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Haedo: Luis Bogani, el empresario y benefactor de 92 años, fue nombrado Ciudadano Ilustre

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Luis Bogani, un reconocido vendedor de indumentaria de 92 años, fue distinguido como Ciudadano Ilustre de Haedo. Este reconocimiento, impulsado por una petición vecinal que tardó dos años en ser aprobada por el Concejo Deliberante, premia una vida dedicada al trabajo, la familia y, sobre todo, a la ayuda comunitaria.

«A mí me criaron para ayudar e hice lo mismo con mis hijos. No me costó nada hacerlo, y es lo que debía hacer», afirma Bogani, conocido cariñosamente como «Luisito», con la humildad que lo caracteriza. Su historia es la de un hombre que, a pesar de las adversidades económicas del país, nunca dejó de lado su compromiso social.

Una vida entre hilos y solidaridad

Nacido en 1934, Luisito fue el séptimo hijo de Daniel Bogani, fundador de una casa de indumentaria masculina en Morón. «Cuando terminé la secundaria me puse a trabajar como cadete ahí. Pasaron más de setenta años de eso. Con el tiempo mi padre nos fue haciendo lugar, a mí y a mis hermanos», recuerda con nostalgia. Su padre, un hombre estricto, le legó una máxima que lo acompaña hasta hoy: «A más cama, más coches y más sillas, menos salud», un consejo que Luis aplica manteniéndose activo y trabajando a sus 92 años.

A los 25 años, se casó con «Maruja» y formó una familia con tres hijos, Paula, Valeria y Andrés, y seis nietos. Su entorno destaca que él y toda su familia «se ocupan de ayudar en el barrio. Siempre con labores caritativas, con la finalidad de colaborar con la mejoría de la zona».

El motor detrás de la ayuda comunitaria

La faceta solidaria de Luis Bogani es amplia y profunda. Es el fundador de la Casa Nazaret, una organización que cuenta con 200 voluntarios y brinda ayuda y contención a personas en situación de vulnerabilidad. Además, es un activo colaborador de la Cooperadora del Hospital Güemes de Haedo, cuya misión es recaudar fondos para la compra de insumos médicos, la reparación de equipos y la mejora de la infraestructura del centro de salud.

También fue miembro fundador de la Cámara Comercial de Haedo. Sus amigos, con una sonrisa, lo describen como un «cararrota» en el buen sentido: «Él levanta el teléfono y te consigue plata para cualquier acto de caridad». A pesar de todo lo logrado, Luisito minimiza su rol: «No siento mucho por ser la figura del barrio. Pero el sábado vino una familia para sacarse una foto conmigo, como si fuera una especie de celebridad. Siento que me reconocen por cosas que hizo mi familia».

A lo largo de su vida, Luis debió enfrentar y superar diversas crisis económicas en Argentina, llegando a cerrar sucursales de su negocio en La Matanza. Sin embargo, nunca dejó de trabajar por su familia y sus seres queridos, y aún hoy atiende a los nietos de los clientes de su padre.

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