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De tambero a empresario: Javier Semino y el éxito de Milagros del Sol con 15 sabores de dulce de leche

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El reloj marca las 3 AM en Mercedes, provincia de Buenos Aires, cuando el día comienza para Javier Semino y su hija, Milagros. Juntos emprenden el viaje a Exaltación de la Cruz para abrir las puertas de su fábrica a las 5 AM, donde la jornada laboral se extiende hasta las cuatro de la tarde. Esta rutina, forjada durante décadas de trabajo rural en el tambo, es el cimiento de Milagros del Sol, una empresa que hoy se destaca en la producción de lácteos.

Semino, un hombre de campo criado en un paraje rural de Mercedes, heredó la tradición familiar de contratista rural. Aunque su madre insistió para que terminara la secundaria, su verdadera pasión siempre estuvo ligada a la vida rural y la cría de ganado Holando-Argentino. Tras más de 20 años ordeñando vacas en un tambo propio, enfrentando la incertidumbre del clima y las políticas agropecuarias, Javier encontró en la industrialización de la leche una vía para agregar valor y escapar de las adversidades.

La transformación del tambo a la fábrica

El cierre del tambo familiar, que llegó a tener 200 vacas en ordeñe y producía masa para mozzarella, sardo y queso llanero, marcó un punto de inflexión. «El dueño no alquiló más el campo para el tambo y decidimos cerrar», relató Semino. Recordaba con claridad la sequía de 2018, una experiencia que reafirmó su convicción de que la producción a cielo abierto depende de variables incontrolables.

La oportunidad de un nuevo comienzo surgió cuando un conocido le informó sobre una cooperativa láctea en dificultades. Semino se acercó a la planta, que había pertenecido a la reconocida marca La Salamandra (fundada por Javier González Fraga y luego propiedad de Cristina Miguens y Cristóbal López antes de quebrar). Con pocos recursos y los ahorros de años de tambo, decidió apostar por la industria.

«Tuvimos que poner las cosas en regla porque no tenían los permisos. Lo hicimos y empezamos a trabajar. Ellos ya hacían dulce de leche. Yo nunca había hecho dulce de leche y empezamos a hacer»

El desafío fue enorme. Semino comenzó «prácticamente desde cero», poniendo en orden la fábrica y reactivando la producción. La cooperativa fue desapareciendo y los trabajadores se incorporaron al nuevo emprendimiento familiar. Aunque nunca había elaborado dulce de leche, se lanzó a la producción, sentando las bases de lo que se convertiría en uno de los pilares de su negocio.

Milagros del Sol: innovación y reconocimiento

La experimentación fue clave para diferenciarse. Así nacieron variedades de dulce de leche al ron, chocolate, y las versiones familiar y repostero. Esta búsqueda de valor lo llevó a incursionar en otros sabores, generando una línea que hoy incluye 15 variedades, entre ellas café, pistacho, frutos rojos, naranja, coco, banana, limón, marroc y menta, además de versiones específicas para alfajorerías y heladerías.

La marca, Milagros del Sol, surgió de la combinación de los nombres de sus hijas, Milagros y Sol, reflejando el carácter familiar del proyecto. Con el tiempo, incluso una de sus hijas, que trabajaba en Nueva Zelanda, regresó al país para sumarse al emprendimiento, motivada por los primeros reconocimientos obtenidos por la empresa.

Los premios no tardaron en llegar. En 2024, obtuvieron el primer puesto en la Fiesta Provincial de la Mozzarella, en San Vicente, con una mozzarella que alcanzó 98,7 puntos sobre 100. Sumaron distinciones en Tandil, Suipacha y Cañuelas por sus bocconcini, mozzarella, gouda especiado y otros quesos artesanales, así como reconocimientos por sus dulces de leche en competencias del Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense.

Crecimiento y estabilidad en la industria

La empresa también encontró un nicho de mercado en expansión: el queso llanero. Este producto, esencial para la elaboración de tequeños venezolanos, ganó demanda en Argentina con el crecimiento de la inmigración. Semino, que ya lo elaboraba en la época del tambo, profundizó esta especialización, convirtiéndose en uno de los principales proveedores del país. «Estamos reconocidos por la calidad», afirmó.

Actualmente, Milagros del Sol procesa alrededor de 30.000 litros de leche diarios. Produce más de 3.000 kilos de queso llanero por día, además de mozzarella, bocconcini, gouda, tybo, sardo, provoleta y otros quesos artesanales. También elabora más de 10.000 kilos diarios de dulce de leche y distribuye sus productos en la provincia de Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires y destinos turísticos como Caminito y las Cataratas del Iguazú.

A pesar del notable crecimiento, Javier Semino mantiene la perspectiva del productor agropecuario. La industria le brindó una estabilidad que nunca tuvo en el campo. «Cuando uno tiene la leche la procesa. La producción está igual. Contra el clima no se puede hacer nada», resumió. Después de décadas lidiando con sequías y cosechas dependientes de la lluvia, encontró en la transformación de la leche una manera de construir valor propio. «También es una empresa familiar donde están mis hijas, sobrinos y hermanas, todos. Fuimos mutando, pero nuestra descendencia fue contratista rural», concluyó, destacando el espíritu familiar detrás de una marca que nació casi por casualidad.

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