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La Scaloneta arropa a Messi: de tenerlo en el póster a compartir el portarretratos

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Lionel Messi continúa elevando a la Selección Argentina, pero el fenómeno ya no es unidireccional. En un punto de armonía y entendimiento mutuo, el equipo no permite que su capitán baje, alimentando un nuevo sueño colectivo. Esta dinámica, impulsada por la brillantez individual y una fuerza grupal cohesionada, deja atrás la antigua dependencia y la posibilidad de un bajón, escenarios que hoy parecen lejanos.

El pasado, con sus comparaciones y momentos de incertidumbre, se diluye. Si en Qatar Messi encontró en Dibu Martínez a su “Burruchaga”, hoy es un grupo entero el que se sacrifica hasta que el genio entra en escena. Los compañeros parecen ser los primeros en comprender la fugacidad del tiempo y la necesidad de aprovechar cada partido, cada minuto, disfrutando el presente sin reservas.

La evolución de un ídolo: del póster al portarretratos

La trayectoria de Messi con la selección abarca más de dos décadas, un lapso en el que convivió con dos generaciones de futbolistas. La actual está conformada por jugadores que lo idolatraron desde niños. Aquellos que lo tenían en el póster, hoy han cambiado la foto y lo tienen en el portarretratos. La admiración persiste, pero ahora la viven a la par, en la cancha.

Incluso en momentos de adversidad, como el penal fallado contra Argelia, el apoyo del equipo es palpable. Superado el recuerdo del penal de Islandia en 2018, la actual «Scaloneta» brinda un escenario de títulos, presión eliminada y paz interna. Tras la pausa de hidratación, compañeros como Thiago Almada, Lautaro Martínez y Leandro Paredes lo arroparon, y el equipo empezó a imponer condiciones hasta que llegó el gol, inevitablemente de Messi.

Un equipo utilitario y la dosificación del genio

El primer gol ante Argelia fue una síntesis de la esencia del seleccionado: progresión con pelota al piso y una lectura grupal que culmina en la acción del capitán. Almada giró la cabeza antes de recibir para saber si Messi llegaba a su espalda, mientras Lautaro Martínez, goleador de la liga italiana, se destacó por su sacrificio y marcaje. Esta solidaridad general permite a Messi dosificar sus esfuerzos.

El capitán exhibe una lectura completa del juego, sabiendo siempre qué hacer, cuándo y dónde. Su desgaste físico también es gestionado; corrió más del 60% del partido contra Argelia en la velocidad más baja que contabiliza la FIFA. Si antes caminar la cancha le valía críticas, hoy se entiende unánimemente que está tomando carrera, administrando su energía para los momentos clave.

El equipo actual es más utilitario que en Qatar. Sale «arremangado», valora a los rivales y comprende que no siempre se puede jugar al ideal. El mensaje de Lionel Scaloni, quien ha enfatizado la necesidad de «atrincherarse» por momentos para ganar un Mundial, parece tatuado en los jugadores. Aunque el dominio y la circulación siguen siendo el punto fuerte, el equipo demuestra virtudes más allá del sacrificio y el orden, incluso en tramos donde pierde la pelota.

Jugadores como Lisandro Martínez, con su sangre fría para buscar el pase difícil desde el fondo, y Facundo Medina, la revelación de los últimos 180 minutos, que tampoco rifa la pelota, son ejemplos de esta solidez. Alexis Mac Allister asegura que el rival tardará en recuperarla, y Enzo Fernández maneja los tiempos del balón, la presión y hasta cuándo buscar una falta. No todo es correr y reducir espacios.

Messi, inagotable: nuevas marcas y la sonrisa que lo acompaña

Los festejos, por ahora, están reservados principalmente para Messi, aunque la selección espera que alguno de sus centrodelanteros inicie su racha goleadora. Mientras tanto, el capitán sigue superando todo tipo de marcas. Antes de Qatar, arrastraba la “cuenta pendiente” de no haber convertido en fases eliminatorias mundialistas; hoy es el primer jugador en hacerlo en octavos, cuartos, semifinales y la final.

A sus casi 39 años, Messi sigue desafiando las expectativas físicas. Completó su tarea en el debut y corrió 60 metros en el minuto 94 para definir el partido contra Austria. Comenzó el torneo a tres goles de Miroslav Klose en la tabla histórica y ya lo tiene dos por debajo, fuera del alcance del retrovisor.

Mientras él sigue haciendo ganadora a la selección, el equipo lo arropa. En cada partido queda demostrado, incluso en momentos emotivos como cuando pensó en su padre tras el partido con Argelia. La persona que lo activaba en las infantiles de Newell’s, que lo acompañó en Barcelona y que lo representó y formó, hoy lo sigue a la distancia. A pesar de la emoción, Leo enseguida siguió, con la sonrisa que lo acompaña mientras juega en la selección. Ante Austria, superó la molestia del penal fallado con un gol y un trabajo colectivo, más de cuidado que ofensivo, que lo ayudó a tomar esa última pelota y sellar la victoria. Todavía hay tiempo para mucho más.

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