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Emprendimiento único: una familia correntina apuesta al café de especialidad en Empedrado

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En las pintorescas barrancas del río Paraná, en Empedrado, Corrientes, donde históricamente predominan la ganadería, los cítricos y otras producciones tradicionales del nordeste argentino, emerge un cultivo que hasta hace poco parecía impensado para la región: el café. Detrás de esta audaz apuesta se encuentra la familia Muollo, propietaria del establecimiento La Nina, quienes decidieron desafiar los límites productivos de la provincia con un proyecto que aspira a alcanzar 100 hectáreas de café de especialidad.

La génesis de esta iniciativa es tan singular como inesperada. No surgió de estudios de mercado ni recomendaciones técnicas, sino de una inspiración familiar. Claudio Muollo, tercera generación de productores hortícolas, reveló a LA NACION que la idea fue impulsada por su esposa Nina y su hija Rocío, quienes se enamoraron de la telenovela colombiana “Café con aroma de mujer” y lo instaron a incursionar en el cultivo.

“Soy tercera generación de productores hortícolas, pero lo que me llevó a plantar café fue mi mujer Nina y mi hija Rocío, que se enamoraron de la novela colombiana ‘Café con aroma de mujer’ y me insistieron para que pusiera plantaciones de café”

A partir de esta idea, Muollo, nacido en Buenos Aires pero con un vínculo de décadas con Corrientes, inició una investigación que se transformó en un ambicioso emprendimiento. Su experiencia previa en fruticultura le permitió identificar el potencial de las lomas de Empedrado para desarrollar nuevas actividades productivas.

Diversificación y técnicas innovadoras

El proyecto productivo en el “Establecimiento La Nina” comenzó hace una década y hoy abarca unas 170 hectáreas con una estrategia de diversificación. Inicialmente, incorporaron limas Tahití, seguidas de paltas Hass, limones, papayas, maracuyá, pomelos y naranjas. La empresa se ha consolidado como líder nacional en la producción de papaya, con 25 hectáreas dedicadas a este cultivo.

La incursión en el café llegó hace tres años. La familia Muollo comenzó a producir sus propios plantines e incorporó material genético de Tucumán. Actualmente, cuentan con cinco hectáreas implantadas con siete variedades distintas de café arábica, con planes de plantar otras 25 hectáreas el próximo año. El establecimiento alberga alrededor de 5000 plantas de café, distribuidas bajo un sistema productivo innovador adaptado a las condiciones locales: las plantas no crecen a pleno sol.

Para proporcionar la sombra natural que el cultivo de café requiere, los Muollo optaron por utilizar papayas como cultivo acompañante. “Pusimos las plantas de café debajo de las de papaya para que les dé la sombra. Ese es el método que utilizamos. La planta de café necesita sombra para poder crecer”, explicó Claudio Muollo. Además, toda la superficie cuenta con riego por goteo y sistema de mulching, una combinación poco frecuente incluso en otras regiones cafeteras del mundo.

La inversión fue significativa, con un costo de US$3500 por hectárea de riego por goteo, sumado al sistema de mulching. La primera cosecha comercial se espera para 2027. Sin embargo, antes de definir la expansión definitiva, la empresa aguarda un dato crucial: la calidad de taza del café correntino. Este resultado determinará las variedades a expandir hacia las 100 hectáreas proyectadas, entre las que se considera la prestigiosa variedad Geisha, conocida por sus 98 puntos de calidad a nivel mundial y su alto valor en el mercado.

El objetivo final de la familia Muollo va más allá de la producción primaria: “Apuntamos a realizar todo el proceso; del tostado hasta la comercialización con la marca La Nina”. Además, buscan que Corrientes diversifique su matriz productiva, incorporando el café a una provincia tradicionalmente ligada a la yerba mate.

Apoyo y visión provincial

Desde el gobierno provincial, se sigue de cerca la experiencia. Sebastián Sáez, técnico del Ministerio de Producción de Corrientes y asesor particular, indicó que se encuentran evaluando el desempeño agronómico de las variedades arábicas implantadas, observando su comportamiento frente al clima, plagas y enfermedades para determinar su potencial productivo.

Sáez destacó que el comportamiento de las plantas en Corrientes es similar a lo observado en Tucumán, provincia con experiencia previa en este tipo de cultivos. También señaló que el proyecto correntino se alinea con las tendencias del sur de Brasil, donde el café avanza sobre nuevas zonas productivas, como el estado de Santa Catarina, en una latitud similar a Corrientes. En ambas regiones, se impulsan esquemas de producción bajo sombra y a baja altitud, desafiando la noción tradicional de que el café solo prospera en zonas montañosas.

Mientras las primeras plantas avanzan hacia su etapa productiva, la familia Muollo espera la cosecha que definirá el futuro de su emprendimiento. Si los resultados son positivos, las barrancas del Paraná podrían consolidarse como un nuevo polo para la producción de café de especialidad en Argentina.

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