Polémica en Chubut: siembra de pasto con drones en zonas incendiadas genera alarma ambiental
SAN CARLOS DE BARILOCHE.- La Municipalidad de El Hoyo, en Chubut, desató una fuerte controversia tras implementar una prueba piloto de siembra de pasturas con drones en Puerto Patriada, una zona severamente afectada por los incendios del último verano. La iniciativa, que busca supuestamente inhibir el crecimiento de pinos y evitar deslizamientos de suelo, es rechazada por vecinos y la comunidad científica, quienes alertan sobre posibles efectos ecológicos contraproducentes a corto y mediano plazo.
A fines de abril, el municipio informó sobre esta acción, detallando que se trabajó en 200 hectáreas de chacras cercanas a viviendas afectadas por el incendio del 5 de enero. Utilizaron un drone con capacidad para transportar 100 kilos de semillas de agropiro y festuca, con el objetivo de “fomentar la plantación de nativas, inhibir la germinación del pino, dar alimento a los animales de la zona y evitar deslizamientos de suelo por la época de lluvias”. Según las autoridades locales, la implementación de estas gramíneas exóticas permitiría “evitar la naciente y diseminación de nuevos ejemplares de pino”.
Alerta de científicos: riesgo de ciclo pasto-fuego y expansión ganadera
La medida municipal generó una inmediata reacción. Vecinos de El Bolsón, El Hoyo y Epuyén se movilizaron al Concejo Deliberante de El Hoyo para exigir la suspensión de la siembra de pasturas exóticas. “El gobernador Ignacio Torres y el intendente César Salamín, en contra de todo consejo científico y vulnerando la Reserva de Usos Múltiples del Lago Epuyén, contrataron drones para sembrar agropiro y festuca en lugar de apoyar las acciones comunitarias de regeneración pasiva y activa del bosque. No permitiremos este atentado ecológico”, expresaron los manifestantes.
La comunidad científica también elevó su voz de alarma. La ecóloga y doctora en Ciencias Naturales, Estela Raffaele, explicó a LA NACION que, aunque las gramíneas exóticas como el agropiro y la festuca pueden cubrir rápidamente las áreas quemadas, “también pueden aumentar la cantidad y continuidad del combustible fino, favoreciendo incendios más frecuentes y extensos”. Raffaele advirtió que la recurrencia del fuego beneficia a estas gramíneas introducidas, facilitando su expansión y dificultando la regeneración de la vegetación nativa. Este tipo de prácticas de restauración basadas en especies exóticas podría promover un “ciclo pasto-fuego” que altera la dinámica natural del ecosistema.
“Si a esto se suma que la siembra de agropiro y festuca tiene como objetivo favorecer la alimentación del ganado vacuno, el problema podría agravarse aún más. En los bosques andino-patagónicos existen numerosos estudios y experiencias post incendio que muestran que el pastoreo y el ramoneo del ganado limitan la regeneración del bosque nativo. El consumo de plántulas y rebrotes, junto con el pisoteo y la compactación del suelo, reduce las posibilidades de recuperación de la vegetación. En este contexto, la introducción de gramíneas exóticas para uso ganadero podría no solo favorecer un ciclo pasto-fuego, sino también consolidar escenarios donde la regeneración del bosque nativo quede fuertemente restringida”, aseguró Raffaele.
Impacto a largo plazo y antecedentes de la zona
Thomas Kitzberger, licenciado en Ciencias Biológicas y experto en ecología del fuego, también se sumó a las críticas, señalando tres aspectos preocupantes de la siembra de gramíneas en Puerto Patriada: “En primer lugar, son especies con potencial invasor. En segundo lugar, pueden retroalimentar un régimen de fuegos frecuentes. Finalmente, su siembra implica un cambio de uso del suelo, que pasa de forestal a pastura ganadera”.
Kitzberger enfatizó que, si bien la zona ya estaba impactada por la plantación de especies exóticas y la alteración del régimen de fuego, estas siembras “no contribuyen a recuperar su estructura y composición original. Más bien responden al interés de cambiar la actividad. Este antecedente es peligroso porque incentiva a otros a quemar para convertir a pastura”. El especialista y otros colegas advierten sobre “una especie de expansión de la frontera agropecuaria”. Aunque la cría extensiva de animales es habitual en la región, no se basa en pasturas implantadas, sino en la vegetación nativa.
La historia de Puerto Patriada, que fue sitio piloto del Observatorio Nacional de Degradación y Desertificación de Tierras del Conicet entre 2013 y 2021, muestra una recurrencia de incendios: sufrió siniestros en 1987, 2012 y 2015. En esta zona, la presencia de pinos exóticos —especialmente radiata y ponderosa, altamente inflamables— se incrementa drásticamente tras los incendios; se estima que en una hectárea donde había 1000 pinos plantados, pueden aparecer unos 450.000 después del fuego.
Raffaele concluyó que, si bien la invasión de pino radiata tras los incendios es un problema real que requiere medidas de control, “reemplazar ese problema por otro, mediante la siembra de pastos exóticos y la incorporación de ganado, probablemente sea un error con consecuencias ecológicas también muy graves”.

