Política monetaria: el debate sobre si frena la actividad o combate la inflación
La economía argentina navega un complejo escenario donde la política monetaria del Banco Central (BCRA) se encuentra bajo la lupa. Tras conocerse el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE-Indec) de marzo, que mostró una expansión interanual del 5,5% y un 3,5% desestacionalizado respecto a febrero, el equipo económico del Gobierno destacó el dato como el «piso» desde el cual la actividad comenzará a recuperarse. Sin embargo, esta lectura contrasta con indicadores de consumo del mismo mes, que revelan caídas en productos masivos.
Según el Indec, las ventas en supermercados cayeron 5,1% interanual a precios constantes en marzo, mientras que en autoservicios mayoristas la baja fue del 7,2% real. Este escenario reaviva la pregunta central entre los analistas económicos: ¿hay suficientes pesos en la economía argentina para movilizar la demanda y dinamizar la actividad, ya sea en circulación o a través del crédito bancario?
¿Política restrictiva o de transición?
Diversos economistas se interrogan si la política monetaria implementada por el Banco Central no es excesivamente restrictiva. Si bien es una herramienta válida para combatir la inflación, al mismo tiempo podría estar limitando el crecimiento económico. El presidente Javier Milei ha sostenido que el orden macroeconómico es una condición indispensable, pero no suficiente, para generar crecimiento.
Una parte de los expertos ve la actual política monetaria como una fase de transición. El objetivo sería pasar del control de agregados monetarios (la cantidad de pesos en circulación) hacia un esquema de metas de inflación (inflation targeting), similar al de la mayoría de las economías estables que combaten el alza de precios con subas de tasas de interés. Es importante recordar que el crédito para empresas y particulares es escaso desde la suba de tasas de interés de mediados de 2025 –aunque cedió este año–, y la morosidad creció fuertemente en los últimos meses.
“Al día de hoy es unánime la opinión, no sólo de economistas locales sino también de bancos de inversión del exterior, que en materia monetaria el Gobierno ha ido a un proceso de prueba y error”, opina Carlos Melconian, expresidente del Banco Nación y socio fundador de Macroview. En su visión, desde el primer día el Gobierno “no ha tenido una política monetaria clara, prefijada y que haya cumplido”.
Melconian también criticó la salida del cepo a personas humanas en abril de 2025, calificándola de “error grave de política monetaria y cambiaria” que derivó en una “dolarización de portafolio y ‘puntacanización’”. Recordó la “montaña rusa de las tasas de interés” bajo la actual gestión, que llevó a un rápido descenso en el segundo semestre de 2024, endeudando a muchas familias, y luego a un alza en el segundo semestre de 2025, en medio de la volatilidad electoral, lo que disparó la mora.
Ricardo Delgado, titular de la consultora Analytica, sostiene que “el rol de la política monetaria es coordinar el mundo de los pesos y el de los dólares”. Si bien el Gobierno prioriza la baja de la inflación, Delgado advierte que “para mover la actividad económica tenés que mejorar la política cambiaria, que hoy parece no ser adecuada para que se recupere la actividad en la industria, la construcción y el comercio”.
Por su parte, Miguel Kiguel, director de Econviews y ex subsecretario de Finanzas, plantea que “hoy hay menos pesos que antes, pero tiene que ver con la demanda y no con la oferta”. Valora la baja de las tasas de interés en un contexto de dólar estable, pero advierte: “El Gobierno no puede tirar más pesos a la calle porque irían al dólar”.
Carlos Pérez, director de la Fundación Capital y exgerente general del Banco Central, celebra que “la política monetaria dejó de padecer dominancia fiscal con este gobierno y eso es muy bueno”. Sin embargo, señala como asignatura pendiente la movilización del financiamiento: “Hoy tenés el crédito privado en pesos en niveles muy bajos, realmente el crédito aún no empezó”.
La demanda de dinero y la falta de crédito
Pérez explica que la base monetaria no subía desde diciembre de 2025, pero a partir del segundo bimestre de este año el BCRA comenzó a comprar más dólares, esterilizando esos pesos con licitaciones de deuda. A su juicio, el BCRA “cuida la prudencia monetaria, por lo que aún se encuentra testeando la demanda de dinero”, buscando que ese dinero se absorba genuinamente, en línea con un proceso de desinflación.
Gonzalo Lacunza, economista de Empiria, considera que la “falta o no de pesos en la economía depende mucho de la demanda” y destaca que el Gobierno ha contraído la base monetaria en más de 2 billones de pesos en lo que va del año, sobre un total de 40 billones. La explicación es que el Gobierno no quiere que sobren pesos. “Si la demanda de dinero es genuina y no se traslada a precios, el valor del dinero crece”, lo que sería un círculo virtuoso. No obstante, en un contexto de bancos cautelosos por la morosidad, el Gobierno “no logra coordinar expectativas con la política monetaria”.
La falta de crédito emerge como uno de los principales obstáculos. Delgado afirma que “la holgura en pesos no se traduce en una expansión del crédito” necesaria para el crecimiento. Esto se debe, en gran medida, al aumento de la morosidad, especialmente en créditos personales, prendarios e hipotecarios de familias, y en menor medida de empresas.
Kiguel observa que “los bancos tienen mucha cautela. El crédito no se está expandiendo porque las empresas no venden, entonces no toman nuevos préstamos”. Sugiere apelar al Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSeS para financiar proyectos de infraestructura o privatizaciones que los bancos hoy no cubren, ante la falta de fondeo de largo plazo. “Tiene que haber un convencimiento al más alto nivel sobre las ventajas del crédito de largo plazo para una economía que está bastante parada”, advierte.
De cara a un año electoral como 2027, con la previsible tensión cambiaria por la dolarización de carteras, Pérez señala que “el Banco Central es consciente que tiene que ir a un esquema de inflation targeting, controlando las tasas de interés”. Para ello, se requieren condiciones como precios relativos acomodados y una inflación significativamente más baja. “El régimen monetario es todo, el monetario y el régimen cambiario”, enfatiza.

