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Inteligencia Artificial: el reclamo de Ricardo Darín y la Asociación Argentina de Actores por la regulación de la IA

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El avance de la inteligencia artificial (IA) generó un nuevo frente de debate en Argentina, luego de que un video de la Asociación Argentina de Actores, con la participación de figuras como Ricardo Darín, Gustavo Garzón, Marina Belatti y Diego Gentile, pusiera en agenda la necesidad de regular esta tecnología. El reclamo, que busca proteger la imagen y la voz de los artistas, despertó reacciones diversas en el público, con una tendencia general a cuestionar la idea de una regulación estricta.

La discusión no es nueva y se enmarca en un contexto global donde sindicatos, asociaciones profesionales y gobiernos buscan establecer límites al uso de la IA. La historia de la sociedad moderna, de hecho, ha estado marcada por la adaptación a las innovaciones tecnológicas, y la inteligencia artificial representa uno de los desafíos más significativos de la actualidad.

El derecho a la imagen en la era digital

La capacidad de la IA para crear réplicas fidedignas de personas, sus gestos y sus voces, es una realidad innegable. Esta tecnología, que permite generar contenidos audiovisuales con una facilidad creciente, plantea interrogantes sobre la propiedad y el uso de la imagen y la voz, que son consideradas propiedad privada. Sin embargo, el derecho al uso de la imagen siempre estuvo regulado, incluso en tiempos analógicos. La legislación actual ya establece límites para la utilización de imágenes no autorizadas, especialmente en el caso de menores de edad.

La diferencia radica en que, antes de la IA, la aparición de una figura pública en un medio implicaba una participación voluntaria y, generalmente, una compensación pactada. Hoy, la IA puede crear videos con la voz y la imagen de cualquier persona, especialmente de famosos, debido a la vasta cantidad de material disponible online para el entrenamiento de los algoritmos. No obstante, en este sentido, ya existen herramientas legales para accionar contra el uso no autorizado de estas imágenes.

Un antecedente relevante es el uso de los “deep fakes” en la pornografía, que llevó a la creación de regulaciones de hecho. En Argentina, el fallo “W.N.C. C/Yahoo de Argentina S.R.L. y otros S/Daños y perjuicios” de abril de 2023, que obligó al buscador a pagar una compensación por la difusión de imágenes íntimas hackeadas, demuestra que la circulación de imágenes propias no autorizadas ya tiene vías de resolución legal.

La IA y la autoría en la industria del entretenimiento

El verdadero desafío que presenta la IA no es la simple reproducción de imágenes, sino la creación de contenidos donde los participantes no “hacen” lo que se ve. Esto pone en cuestión cuándo el grado de “creación” por parte de la IA vulnera los derechos de terceros. La industria del entretenimiento de Estados Unidos ya abordó este tema durante la doble huelga de actores y guionistas en 2023, donde el uso de la IA fue uno de los puntos centrales de disputa.

El debate se centró en cómo se paga por el uso de la imagen generada por IA, quién es el dueño de esa imagen (¿el estudio o el actor?) y cómo se establecen los límites de uso y compensación. Un ejemplo claro es la posibilidad de que un estudio reemplace a un actor fallecido con imágenes generadas por IA, como se planteó en la película El Congreso, donde Robin Wright “vende” su imagen para producciones futuras. Se llegó a un acuerdo que se revisa constantemente, y se estableció un límite para el reconocimiento de autoría en el caso de los guionistas que utilizan IA.

Un caso reciente es el de la película As deep as the Grave, donde Val Kilmer, con el acuerdo de sus familiares, fue reconstruido con IA para el film. Esto, si bien abre interrogantes sobre la categorización artística, ya tiene resuelta la cuestión económica a través de contratos claros. Otros actores, como Matthew McConaughey y la cantante Taylor Swift, han optado por registrar sus imágenes, diseños y modismos como marcas y propiedad intelectual, buscando asegurar una compensación en caso de que la IA imite su estilo.

¿Qué implica “regular la inteligencia artificial”?

La pregunta central es qué significa “regular la inteligencia artificial”, una tecnología que por su naturaleza es difícil de encorsetar. ¿Se trata de prohibir, establecer un impuesto, o algo más? El problema reside en el uso de la IA para generar contenido que no sea del agrado del dueño de la imagen, lo que podría coartar la creatividad y la libertad de expresión.

Si el uso de la IA se basa en un acuerdo lógico entre privados, no sería necesaria una regulación adicional. Las herramientas legales ya existentes permiten obtener compensación por el uso no autorizado. Una regulación previa, en este sentido, podría atentar contra la creatividad y la innovación, especialmente en un sector como el audiovisual, que ya enfrenta cambios sustanciales en su producción y financiación. El argumento de que el espectador “tiene derecho a saber” si un actor hizo lo que se ve, es cuestionado por el uso histórico de dobles de riesgo y por la capacidad del público actual de diferenciar entre realidad y creación digital.

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