Curas gauchos: la historia del «capellán militar» Tomás Canavery, el otro contemporáneo de Brochero
La figura del Papa Francisco y la canonización de San José Gabriel del Rosario Brochero, conocido popularmente como el “cura gaucho”, han puesto en valor la trascendencia de los clérigos en la historia argentina. Sin embargo, más allá de estas figuras reconocidas, la historia nacional guarda otros nombres de sacerdotes cuyas vidas se entrelazaron de manera particular con los avatares del país. Uno de ellos, quizás menos difundido pero no menos relevante, es el padre Tomás Onésimo Canavery, un contemporáneo de Brochero con una trayectoria marcada por el servicio militar y la vocación sacerdotal.
Mientras Brochero desplegaba su ministerio pastoral en el valle de Traslasierra, Córdoba, a lomo de mula y caballo, construyendo caminos, escuelas y capillas, Canavery forjaba un camino distinto, que lo llevaría a ser el primer capellán militar formal del Ejército Argentino moderno, participando activamente en algunos de los conflictos bélicos más importantes del siglo XIX.
Tomás Canavery: del campo de batalla al sacerdocio
Tomás Onésimo Canavery nació en Buenos Aires en 1839. Su juventud estuvo atravesada por la agitación política de la época. A los 13 años, en 1852, se alistó como alférez en el ejército rosista y combatió en la Batalla de Caseros, participando en la defensa del Palomar. Tras la caída de Juan Manuel de Rosas, retomó su vida civil y, siguiendo su vocación, ingresó al convento de San Francisco en 1857. Tras un período dedicado a su familia por el fallecimiento de su padre, continuó sus estudios eclesiásticos en el Seminario Conciliar, siendo ordenado sacerdote en 1864.
Ese mismo año, con solo 25 años y con el inicio de la Guerra del Paraguay, el joven cura Canavery se ofreció como voluntario en los ejércitos nacionales, marcando su segunda experiencia bélica. Fue el primer sacerdote en ofrecer sus servicios en este conflicto, siendo nombrado sargento mayor. Marchó a la campaña junto a otros curas, pero fue el único que la realizó de principio a fin, consolidándose como el primer capellán militar formal del Ejército Argentino moderno.
Héroe en la Guerra del Paraguay y la amistad con Mitre
Durante la Guerra del Paraguay, Canavery estuvo presente en los combates más encarnizados, como Estero Bellaco, Tuyutí, Curupaytí y Humaitá. Su labor consistía en dar consuelo a los heridos y bendición a los muertos, una tarea que lo unió en una gran amistad con Bartolomé Mitre, comandante supremo de las fuerzas argentinas. Su valentía se destacó particularmente en la cruenta batalla de “Lomas Valentinas”, el 27 de diciembre de 1868. Allí, asistió a soldados argentinos y paraguayos por igual, vestido con un poncho blanco chamuscado por el fuego, trabajando codo a codo con los médicos militares.
Sin inmutarse, confesó a moribundos bajo una lluvia de balas y metralla.
Al finalizar la batalla, que dejó 1.500 muertos y numerosos heridos paraguayos, el general Gelly y Obes, impresionado por su arrojo, ascendió al sargento mayor Canavery a Teniente Coronel y Vicario General del Ejército Argentino.
En 1870, al concluir la guerra, Canavery regresó a Buenos Aires y se desempeñó como Capellán de la penitenciaría nacional. Más tarde, fue vicario en la ciudad bonaerense de Ramallo, donde desarrolló una importante labor pastoral. En 1887, se reincorporó al ejército, pasando a retiro después de más de 40 años de servicio. En las celebraciones patrióticas, solía lucir sobre su sotana cinco medallas militares al mérito, los cordones de su grado y el escudo de Curupaytí, manteniendo siempre una personalidad modesta y gallarda.
Parte de la historia de Canavery se encuentra detallada en el libro Pioneros, soldados y poetas de la Argentina, de Miguel Ángel de Marco.
Un legado reconocido
Canavery falleció en 1913 y sus restos descansan en el Panteón de los Guerreros del Paraguay del Cementerio de la Recoleta. Su memoria es honrada en la ciudad de Ramallo, donde una escuela primaria lleva su nombre: “Capellán Coronel Tomas Onésimo Canavery”. En el barrio de Núñez, en la Ciudad de Buenos Aires, una calle también lo recuerda de forma más sencilla como “Padre Canavery”.
Es notable la coincidencia en las fechas de vida de Brochero (1839-1914) y Canavery (1840-1913), habiendo nacido y fallecido con apenas un año de diferencia. Ambos dedicaron sus vidas al servicio, aunque en ámbitos muy distintos, dejando un legado significativo en la historia y la fe de Argentina.

