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Mercedes Funes: el desafío de interpretar a una madre sin serlo y la intimidad de su relación con Cecilio Flematti

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La actriz Mercedes Funes transita un momento de profunda reflexión personal y profesional, marcado por su actual rol protagónico en la obra teatral Por el placer de volver a verla. En diálogo con LA NACION, Funes compartió detalles sobre la experiencia de trabajar con Miguel Ángel Solá, un sueño que, según sus palabras, se hizo realidad, y cómo su personaje la conectó con su propia historia familiar y el concepto de maternidad.

La obra, que actualmente se encuentra de gira por el Gran Buenos Aires y el interior del país, y que en agosto llega a la sala Picasso del Paseo La Plaza, pone a Funes en el desafío de interpretar a una madre. Este rol, sin haber experimentado la maternidad biológica, la llevó a explorar el vínculo materno-filial desde una perspectiva íntima y emotiva, recordando especialmente la relación con su propia madre.

El reencuentro onírico con la madre en el escenario

En Por el placer de volver a verla, Funes encarna a una madre que se reencuentra oníricamente con su hijo, interpretado por Miguel Ángel Solá, en diferentes etapas de su vida. La actriz destaca la universalidad del vínculo que se explora en la obra, que va más allá de la figura biológica para abarcar a quien haya representado ese “regazo” de contención y guía en la infancia. “Interpreto a una madre sin haber sido madre…”, señala Funes, explicando que el personaje de Solá comparte con el público recuerdos con su mamá, desde momentos graciosos hasta consejos profundos.

La construcción de su personaje, una ama de casa de los años 60, protectora y trabajadora del hogar, resonó fuertemente con la actriz. Funes subraya el poco reconocimiento que históricamente tuvieron estas mujeres, que se relegaban por completo al cuidado del hogar y la crianza. “Esta madre que me toca ser es un ejemplo de esa luminosidad que han dejado esas mujeres maravillosas que alentaban a sus hijos e hijas para que eligieran lo que querían hacer de sus vidas”, afirma.

La obra también la impulsó a revisar su propia historia. Funes relata que su madre y su abuela tenían una profunda conexión con el arte, siendo su abuela directora de teatro y su madre actriz en San Francisco, Córdoba. A pesar de esta herencia artística, su madre la alentó a seguir una carrera universitaria, por el temor a la inestabilidad de la profesión actoral. “Mi mamá nunca me dijo que fuera actriz, al contrario, quería que estudiara una carrera universitaria porque tenía miedo de que, sin un título, me muriera de hambre”, confiesa.

“Mi mamá nunca me dijo que fuera actriz, al contrario, quería que estudiara una carrera universitaria porque tenía miedo de que, sin un título, me muriera de hambre”.

A pesar de la reticencia inicial de sus padres, Funes comenzó a actuar a los 10 años, en el programa Superclan, después de insistir para hacer una prueba. Sus primeros trabajos fueron esporádicos, priorizando la escuela, una decisión que hoy valora.

El vínculo con Miguel Ángel Solá y la vida en gira

Trabajar con Miguel Ángel Solá era un anhelo de Funes, quien lo considera uno de los actores que más admira. La oportunidad surgió a través de Manuel González Gil, director de la obra y amigo entrañable de Solá. “Miguel no me conocía y confió en la palabra de Manuel, así que estoy muy agradecida”, expresa Funes, destacando la generosidad y el magnetismo de su compañero en el escenario. “Es hermoso tener a tu lado una persona que te demuestra con hechos que todo el tiempo elige estar con sus dos pies donde estás vos. Me hace sentir absolutamente amada y, además, es mi familia. Y eso tiene un valor inmenso”.

Las giras, aunque hermosas, implican un gran esfuerzo y una cuidadosa organización. La actriz confía en su pareja, el periodista y conductor Cecilio Flematti, y en las cuidadoras de sus mascotas. “Deposito todo en Cecilio y en las cuidadoras de mi perro, que lo mandamos a una guardería cuando me voy porque es intenso y es mucho trabajo para una sola persona”, detalla, refiriéndose a su gato enfermo y su perro con limitaciones neurológicas que requieren cuidados especiales.

La decisión de no ser madre y el amor con Cecilio Flematti

Funes aborda con franqueza su decisión de no ser madre biológica, un tema que, para ella, no representa una carencia. “No me falta nada. No me queda un espacio vacío”, asegura. Si bien reconoce que “hubiera sido hermoso ser madre, obvio, pero en otro momento”, hoy su energía y sus circunstancias personales la llevaron a tomar otro camino. La actriz se siente plena en su rol de tía, tía postiza y “tutora de sus infancias animales”, y valora la capacidad de maternar que, según Flematti, posee en exceso.

La actriz y el periodista conforman una familia ensamblada. Funes conoció al hijo de Flematti cuando él ya era un adolescente y acompañó su crecimiento. La pareja incluso realizó tratamientos de fertilidad antes de la pandemia, pero la pausa obligada la llevó a una profunda introspección. “Entendí que no era para mí. Fue una decisión que me llevó a mucha angustia, mucho miedo, y uno de los factores que me alivió fue que Cecilio me dijera: ‘Mirá que nosotros ya somos una familia’”, revela. Esa frase fue liberadora, permitiéndole comprender que ya tenía “todo lo que necesita”.

Funes describe su relación con Cecilio Flematti como un amor que la impulsó a “apostar con todo”. Destaca la nobleza y valentía de su pareja al mostrarse tal cual es desde el primer momento. “Es hermoso tener a tu lado una persona que te demuestra con hechos que todo el tiempo elige estar con sus dos pies donde estás vos. Me hace sentir absolutamente amada y, además, es mi familia. Y eso tiene un valor inmenso”, concluye, resaltando el respaldo, los consejos, el cuidado y la escucha que encuentra en él.

Nuevos proyectos y la esencialidad del arte

Además de la gira, Mercedes Funes está inmersa en el ensayo de un nuevo unipersonal, un proyecto que la entusiasma. Después de una experiencia previa con Te voy a matar mamá, una obra de tono muy diferente, Funes buscaba un nuevo desafío. La idea surgió en una charla con Franco Verdoia, quien materializó el texto y la dirigirá. La obra aborda el “edadismo” y la dificultad de muchas personas mayores de 40 años para encontrar espacio en el mundo laboral y social. “La obra habla de una mujer enviada al espacio para una misión que le hacen creer que es muy importante, pero no lo es en realidad para los demás. Un poco como sucedió con la perra Laika”, adelanta.

Funes también se dedica a la escritura, con varias ficciones presentadas en concursos. Esta faceta creativa la conecta con su convicción sobre la esencialidad del arte, especialmente después de la pandemia, cuando se dividió a la humanidad entre “esenciales y no esenciales”. Para la actriz, el arte “despierta al ser humano del desgarro de vivir sin vivir. Incluso te salva a veces de la depresión y de la locura”.

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