Andrés Calamaro en Movistar Arena: una noche memorable con clásicos y homenajes
Andrés Calamaro volvió a brillar en el Movistar Arena con un concierto calificado de “excelente” y que consolidó su presencia anual en el microestadio de Villa Crespo. El músico, acompañado por una banda impecable, ofreció un repaso contundente de su repertorio, que incluyó no solo sus éxitos solistas sino también homenajes a sus etapas con Los Rodríguez y Los Abuelos de la Nada.
Sin lanzamientos de álbumes nuevos desde 2018, a excepción de Dios los cría (2021), un disco de colaboraciones, Calamaro se dedicó a celebrar su cancionero. En poco más de dos horas, el artista y su grupo desgranaron una selección que abarcó varias décadas de su prolífica carrera, demostrando la vigencia de su obra.
Un show «Como cantor» y lleno de guiños
De rigurosa vestimenta negra, al igual que sus músicos, Calamaro se apegó al concepto de su gira actual, titulada “Como cantor”. Ya sea empuñando su guitarra o sentado al teclado, el autor de “Cuando te conocí” minimizó sus intervenciones habladas para concentrarse exclusivamente en el canto. El show arrancó con fuerza con “Todavía una canción de amor” y “A los ojos” de Los Rodríguez, intercaladas con “Mi gin tonic”.
La banda, compuesta por Javier Kanevsky (guitarra), Mariano Domínguez (bajo), Andrés Litwin (batería), Germán Wiedemer (teclados), Brian Figueroa (guitarra), Pablo Fortuna (saxo tenor) y Andrés Ollari (trompeta), se mostró ajustada y versátil. Permitieron que Calamaro sumara un tinte soulero a “Carnaval de Brasil” gracias a la sección de vientos, antes de rescatar del olvido “Pasemos a otro tema” de su disco Nadie sale vivo de aquí (1989).
Momentos destacados de la noche incluyeron “Loco” y una particular interpretación de “Crímenes perfectos”, donde las conmovedoras baladas se mezclaron con imágenes de helicópteros de la famosa escena de Apocalypse Now proyectadas en la pantalla gigante. El único invitado de la velada fue Santiago Motorizado, quien compartió el escenario para entonar “Cuando no estás”, seguido de un medley que unió “Señal que te he perdido”, “Te quiero igual” y una viñeta de “No Woman, No Cry” de Bob Marley & the Wailers.
Antes de la primera hora, Calamaro se despachó con “Costumbres argentinas”, mientras imágenes de Diego Maradona en el Mundial de México 86 hacían vibrar al público. Más tarde, el artista dejó los instrumentos para interpretar “Bohemio” y una versión de “Garúa”, el tango de Troilo y Cadícamo, con un aire de latin jazz.
Regresos inesperados y un cierre apoteósico
El formato del concierto permitió el regreso de temas que llevaban una década o más fuera del repertorio en vivo. Tal fue el caso de “Tres Marías”, que no sonaba desde 2013, y la icónica “Mil horas”, que también volvió al escenario después de varias temporadas. Un deep cut de Los Rodríguez, “Una forma de vida”, puso a prueba el conocimiento de los fans, antes de que Calamaro y su banda desataran “Mi enfermedad”, acompañada de imágenes de tauromaquia, una de las debilidades del músico.
La recta final del show fue una verdadera estocada con guitarras al frente, incluyendo “El salmón”, el proto punk de “Palabras más, palabras menos” y una contundente “Alta suciedad”, acompañada por la imagen de un tiranosaurio rex en la pantalla trasera.
Lejos de bajar la intensidad, Calamaro duplicó la apuesta para el cierre. El público coreó masivamente “Sin documentos”, seguido de la emotiva “Paloma” y la despedida en clave de fogón de “Flaca”. Tras unos minutos, “Output-Input” mantuvo la energía gracias a las guitarras de Julián Kanevsky y Brian Figueroa, con citas a Deep Purple y Led Zeppelin.
En un giro inesperado, al final de “Estadio Azteca”, Calamaro optó por agradecer a Chiqui Tapia en lugar de la habitual cita del Martín Fierro que da nombre a su gira. Con guitarra eléctrica en mano, el cierre definitivo llegó con “Los chicos”, un himno dedicado a los amigos que partieron. El acompañamiento visual de este tema tuvo un cambio significativo: de retratos de colegas y acérrimos, pasó a imágenes recreadas con IA de los soldados de Malvinas y las Madres de Plaza de Mayo, culminando con un retrato sonriente de Hebe de Bonafini.
Andrés Calamaro se retiró con el mismo gesto silencioso con el que había entrado al tablado dos horas antes, con la certeza de no tiene sentido querer pelearle el protagonismo a un repertorio como el suyo.

