La cachetada de Libertad Lamarque a Eva Perón: el mito, las versiones y un exilio que marcó una época
El cine argentino de 1945 fue testigo de un presunto enfrentamiento que, con el tiempo, se convirtió en una de las leyendas más arraigadas de la cultura nacional. La supuesta cachetada de Libertad Lamarque a Eva Duarte (luego de Perón) durante el rodaje de la película La cabalgata del circo, dirigida por Mario Soffici, es un episodio que aún hoy alimenta el imaginario colectivo. Este incidente, que se habría gestado entre una diva consolidada y una actriz en ascenso que comenzaba a forjar su vínculo con el poder, se asocia directamente con el posterior autoexilio de Lamarque en México.
La película, estrenada hace 81 años, retrata un tradicional circo criollo y tuvo como figuras principales a Hugo del Carril y Libertad Lamarque. Eva Duarte, por entonces de 26 años, interpretaba a Chila Ruca, parte de la troupe. Lamarque, de 36 y en la cima de su carrera, ya era conocida como la «Novia de América», mientras Duarte empezaba a cobrar relevancia no solo en el cine y la radio, sino también en la esfera política, al ser pareja del coronel Juan Domingo Perón, entonces secretario de Trabajo y Previsión.
El origen del conflicto: impuntualidad y poder
Según la versión más extendida, el detonante del altercado fue la impuntualidad de Eva Duarte en las filmaciones. Se dice que sus demoras se debían a su creciente rol social, atendiendo pedidos de gente humilde en la Casa Rosada. Este escenario generaba una tensión palpable en el set de los Estudios San Miguel, donde Lamarque, ya vestida y maquillada, aguardaba largas horas.
La historia cuenta que la paciencia de Lamarque llegó a su límite. Un día, tras una de las tantas esperas, se dirigió a las oficinas del productor Miguel Machinandearena para expresar su fastidio. Allí, se encontró con la sorpresa de ver a Eva Duarte almorzando con el productor y otros directivos. Machinandearena, fundador de los Estudios San Miguel, habría tenido un interés particular en mantener una buena relación con Duarte, dado su deseo de renovar la concesión del Casino de Mar del Plata, lo que ilustra cómo cine y política ya se entrelazaban.
Otro indicio de la creciente tensión fue un incidente previo al rodaje, cuando Lamarque, a pedido de Machinandearena, aceptó la inclusión de Duarte en el elenco. Más tarde, al ver los diseños de vestuario, Lamarque habría solicitado un cambio para el atuendo de Duarte, considerándolo inapropiado. Estos episodios fueron construyendo un ambiente de fricción entre las dos figuras.
¿Hubo cachetada? Las diferentes versiones
La propia Libertad Lamarque, en su autobiografía publicada en 1986, 40 años después del estreno de la película, negó rotundamente haber golpeado a Eva Duarte:
«No hubo tal cachetada»
Sin embargo, sí reconoció un «disgusto» evidente hacia la futura primera dama. La versión de Lamarque relata que, en una tarde de tardanza de Duarte, el director Mario Soffici le anunció su llegada. Al verla, Lamarque le hizo una reverencia irónica y pronunció un sonoro «buenas tarrrrrrrrrrrdes», remarcando la última sílaba, un gesto que habría sido el germen de la rivalidad.
Otras versiones populares sugieren que la disputa pudo haber sido por Eva Duarte sentándose en la silla de Lamarque en el set, o descolocando a la cantante de «Madreselva» de alguna otra forma. Más allá del golpe físico, el resentimiento de Duarte hacia Lamarque fue interpretado como una ofensa personal, con consecuencias significativas.
El autoexilio de Lamarque y la grieta
Poco a poco, las puertas laborales comenzaron a cerrarse para Libertad Lamarque en Argentina. La actriz y cantante afirmó haberse sentido censurada, con su nombre omitido y sin recibir llamados para trabajar. Esta situación la llevó a emprender una gira por Latinoamérica, comenzando por Cuba, que culminaría en su autoexilio en México. Lamarque siempre sostuvo que su partida fue una decisión propia, no una obligación.
El episodio, ya sea con o sin cachetada, es considerado por muchos como una de las primeras manifestaciones de la «grieta» en la Argentina, un enfrentamiento simbólico entre dos figuras poderosas que representaban mundos y visiones distintas, y cuyas consecuencias trascendieron el ámbito artístico para dejar una marca en la historia política y cultural del país.

