Sociedad

Inés De los Santos, la «reina de la coctelería»: «Tuve que abrir la puerta a patadas para triunfar»

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Inés De los Santos, una de las figuras más influyentes de la industria de las bebidas a nivel mundial según el ranking Bar World 100 de Drinks International, reflexiona sobre su trayectoria y los obstáculos que enfrentó para consolidarse en un ambiente históricamente dominado por hombres. Con 48 años, la bartender argentina, que fue jefa de barra en emblemáticos locales como Puerto Mitre, Mundo Bizarro y Gran Bar Danzón, asegura que su camino fue de “mucho trabajo y esfuerzo” y que necesitó “abrir la puerta a patadas” para triunfar.

La determinación de De los Santos, que hoy dirige emprendimientos como CoChinChina, Kona Corner (junto a Narda Lepes) y Costa 7070, además de su servicio de barras móviles Julep, dos libros de coctelería y un vermut propio, se forjó en un contexto donde el mundo de los tragos era un territorio casi exclusivamente masculino. Su amigo Renato “Tato” Giovannoni, otra eminencia de la coctelería, la alentó en sus inicios: “Mirá, Inés, lo que vos quieras hacer lo vas a lograr”.

Los desafíos de una pionera: familia, prejuicios y el rol de la maternidad

El camino de Inés no fue sencillo. “Costó por la coyuntura. Cuando empecé, no había bares que hicieran lo que yo quería hacer. Ni en la Argentina ni en el mundo”, explica. A esto se sumó la resistencia inicial de su propia familia. Sus padres, con una orientación más académica e intelectual, no comprendían su vocación por la coctelería. Su padre, dedicado a la publicidad y el cine, le preguntaba en broma y en serio: “¿Barman?”. Su madre, psicoanalista y ligada al pensamiento feminista, también encontró dificultades para entender su elección. “Siempre entendí que el mundo era de los hombres y, si quería meterme, tenía que abrir la puerta a patadas”, afirma De los Santos, una enseñanza que compartió con su hermana Mercedes.

Respecto a la palabra “barman”, de raíz etimológica masculina, Inés reconoce que le costaba usarla. “¡No me salía decirla! Cuando tenía que contar lo que hacía, optaba por expresiones como: ‘Yo hago tragos’. Hoy, hasta mi hija Cora, que tiene 13 años, sabe que soy bartender”, relata, evidenciando un cambio cultural que ella misma ayudó a impulsar.

La maternidad, asegura, fue un punto de inflexión. “Para mí, es el eje de todo: te permite separar la paja del trigo, te permite diferenciar lo importante de lo demás”, sostiene. Tuvo a Cora a los 35 años, después de una etapa de vida “más nómade, más bohemia, más workaholic”. Su hija, fruto de su relación con Pascal Bernard (ex gerente de La Bourgogne), la impulsó a redefinir sus prioridades. A Cora, Inés le transmitió la resiliencia aprendida de su propia madre tras un accidente de tránsito en su adolescencia y la importancia de saber soltar, ya sea una relación o un trabajo, como ocurrió tras su divorcio de Pascal.

Amistad, prejuicios y un nuevo vínculo

A pesar de sus viajes y compromisos laborales, Inés se esfuerza por mantener la conexión con su hija. “En el caso de que viajemos juntas, ya advirtió: los bares están prohibidos. Sabe que, si entro a un bar, la situación terminará girando alrededor de mi trabajo y que me va a perder”, cuenta, entre risas, sobre la dinámica con Cora, quien en casa “es la que manda”.

De los Santos también destaca la importancia de revisar los prejuicios, una lección aprendida detrás de la barra que aplica en la crianza de su hija. “Si bien creo que hoy los chicos son menos prejuiciosos y más abiertos que las generaciones anteriores, estoy convencida de que, si hacés una lectura prejuiciosa, en el 99% de las veces te vas a equivocar”, enfatiza.

En el ámbito personal, Inés revela que está en pareja desde hace un año y medio. “Estoy muy contenta. No quiero decir mucho porque quiero cuidar este vínculo”, afirma. Reconoce que su ritmo de trabajo y los viajes son un desafío para cualquier relación, por lo que busca que el vínculo se construya “por fuera de la mesa, por fuera de lo gastronómico”. Un plan ideal puede ser “ir a un chino, comprar jamón y queso y unas cervezas” o simplemente “escuchar música o caminar por la ciudad”.

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