Política

Cristina Kirchner: un año de condena y prisión domiciliaria que «irradia un drama político al peronismo»

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Se cumple un año desde que la Corte Suprema confirmó la condena de Cristina Kirchner en la causa Vialidad, marcando el inicio de su prisión domiciliaria el 17 de junio de 2025. Desde entonces, la expresidenta, inhabilitada para ser candidata, ha visto mermar su terreno como líder del peronismo y su capacidad de representación individual. Sin embargo, su influencia en el principal partido de oposición persiste, y se mantiene en el top 5 de la dirigencia política argentina, según las últimas encuestas.

El departamento de San José 1111, en Constitución, se ha transformado en su búnker partidario y, a la vez, en su lugar de detención. Cristina Kirchner opone una férrea resistencia a su destierro político, negándose a replicar los destinos de figuras como Carlos Menem o Eduardo Duhalde. Esta situación encarna un drama político sin una resolución clara, donde cada aparición en su balcón es celebrada por sus seguidores y padecida por sus adversarios, tanto internos como externos. Su mensaje es claro: el reordenamiento del peronismo será con ella, o no será.

El principal desafío lo afronta Axel Kicillof, quien busca posicionarse como el «candidato natural» del PJ para las elecciones de 2027. No obstante, se encuentra con un escollo insalvable: su potencial electorado se superpone en más del 95% con el de la expresidenta. Una encuesta reservada revela que, si Cristina Kirchner amadrinara a otro postulante, Kicillof perdería al menos 17 puntos porcentuales de su caudal, evidenciando el poder de daño que conserva la presidenta del PJ, pese a su encierro y las restricciones judiciales.

En los últimos dos meses, la imagen negativa de Cristina Kirchner ha disminuido, un fenómeno que coincide con la caída en el apoyo al presidente Javier Milei. Sin embargo, dentro de su propio espacio, se le cuestiona la constante tensión con Kicillof y la distancia con intendentes que ya no comulgan con su liderazgo. En los focus group, la expresidenta ya no es descripta como una «estadista», lo que podría haber reactivado la campaña «Cristina libre», con actividades militantes bajo su departamento y una notable disminución de sus mensajes en redes sociales.

Las limitaciones de la prisión domiciliaria y su impacto político

Las restricciones impuestas por la Justicia desde noviembre pasado son claras: puede recibir visitas fuera de la lista autorizada –que incluye a sus hijos, un secretario, sus abogados y un médico– solo dos veces por semana, por un máximo de dos horas y con un tope de tres personas por encuentro. «La señora está presa y es perseguida», afirmaron desde su entorno. Esta situación ha desgastado su capacidad de conducción, ya que prefiere las charlas mano a mano a las telefónicas.

A pesar de las limitaciones, la expresidenta mantiene el control del PJ nacional y retiene estamentos de poder donde su influencia, aunque disminuida, se consolida en un tercio del peronismo. Esto se observa en el Congreso, donde reúne a una docena de legisladores en el Senado, en su mayoría de La Cámpora, y a 27 diputados sobre 93 en el bloque de Fuerza Patria. En las provincias, cuenta con el apoyo incondicional de gobernadores como Gildo Insfrán (Formosa) y Ricardo Quintela (La Rioja), aunque este último buscó disputarle la presidencia del PJ nacional.

En la CGT y los sindicatos, figuras como Sergio Palazzo (La Bancaria), Mario Manrique (SMATA) y Vanesa Siley (SITRAJU) se mantienen alineados con Cristina Kirchner. Pablo Moyano, desafiando a su padre Hugo Moyano y a la conducción de la CGT, también ha visitado a la expresidenta. La Provincia de Buenos Aires, principal bastión kirchnerista, muestra una compleja distribución de poder: unos 17 intendentes se alinean con Cristina y Máximo Kirchner, mientras que el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) de Kicillof reúne a 38 intendentes, y 18 reportan a Sergio Massa. En la Legislatura bonaerense, el peso del kirchnerismo sigue siendo evidente.

Visitas clave y el dilema de la sucesión

Durante 2025, Cristina Kirchner tuvo un semestre de intensa actividad en San José 1111, recibiendo a presidentes y expresidentes extranjeros como Lula Da Silva y Ernesto Samper, así como a figuras políticas nacionales como Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto, y gobernadores como Kicillof y Quintela. También la visitaron el cantante Silvio Rodríguez, Estela de Carlotto, Carlos Maslatón y Myriam Bregman. Sin embargo, en La Cámpora aún esperan una visita que consideran clave para el futuro del peronismo: la de Kicillof, a quien la expresidenta solía llamar «Axelito».

Entre los dirigentes fieles a Cristina, se destaca su presencia entre los políticos más valorados del país, junto a Milei, Patricia Bullrich, Kicillof y Bregman. Critican el trato judicial, afirmando que «la tobillera, a ella, como ser humano, la denigra». Un informe kirchnerista compara su situación con la de detenidos por delitos de lesa humanidad que, según el informe, no utilizan tobillera electrónica y reciben visitas sin restricciones. Por ello, se realizará un «abrazo simbólico» a San José 1111 y un acto el 20 de junio en Parque Lezama, con Máximo Kirchner como posible orador principal.

El hijo de la expresidenta y Axel Kicillof encarnan, a su pesar, el dilema de una sucesión política compleja. Máximo Kirchner, aunque podría ser el representante más nítido del espacio en caso de una ruptura con el axelismo, no se perfila como un postulante competitivo. Kicillof, por su parte, se enfrenta al «fantasma de Alberto Fernández» y a la posibilidad de una desautorización con consecuencias dañinas. El futuro del principal partido de oposición depende, paradójicamente, de una figura que no puede decidir su propio destino con libertad.

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