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Crisis en Boca: Radiografía de un fracaso internacional que sacude la gestión Riquelme

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La reciente eliminación de Boca Juniors en la fase de grupos de la Copa Libertadores no es un episodio aislado, sino la culminación de una serie de desaciertos que han erosionado el prestigio deportivo e institucional del club. Este nuevo fracaso internacional expone las falencias de una gestión que, bajo el liderazgo de Juan Román Riquelme, acumula cuestionamientos y un alto costo político.

El sueño de la séptima Libertadores, una vez más, se transformó en pesadilla, dejando al descubierto una cadena de errores que se gestaron mucho antes del desenlace en la cancha. Desde la dirección deportiva hasta el rendimiento del equipo, la debacle se explica a través de diez puntos clave que detallan las razones detrás de este nuevo traspié.

Un proyecto a la deriva y la concentración de poder

La gestión deportiva de Riquelme atraviesa un momento crítico, perdiendo respaldo ante la falta de resultados. La subestimación de la figura del entrenador y la conformación de un plantel desequilibrado, con carencias en puestos clave y una superpoblación de futbolistas relegados, son algunos de los puntos más señalados. En agosto de 2025, la disolución formal del Consejo de Fútbol, con la salida de Raúl Cascini y Mauricio Serna, no implicó un cambio en la toma de decisiones, ya que ambos continuaron influyendo en aspectos cruciales, como la posible contratación de Sebastián Villa.

Riquelme ha consolidado un modelo de gestión verticalista, donde las decisiones se concentran en su círculo íntimo y las reuniones de comisión directiva se limitan a la aprobación de resoluciones ya tomadas. Esta dinámica, sumada a las promesas incumplidas y la ausencia de títulos durante su mandato, ha comenzado a socavar la idolatría que lo rodeaba, posicionándolo como el principal responsable de la actual crisis.

Decisiones técnicas y la falta de una idea de juego

La ratificación de Claudio Ubeda como entrenador el 7 de diciembre de 2025, tras la eliminación ante Racing, fue una de las piedras fundacionales de este semestre sin alegrías. A pesar de los rumores sobre la llegada de técnicos de renombre, Riquelme optó por la continuidad de Ubeda, en línea con su filosofía de que el plantel, por su jerarquía, debe primar sobre el entrenador. Sin embargo, el equipo nunca logró consolidar una idea de juego clara.

El mercado de pases tardío y la imposibilidad de concretar refuerzos clave, como Martino Hinestroza, obligaron a Ubeda a modificar constantemente esquemas y nombres. Las circunstancias se impusieron sobre una planificación que nunca terminó de cuajar, dejando un equipo a mitad de camino entre la presión alta y la espera, sin un funcionamiento colectivo convincente.

Cambios fallidos y la gestión del éxito

Las intervenciones de Ubeda durante los partidos, especialmente en la Copa Libertadores, resultaron perjudiciales. Contra Católica, el equipo se desdibujó con una línea de tres improvisada y una sobrepoblación de delanteros. En Brasil, ante Cruzeiro, la decisión de armar una línea de cinco defensores tras la expulsión de Adam Bareiro invitó al rival a adelantarse, culminando en una derrota sobre el final. Similarmente, en Guayaquil, la búsqueda de la victoria con cambios ofensivos, cuando el empate no era un mal resultado, llevó a que Barcelona golpeara de contraataque, complicando aún más la clasificación.

Otro factor determinante fue la incapacidad de Boca para gestionar los momentos de éxito. Cuando los resultados acompañaban, el equipo perdió el foco, derivando en un exceso de ímpetu, discusiones y un juego al límite físico y emocional. Las expulsiones de Bareiro y Santiago Ascacibar, sumadas a la acumulación de amarillas de Ayrton Costa, fueron consecuencias directas de esta falta de control, condicionando la campaña y dejando al descubierto las limitaciones de los reemplazantes.

Lesiones, rendimiento individual y falta de eficacia

Las lesiones fueron un enemigo constante en 2026. Jugadores como Edinson Cavani y Carlos Palacios apenas sumaron minutos, mientras que figuras como Rodrigo Battaglia y Agustín Marchesín pasaron por el quirófano. La insistencia de la dirigencia por recuperar a un Cavani que ya no parece estar en su mejor forma también generó controversia.

El rendimiento de Leandro Paredes, si bien aportó liderazgo fuera de la cancha, estuvo lejos de ser sostenido en el campo de juego. Su comportamiento, más enfocado en el roce y las protestas que en el juego, afectó la dinámica del equipo. A esto se sumó una alarmante falta de eficacia: Boca convirtió apenas seis goles en la Copa, a pesar de generar numerosas situaciones. Ningún jugador logró marcar más de un gol en el certamen, evidenciando una carencia de jerarquía y contundencia.

La Bombonera sin aura

Finalmente, la Bombonera, históricamente un bastión inexpugnable, parece haber perdido parte de su mística. Las últimas eliminaciones en casa, la falta de sintonía entre el público y un equipo que transmitió más impotencia que rebeldía, y la ausencia de reclamos contundentes ante jugadas dudosas, demuestran un quiebre en la conexión. La quinta eliminación consecutiva como local es un golpe durísimo para un club que solía hacer de su estadio una fortaleza, y que hoy, como el equipo, se acostumbra a las decepciones.

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