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Dólar a $1.495: las cuatro razones que explican la suba de junio y la incertidumbre para el segundo semestre

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El dólar minorista cerró el mes de junio en $1.495 en los bancos, registrando una suba del 4,6% en la cotización. Este “despertar” del billete verde, que contrasta con la estabilidad de los primeros cinco meses del año, genera interrogantes sobre la posible volatilidad que podría enfrentar el mercado cambiario en el segundo semestre.

Expertos del mercado analizan el movimiento de junio como un “ajuste sano” que evita una profundización de la apreciación del peso. Sin embargo, el debate central se enfoca en determinar si esta tendencia es meramente estacional o si marca el inicio de un período de mayor inestabilidad.

El juego de la oferta y la demanda: el factor clave

La suba del dólar en junio se explica por un cambio en la dinámica de la oferta y la demanda de divisas. Durante la primera mitad del año, el mercado experimentó una “sobreoferta” de dólares financieros, impulsada principalmente por:

  • Colocaciones de deuda: Provincias y empresas realizaron emisiones de deuda en el mercado internacional, inyectando dólares al circuito local.
  • Sectores dinámicos: Los ingresos de divisas provenientes del sector energético y agropecuario, especialmente durante la liquidación de la cosecha gruesa, contribuyeron a la oferta.

La demanda, en ese período, se mantuvo contenida gracias a tasas en pesos más atractivas que la depreciación esperada.

Cuatro factores que impulsaron la cotización en junio

En junio, la balanza se inclinó. La oferta de dólares comenzó a mermar, mientras que la demanda se reactivó por múltiples motivos:

1. Menor flujo de dólares externos: El ritmo de colocaciones de obligaciones negociables (ON) de empresas y provincias en el mercado internacional disminuyó. El “boom” de emisiones del primer cuatrimestre se enfrió, lo que se tradujo en menos dólares ingresando al país.

2. Menor liquidación del agro: La liquidación de la cosecha gruesa, que alcanzó su pico entre abril y mayo, se ralentizó. Con la mayor parte de la campaña ya volcada al mercado, el aporte de divisas del sector agropecuario, una de las principales patas de la oferta en la primera mitad del año, se debilitó.

3. Mayor demanda privada: Tres factores convergieron para empujar la demanda:

  • Efecto Mundial: La Copa del Mundo disparó el gasto de los argentinos en el exterior, generando presión sobre el billete por el aumento de pasajes, hoteles y consumos con tarjeta en moneda extranjera. El turismo emisivo es, históricamente, una importante fuente de salida de divisas.
  • Aguinaldo: El cobro del medio sueldo anual complementario en junio inyectó más pesos en la calle. Una parte de esos pesos, como es habitual a mitad de año, se destinó a la compra de dólares para ahorro.
  • Demanda energética estacional: El invierno disparó las importaciones de gas y combustibles. El sector energético, que en verano aporta divisas, en los meses fríos las demanda, restando oferta neta al mercado.

4. Fin del “carry trade” y dólar global más firme: A los flujos se sumó un cambio en la mentalidad de los inversores. La estrategia del “carry trade” (posicionarse en pesos para capturar tasas altas frente a una depreciación esperada) comenzó a desarmarse. Ante la expectativa de un tipo de cambio más firme en el segundo semestre, muchos inversores cerraron posiciones en pesos y buscaron cobertura en dólares, retroalimentando la demanda.

A esto se añadió un factor externo: el fortalecimiento global del dólar. El índice DXY, que mide la divisa contra una canasta de monedas, subió, impactando directamente en los mercados emergentes. Monedas de la región como el real y el peso chileno también perdieron terreno, y el peso argentino no fue la excepción a esta tendencia, lo que operó como un piso de presión adicional para la cotización local.

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