ruptura aparentemente irreversible entre Cristina Kirchner y Kicillof, abre un nuevo escenario. La expresidenta, sin candidato propio, podría ver en Massa una opción, quedando la incógnita sobre quién competiría por la gobernación. Nombres como Máximo Kirchner o Eduardo «Wado» De Pedro suenan para el sillón de Kicillof, que La Cámpora considera más seguro.

Ante los numerosos riesgos en la provincia, Santilli evalúa incluso un posible regreso a la Ciudad de Buenos Aires para competir por la Jefatura de Gobierno. Esta movida permitiría a Milei ceder la candidatura a un miembro del PRO, pero con Santilli, y no con un representante directo de los Macri como Jorge Macri. Este último, haciendo méritos para la Casa Rosada y radicalizándose hacia la derecha, incluso ha generado controversia al criticar a la Iglesia Católica por asistir a personas en situación de pobreza.

La fragmentación política en la Ciudad y la Provincia sugiere un escenario electoral incierto, con la posibilidad de cuatro fuerzas compitiendo: dos versiones del peronismo y dos del no peronismo. Curiosamente, Milei parece más enfocado en dividir su propio campo que en el peronismo, al que apenas menciona, salvo para desviar la atención de escándalos internos. Su única «pausa» es con Patricia Bullrich, a quien las encuestas posicionan como la dirigente más valorada por la opinión pública.

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