A diez años de los bolsos de José López: el vecino que llamó al 911 y destapó el escándalo
A diez años de una madrugada que conmocionó al país, Jesús Ojeda, el vecino que llamó al 911 al ver a José López arrojar bolsos con millones de dólares en el convento de General Rodríguez, rememora los detalles de aquella noche. Lo que comenzó como una preocupación por la seguridad de las religiosas, terminó exponiendo uno de los casos de corrupción más resonantes de la historia argentina.
El convento, identificado entonces como “Monasterio Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Monjas orantes y penitentes”, ya no tiene el timbre desesperado que López tocó ni el cartel que lo identificaba. Sin embargo, la casilla del medidor de gas que el exfuncionario usó para trepar el paredón sigue en pie, como un mudo testigo de los hechos.
La madrugada que cambió todo: ruidos, sospechas y el llamado al 911
Ojeda, que vive frente al exconvento, regresaba de su trabajo cargando pollos cuando escuchó ruidos extraños. «Yo me acuerdo todo, como pasó todo. Esa noche había venido de cargar pollos. Había llegado con la camioneta, me tomé dos mates y me acosté. Después escuché el ruido y pensé: ‘Uy, ¿me estarán sacando los pollos?’. Después escuché un portazo y enseguida me levanté. Estaba convencido de que me estaban robando», relata.
Al asomarse, Ojeda vio un auto frente al portón del monasterio y a un hombre que “iba y venía, tocaba el timbre… Tenía la puerta del auto abierta y sacaba cosas”. En un principio, pensó que se trataba de bolsas de basura. «Yo primero pensé: ‘¡Este sucio está tirando la mugre para el otro lado!’», recuerda. El hombre, que luego se supo era José López, lo vio. Se acercó al cordón y dijo: «¡Ahora sí!». Luego, se trepó a la casilla del medidor de gas y saltó el paredón, dejando el auto en marcha.
La tardanza del hombre en salir del convento alarmó a Ojeda. «Me quedé acá esperándolo. Dije: ‘Bueno, va a golpear en lo de las monjas, le van a abrir la puerta y va a entrar’. El auto estaba en marcha, con todas las luces prendidas. Pero no venía y pasaba el tiempo. Entonces entré a mi casa. Como tenía el termo con agua, me tomé dos o tres mates y seguí mirando para ver si aparecía», cuenta. Al no verlo salir, su preocupación creció: «Sigue adentro, le va a hacer algo a las monjas, les va a robar. Yo me imaginé cualquier cosa… porque si no, tendría que haber salido. Así que me metí adentro y llamé al 911».
La policía tardó entre 15 y 20 minutos en llegar. Ojeda insistió para que ingresaran al convento, temiendo por la integridad de las monjas. «Cuando vino la policía les expliqué que un muchacho se había metido adentro. Pero no querían entrar. Yo les decía: ‘Entren, si ustedes se quedan acá esperando, capaz mata a las monjas’. A esa altura, yo me imaginaba lo peor», afirma.
El hallazgo de los bolsos y la condena a López
Cuando los efectivos finalmente ingresaron, encontraron el auto de López encendido. Una de las monjas, Alba Martínez, respondió desde adentro. Tras la insistencia policial, abrió la puerta, revelando la presencia de López, quien se presentó como colaborador del convento y, según uno de los agentes, estaba tranquilo y comía scones. Al ser consultada sobre los bolsos, la hermana Alba confirmó que estaban en la cocina.
Dentro de los bolsos, la policía descubrió una impactante suma de dinero: 8.982.047 dólares, 153.610 euros, 59.114 pesos, además de relojes Rolex y Omega, y una carabina Sig Sauer 522LR semiautomática. En ese momento, López fue aprehendido y, según los agentes, dijo: «Tengo plata».
Por este caso, José López fue condenado por enriquecimiento ilícito y por la portación ilegal de arma. En 2023, la Corte Suprema de Justicia dejó firme la pena de siete años y seis meses de prisión. El dinero decomisado fue destinado a los hospitales Garrahan y Ricardo Gutiérrez.
Las secuelas del llamado: desconfianza y la vida de Jesús Ojeda
Para Jesús Ojeda, la madrugada tuvo consecuencias personales. A pesar de haber actuado por preocupación, las religiosas nunca le agradecieron. «No, nunca. Nunca me dijeron nada. Tampoco las volví a ver mucho. Después vendieron acá y se fueron. Pero al principio me miraban mal», asegura. Ojeda recuerda un episodio donde, ante la mirada de desconfianza de una hermana, le dijo: «¿Por qué me mira así? Yo lo hice sin querer. Si sabía que era una cosa de estas, no llamaba». La monja le respondió: «No, está bien. Mejor que tengamos vecinos así», pero su actitud no cambió.
Antes de aquella noche, Ojeda nunca había sospechado nada extraño en el convento, a pesar de ver movimiento y autos. «Yo me imaginaba eso: que era un convento donde iban chicas, que las metían ahí, qué sé yo. Después, al tiempo, cuando pasó todo esto, me enteré de que decían que hacían fiestas adentro. Pero yo nunca lo vi», explica.
Ojeda fue citado a declarar dos veces en la causa. A pesar de que la situación lo marcó, no se arrepiente de haber llamado al 911. «No, no me arrepentí. Miedo, tampoco. La única preocupación fue por mis hijos», afirma. Hoy, a los 58 años, sin trabajo estable, Ojeda se mantiene alerta y sigue observando los movimientos extraños frente a su casa. En 2025, las condenas de López fueron unificadas en una pena única de 13 años de prisión, incluyendo también el caso Vialidad.
«Más de uno acá decía: ‘Ya te van a llamar, te van a dar algo’. Pero nada. Uno encuentra una billetera y le dan propina. Yo encontré esta plata y no me dieron nada», comenta Ojeda, quien, si bien bromea con pedir un “bolso” si la situación se repitiera, asegura que volvería a llamar a la policía «por la gente de adentro».

