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Dante Sica advierte sobre la «destrucción creativa» en Argentina: «Destruir es más rápido que reconstruir»

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Argentina transita uno de los procesos de transformación económica más significativos de las últimas décadas, un cambio cuya verdadera naturaleza aún no se comprende completamente. Así lo asegura Dante Sica, ex ministro de Producción y Trabajo y socio fundador de ABECEB, quien advierte que, más allá de los debates sobre inflación, déficit o tipo de cambio, el país ha ingresado en una fase de “destrucción creativa” schumpeteriana.

Sica explica que este concepto, acuñado por Joseph Schumpeter, describe el mecanismo mediante el cual el capitalismo reemplaza viejas estructuras productivas por nuevas. La innovación no solo genera empresas y tecnologías, sino que también vuelve obsoletos modelos económicos, capacidades organizacionales e instituciones enteras. Este fenómeno, según el economista, está ocurriendo hoy en Argentina, impulsado por la estabilización macroeconómica, la apertura gradual, la revolución tecnológica, la inteligencia artificial y la reorganización geopolítica.

Los desafíos de la transformación acelerada

El exfuncionario subraya que los procesos de destrucción creativa no son neutrales: si bien eliminan desequilibrios, también pueden destruir capacidades. Este es uno de los mayores desafíos estratégicos para el gobierno, ya que ordenar la macroeconomía es una condición necesaria pero no suficiente para construir una economía moderna, competitiva y sostenible. Toda transformación acelerada, advierte Sica, genera tensiones críticas en tres dimensiones: la capacidad institucional, la cohesión política y la infraestructura de capital humano, las cuales hoy muestran severas señales de fragilidad.

Argentina necesita corregir distorsiones acumuladas por años de exceso regulatorio, baja productividad, subsidios cruzados, desequilibrios fiscales y estructuras económicas cerradas. Sin embargo, al mismo tiempo, debe evitar que este proceso erosione capacidades estratégicas que luego resultan extremadamente difíciles de reconstruir. “Ese es el equilibrio más complejo de administrar porque destruir es más rápido que reconstruir”, enfatiza Sica.

Educación, Estado y cohesión social bajo tensión

Uno de los puntos críticos que destaca Sica es el desacople entre el sistema educativo y la nueva economía. Mientras el mundo demanda habilidades en inteligencia artificial, automatización, análisis de datos, ingeniería y programación, el deterioro educativo acumulado en Argentina limita la adaptación del capital humano. Si la destrucción creativa acelera la obsolescencia de habilidades laborales sin capacidad de reconversión, el resultado no es innovación, sino exclusión.

Algo similar ocurre con las capacidades estatales. El debate entre “más Estado” o “menos Estado” es, para Sica, una discusión equivocada. La verdadera pregunta es qué tipo de Estado necesita una economía atravesada por una transformación tecnológica y productiva de esta magnitud. Incluso las economías más orientadas al mercado requieren reguladores sofisticados, infraestructura institucional, coordinación público-privada, agencias técnicas, seguridad jurídica y capacidad de planificación estratégica. La destrucción indiscriminada de capacidades estatales puede generar alivio fiscal de corto plazo, pero debilitar herramientas esenciales para administrar transiciones complejas, especialmente cuando el país busca integrarse en nuevas cadenas globales de energía, minería, agroindustria avanzada y economía del conocimiento.

La dimensión política de la destrucción creativa también genera una tensión central. Los procesos de transformación acelerada suelen ampliar las brechas entre sectores dinámicos y rezagados, regiones y trabajadores. Esto aumenta la fragmentación social y tensiona la gobernabilidad. Si la estabilización económica no logra construir legitimidad social y capacidad institucional, la sustentabilidad política del proceso se vuelve frágil, un ciclo que Argentina, según Sica, conoce muy bien.

El verdadero desafío del gobierno, concluye Dante Sica, no es solo estabilizar la economía, sino administrar un proceso de destrucción creativa sin destruir las capacidades necesarias para sostener el desarrollo futuro. La nueva economía no solo premia el ajuste, sino también la productividad, la innovación, el conocimiento, la infraestructura, la institucionalidad y la capacidad de adaptación colectiva. “Toda modernización exitosa exige simultáneamente dos cosas: desarmar estructuras inviables y construir nuevas capacidades. Si solo ocurre lo primero, el riesgo es entrar en una dinámica de fragilidad permanente”, sentencia el economista. La destrucción creativa puede ser una oportunidad histórica, pero solo si se transforma en una plataforma de reconstrucción económica, institucional y educativa.

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