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Conrado Estol: La dieta mediterránea reduce hasta 70% los eventos cardíacos

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Las enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte a nivel mundial, son también uno de los problemas de salud con mayor potencial de prevención. Así lo afirma el médico neurólogo Conrado Estol, quien sostiene que los avances científicos de las últimas décadas permiten asegurar que la mayoría de los infartos y accidentes cerebrovasculares pueden evitarse mediante la adopción y el sostenimiento de hábitos saludables.

Uno de los pilares de esta estrategia preventiva es la alimentación. Según el especialista, diversos estudios demostraron que la dieta mediterránea logró reducir entre un 50% y un 70% la incidencia de eventos cardíacos, en comparación con otros modelos alimentarios. Este beneficio se manifiesta no solo en una menor cantidad de infartos, sino también en una disminución de la inflamación del organismo y una mejora de distintos indicadores metabólicos.

La clave de este patrón alimentario no radica en una dieta restrictiva, sino en la priorización de alimentos frescos y de origen natural. El aceite de oliva, las frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y pescados ocupan un lugar central. Por el contrario, los productos ultraprocesados, las carnes procesadas y las grasas saturadas quedan relegados a un consumo ocasional.

Aunque el corazón funciona de manera ininterrumpida durante toda la vida, su buen desempeño depende en gran medida del cuidado del resto del organismo. Mantener una presión arterial adecuada, controlar el colesterol y la glucosa, evitar el tabaquismo y reducir el estrés son algunos de los factores que más influyen sobre la salud cardiovascular.

Para Estol, la prevención comienza con controles médicos periódicos que permitan detectar factores de riesgo antes de que aparezcan los síntomas. En este sentido, los análisis de sangre y la evaluación clínica ofrecen información valiosa para diseñar estrategias personalizadas de prevención.

El ejercicio como tratamiento y la importancia del descanso

La actividad física constituye otro de los grandes aliados del corazón. Los especialistas coinciden en que no es necesario convertirse en un atleta para obtener beneficios: caminar diariamente, realizar ejercicios aeróbicos y complementar con entrenamiento de fuerza varias veces por semana alcanza para reducir significativamente el riesgo cardiovascular.

Incluso investigaciones recientes muestran que sesiones breves de ejercicio, distribuidas durante el día, generan mejoras en la función metabólica y ayudan a preservar la masa muscular con el paso de los años. Además de proteger el sistema cardiovascular, el movimiento favorece la salud cerebral, estimulando la liberación de sustancias que fortalecen las conexiones neuronales y contribuyen a mantener la memoria y otras funciones cognitivas.

El descanso ocupa un lugar central dentro de un estilo de vida saludable. Dormir entre siete y ocho horas por noche se asocia con un menor riesgo de hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares. A esto se suma el impacto del manejo del estrés. Técnicas como la meditación, la respiración consciente, el yoga o simplemente reservar momentos de relajación durante la jornada ayudan a disminuir la activación constante del organismo, un factor que, cuando se prolonga en el tiempo, favorece el desarrollo de enfermedad vascular.

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La salud bucal también importa

Una recomendación que suele pasar inadvertida es el cuidado de las encías. La evidencia científica muestra que la enfermedad periodontal mantiene un estado inflamatorio crónico que puede acelerar el deterioro de las arterias. Por este motivo, los especialistas aconsejan mantener una correcta higiene oral, utilizar hilo dental y realizar controles odontológicos periódicos como parte de la prevención cardiovascular.

¿Qué es la dieta mediterránea?

La dieta mediterránea es un patrón de alimentación inspirado en los hábitos tradicionales de países como Grecia, Italia y el sur de España. Se caracteriza por un alto consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva extra virgen como principal fuente de grasa. También incluye pescado y mariscos varias veces por semana, cantidades moderadas de lácteos, huevos y carnes blancas, mientras limita el consumo de carnes rojas, embutidos, bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados.

Más que una dieta estricta, se trata de un estilo de vida que promueve la comida casera, las porciones equilibradas y la actividad física, y que cuenta con una sólida evidencia científica por sus beneficios para la salud cardiovascular y la prevención de enfermedades crónicas.

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