Daniel Balmaceda indaga en «Los Años Locos»: de mujeres al volante y el furor por Firpo
Después del éxito de su obra sobre la Belle Époque, el historiador Daniel Balmaceda vuelve a sumergirse en un período fascinante de la historia argentina con su nuevo libro, Los Años Locos en la Argentina. En esta publicación, Balmaceda explora la etapa que siguió a la Primera Guerra Mundial y precedió a la Segunda, un lapso de tiempo que se extendió aproximadamente entre 1918 y 1939 y que, según el autor, fue un verdadero «recreo» de bienestar y disfrute antes de la siguiente gran contienda global.
El libro, que ya se perfila como un nuevo best-seller, desmenuza los sucesos y transformaciones que marcaron a la sociedad argentina, desde el empoderamiento femenino hasta la aparición de ídolos populares y visitas de figuras internacionales. Balmaceda, quien actualmente reside en Colonia, Uruguay, dedica su tiempo completo a la escritura y explica que su método de trabajo implica investigar para varios libros a la vez, optimizando así sus visitas a archivos, bibliotecas y hemerotecas.
Mujeres protagonistas y cambios culturales
Uno de los ejes centrales que Balmaceda destaca es el rol fundamental de las mujeres en la configuración de los Años Locos. Tras la Primera Guerra Mundial, donde debieron ocupar espacios de producción tradicionalmente masculinos, las mujeres no retrocedieron. Este impulso generó una identidad femenina más marcada, visible en cambios como el corte de pelo, la adopción de actitudes antes masculinas como fumar en público, y el auge de las mujeres al volante. «Comenzaron a manejar, se multiplicó la cantidad de mujeres al volante, aparecieron las academias de manejo y las salidas de chicas», explica el historiador.
Estos cambios generaron una brecha generacional notable. «Los padres veían con mucha preocupación el tema de cómo se cortaban las faldas, esto de los cortes de pelo, del uso de plumas, de fumar, de armar programas, inclusive a la noche», comenta Balmaceda. La juventud de los años 20 adquirió una entidad propia, impulsada por innovaciones como la música portátil (vitrola y radio), que les permitía organizar fiestas y bailes sin depender de espacios fijos.
Un ejemplo contundente de esta transformación y el impacto social que generaba fue el caso que Balmaceda relata: en 1928, en la noche previa a la elección de Hipólito Yrigoyen, una mujer vestida «de amazona» (con pantalones) fue abucheada en un bar de Avenida de Mayo y en la calle. «Una mujer con pantalones en 1928 era un escándalo que salió en los diarios», subraya el autor como uno de los hallazgos que más lo impactó.
Ídolos, visitas ilustres y el boom del consumo
La Argentina de los Años Locos también fue escenario de fenómenos de masas y visitas memorables. Luis Ángel Firpo se erigió como el primer gran ídolo deportivo del país, generando una devoción popular sin precedentes para un boxeador. En el ámbito cultural y político, figuras como Julieta Lanteri (quien fue candidata a diputado, aprovechando un vacío legal al no existir la palabra «diputada»), Victoria Ocampo, Alfonsina Storni, Benito Quinquela Martín y Marcelo T. de Alvear con su esposa Regina Pacini, fueron protagonistas clave.
El país también recibió a visitantes ilustres. El príncipe de Gales (futuro Eduardo VIII), cuya visita generó el alquiler de balcones para observarlo pasar, y Albert Einstein, quien no tuvo una experiencia tan grata. Balmaceda cuenta que a Einstein «no lo entendían» y estaban «más atentos a su aspecto, poco distinguido, con sandalias, con un traje claro y muy despeinado».
La época estuvo marcada por un fuerte crecimiento del consumo, impulsado por la aparición de la venta en cuotas. «Macoco Álzaga Unzué se podría comprar un auto, pero la mayoría no. Y lo que pasó fue que en ese momento, que vos podías pagar en dos años un auto, aumentó muchísimo el parque automotor», explica Balmaceda. Sin embargo, esta falta de «educación financiera» y el endeudamiento masivo, sumado a problemas de cobro de las empresas, terminaron derivando en el Crack del 29 a nivel mundial.
Anécdotas y lugares emblemáticos
El libro de Balmaceda se nutre de innumerables anécdotas que pintan un retrato vívido de la época. Desde Victoria Ocampo recordando al príncipe de Gales tocando el ukelele en su casa, hasta Einstein tirándose panes con estudiantes de ingeniería en un banquete. También explora la «neurastenia» como la enfermedad de moda que explicaba desórdenes mentales y la influencia de Hollywood en el consumo, como la popularización de las verduras frescas.
Entre los lugares emblemáticos de la época, el autor destaca el edificio Barolo, que se convirtió en un atractivo turístico, la cervecería Munich de la Costanera, un centro de actividad social y modernidad, y el Luna Park, que de exposición de radios se transformó en el templo del boxeo tras el éxito de una exhibición nocturna en 1923.
«Mis investigaciones no son en este momento para mi próximo libro, sino para mis próximos libros, en plural. Y eso optimiza mucho en el momento de ir a un archivo, a una biblioteca, a una hemeroteca, porque lo que hago es juntar. Veo una página sábana de un diario y en la columna 3 hay algo que interesa para otro libro, y voy guardando».
Balmaceda confiesa que, si pudiera elegir una época para vivir, serían los Años Locos. «Siento que con comodidad podría plantarme en los años veinte, lo más parecido a nosotros hoy. Además, es una época en que lo pasaban muy bien. Por eso el libro es una invitación a pasear por esos años», concluye, dejando entrever que su próximo proyecto podría ser una novela policial ambientada en 1900.

