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Juicio ARA San Juan: Balbi reconoció que la comunicación fue “confusa” y «escasa»

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EL CALAFATE.- El contraalmirante submarinista de la Armada Enrique Antonio Balbi (R), quien fue la cara visible de la fuerza durante la desaparición del ARA San Juan, reconoció que la comunicación en los primeros días fue “escasa, incierta, a último momento y encima confusa”. La declaración tuvo lugar en una nueva audiencia del juicio que busca determinar las responsabilidades penales por el hundimiento del submarino.

Balbi testificó durante tres horas ante el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz, con sede en Río Gallegos. Aseguró que nunca fue forzado por mandos superiores a alterar la información y compartió detalles sobre cómo recibía y procesaba los datos para los partes de prensa diarios. El exvocero, visiblemente afectado, hizo una autocrítica sobre la gestión comunicacional y relató el dolor que le produjo la situación, rindiendo homenaje a los 44 tripulantes fallecidos.

Demoras en la información clave y la «lección aprendida»

Ante las consultas de la defensa, Balbi relató que los días posteriores a la pérdida de contacto con el submarino se caracterizaron por una marcada falta de información clara. La reconstrucción de los hechos dependía, en gran medida, de llamados telefónicos y comunicaciones informales con las distintas bases navales.

El exvocero recordó haber ofrecido hasta cuatro conferencias de prensa diarias durante 26 días consecutivos, que se extendían con largos intercambios con los periodistas. Describió el funcionamiento de la mesa de comunicación institucional, un espacio donde se procesaban los datos disponibles. En este contexto, Balbi admitió que hubo significativas demoras en el acceso a información crucial, como el incidente de ingreso de agua por el sistema de ventilación, del que se enteró varios días después.

Con el diario del lunes, yo le estoy diciendo mi lección aprendida desde el punto de vista de comunicación institucional: yo tendría que haber viajado ese viernes, con el ministro y el almirante (Marcelo) Srur como jefe de la Armada, interiorizarme, entender el contexto, la situación, e ir armando eventualmente lo que después se requería, que eran los partes.

El contraalmirante planteó como una “lección aprendida” la necesidad de que el vocero acompañe desde el inicio a las máximas autoridades para contar con información de primera mano. Se refirió específicamente al último mensaje enviado desde el submarino la mañana del 15 de noviembre, horas antes de la implosión. Dicho mensaje reportaba: “Ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías número tres. Ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barras de baterías. Baterías de proa fuera de servicio. Al momento en inmersión propulsando con circuito dividido. Sin novedades de personal. Mantendré informado”.

Balbi expresó su sorpresa al tomar conocimiento tardío de este despacho, clasificado como secreto. “Me acuerdo que lo llamé al capitán (Claudio) Villamide. ¿Qué pasó? ¿Qué es esto? ¿Cómo no sabía de esto? Y bueno, no sabíamos, no teníamos esa información”, relató.

Hipótesis personal sobre el siniestro y homenaje a la tripulación

El exvocero expuso una reconstrucción técnica basada en su experiencia, planteando que el siniestro pudo haber sido consecuencia de un evento súbito que dejó a la tripulación sin capacidad de reacción. “Tiene que haber sido algo súbito, inmediato que los dejó sin reacción, porque si hubiese habido entrada de agua, no hubiese explotado”, explicó, aunque aclaró que se trata de una hipótesis personal ante la consulta del juez Mario Reynaldi, ya que no existen registros concluyentes sobre lo ocurrido.

Ante la consulta del abogado querellante Luis Tagliapietra, padre de uno de los 44 tripulantes, Balbi reiteró su homenaje a la tripulación. “Era mi rol, traté de sumar mi granito de arena con la comunicación institucional, traté de hacerlo lo más profesional, transparente”, dijo, y añadió que conocía a gran parte de la tripulación y sus familias, y que el ARA San Juan también fue su submarino durante cinco de los siete años que estuvo embarcado.

El contraalmirante compartió su profundo sufrimiento durante esos días. “Yo sufría todos los días cuando tenía que dar un parte. Ni hablar cuando hablé con el capitán de navío RE, Jorge Bergallo, yo lloraba”, afirmó, refiriéndose al padre del segundo comandante del ARA San Juan. “Con mis subordinados en la mesa de comunicación hemos llorado en cada uno de estos hitos de comunicación; los más importantes, cuando fue lo de la anomalía, cuando finalizó la búsqueda operativa con nula capacidad de conseguir rescate de los tripulantes, yo he llorado, solo con mi gente y con mis subordinados”.

Consultado sobre si los capitanes Jorge Ignacio Bergallo o Pedro Martín Fernández habrían tomado una decisión que pusiera en peligro a su tripulación, Balbi fue categórico: “A los submarinistas nos gusta navegar bajo el mar, pero no somos temerarios y menos suicidas. No hubiese podido ir a navegar a inmersión el capitán Fernández si no lo consideraba seguro; estoy segurísimo de eso, era muy profesional, meticuloso; ni hablar Jorge Bergallo, que fue mi jefe de operaciones. Habiendo visto toda la información que estuvo a mi alcance, yo hubiese hecho exactamente lo mismo que hizo el capitán Fernández”.

Las audiencias del juicio, en el que están imputados el contralmirante (RE) Luis Enrique López Mazzeo, el capitán de navío destituido Claudio Javier Villamide, el capitán de navío (RE) Héctor Aníbal Alonso y el capitán de fragata (RE) Hugo Miguel Correa, se extenderán con los alegatos hasta el 8 de julio.

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