Conflicto identitario: la consulta para cambiar el nombre de Villa Riachuelo desata una grieta vecinal
Una pintada que reza “EL NOMBRE DEL BARRIO NO SE CAMBIA” sobre la avenida General Francisco Fernández de la Cruz, a pocos metros de los límites oficiales de Villa Riachuelo, resume la profunda discusión que atraviesa a este sector del sur porteño. Lo que comenzó con un correo electrónico del Gobierno de la Ciudad sobre la denominación del barrio, escaló a grupos de WhatsApp, redes sociales y, finalmente, a las calles y veredas, exponiendo una división latente entre sus vecinos.
La iniciativa, impulsada por el Gobierno porteño bajo el asunto “Opinión Ciudadana: nombre del barrio Villa Riachuelo”, invitó a los vecinos a participar de una consulta sobre la identidad y representación del nombre actual. La convocatoria, abierta entre el 26 de mayo y el 1 de junio, buscaba recolectar visiones sobre si el nombre refleja la historia y cultura de la comunidad, y la disposición a participar en futuras instancias de diálogo.
Entre la historia y el sentido de pertenencia
La consulta reactivó una discusión que parece acompañar a la zona desde hace años. Durante una recorrida de LA NACION por sus calles, quedó claro que no existe una mirada unificada. Mientras algunos vecinos aseguran sentirse parte de la vecina Villa Lugano, incluso desconociendo los límites oficiales de Villa Riachuelo, otros defienden el nombre actual como parte de la historia y el patrimonio del lugar, rechazando cualquier modificación.
En un kiosco sobre Coronel Martiniano Chilavert al 6600, una comerciante, al ser consultada sobre el posible cambio de nombre, responde sin dudar: “Esto es Lugano”. Niega la cartografía oficial y prioriza otros reclamos barriales, como la instalación de semáforos. La misma reacción se repite con una agente de la Policía de la Ciudad y otros transeúntes, quienes se sorprenden al enterarse de que la zona no es oficialmente Lugano. Claudio Freso, vecino de toda la vida, afirma que siempre se refirió al lugar como Villa Lugano, sin planteamientos políticos, simplemente por costumbre.
Verónica, dueña de la sandwichería Delicias Gourmet en Guaminí al 5007, recuerda cómo el debate se instaló rápidamente en su grupo de WhatsApp de comerciantes y se muestra a favor de la identificación con Villa Lugano, argumentando que así lo reconoce la mayoría. Francisco Aguirre, vecino de años, coincide en que en la práctica cotidiana “casi nadie utiliza el nombre Villa Riachuelo”, y ve en el debate la visibilización de una realidad preexistente.
Sin embargo, a pocas cuadras, las voces cambian. Gabriela Pires, vecina de Villa Riachuelo, contrapone que la costumbre no puede borrar más de un siglo de historia e identidad propia.
“Esto es Villa Riachuelo. Los límites están claros y cualquiera puede verlos en un mapa”, sostiene.
Patricia Graci comparte esta preocupación, viendo en la propuesta el riesgo de “perder una identidad” construida a lo largo de generaciones.
“Basta de quitarnos nuestra identidad”, resume.
Prioridades y prejuicios detrás del debate
Las críticas también se dirigen a la pertinencia del debate. Luca Morales, vecino de Villa Riachuelo, cuestiona que la discusión se centre en el nombre cuando el barrio carece de un centro de salud y acción comunitaria propio.
“Antes de cambiar el nombre, ¿por qué no ponen una salita de primeros auxilios?”, se pregunta.
Clara Ponce sugiere que detrás de algunos argumentos favorables al cambio hay una “cuestión de imagen”. Ella cree que se busca evitar que turistas, que supuestamente llegarán por el autódromo, asocien el nombre con una percepción negativa. Solange Ledesma profundiza esta idea, señalando que
“a algunos la palabra Riachuelo les debe generar una idea de marginalidad o de villa miseria, y nada que ver”.
Destaca que Villa Riachuelo es un barrio tranquilo, de casas bajas y familiar, sin asentamientos dentro de sus límites, y que muchos impulsan el cambio por prejuicios que no reflejan la realidad.
Danilo Cardozo, también vecino, considera que la discusión expone tensiones sociales preexistentes. Explica que Villa Riachuelo está lejos de la imagen que algunos asocian con la palabra “villa”, con sectores de clase media, media alta y más humildes conviviendo. Para él, una parte de quienes rechazan el nombre lo hace para evitar ser asociados a ciertas etiquetas.
“Hay vecinos que no quieren asumir que viven en Villa Riachuelo porque sienten que eso los perjudica o los hace quedar pegados a algo que no tiene nada que ver con el lugar donde viven. Pero esto no es Lugano, esto es Villa Riachuelo, les guste o no”, sentencia.
El propietario de la carnicería Milena en Guaminí al 4924, coincide en que la explicación es más simple: los que quieren cambiar el nombre lo hacen “solamente por estética”.
138 años de historia y el futuro de la consulta
Villa Riachuelo nació en 1888. Originalmente, la Sociedad de Tierras General Pobladora obtuvo autorización para obras de dragado sobre el Riachuelo, aunque nunca se concretaron. La empresa abrió calles y comercializó terrenos que dieron origen a la “villa del Riachuelo”. El crecimiento de la zona estuvo ligado al Puente de la Noria y, más tarde, al desarrollo de Villa Lugano, con la que creció prácticamente unida, generando la confusión identitaria que persiste hasta hoy.
Actualmente, Villa Riachuelo integra la Comuna 8 junto con Villa Lugano y Villa Soldati. Tiene una superficie de 4,1 kilómetros cuadrados y una población de 15.581 habitantes, según el Censo 2022. Gran parte de su territorio está ocupado por espacios de gran escala como el Autódromo Oscar y Juan Gálvez, el Parque Sur y la Reserva Ecológica Lago Lugano, lo que reduce la zona residencial y contribuye a la confusión identitaria.
La consulta cerró el 1 de junio y el Gobierno porteño no ha difundido los resultados ni informado sobre los próximos pasos. Si se decidiera avanzar con un cambio de nombre, la Ley N.º 83 de Nomenclatura Urbana establece que la facultad recae exclusivamente en la Legislatura porteña. Además, la Constitución de la Ciudad exige el mecanismo de doble lectura, que incluye una primera aprobación legislativa, una audiencia pública para la participación vecinal y una segunda votación antes de una decisión definitiva. Hasta el momento, ninguna de estas instancias fue anunciada y LA NACION no obtuvo respuestas del gobierno de la Ciudad sobre el destino de la iniciativa.

