PolíticaSociedad

Desigualdad educativa: solo 4 de cada 10 niños vulnerables de 3 años van al jardín

Compartir:

El acceso a la educación inicial en Argentina sigue fuertemente condicionado por los ingresos del hogar. Un reciente informe de Argentinos por la Educación, que compara la cobertura del nivel inicial en Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay, revela una cruda realidad: solo el 41% de los niños de 3 años en los sectores más vulnerables asiste al jardín.

Este porcentaje no solo es el más bajo entre los países analizados, sino que contrasta drásticamente con el 71% de asistencia en sectores medios y el 63% en los más ricos para la misma edad. La situación se agrava en la sala de 2 años, donde apenas el 10% de los niños del sector más pobre accede a espacios educativos, frente a un 44% en el sector más rico.

Avances con brechas persistentes

A pesar de haber mostrado avances significativos en la última década, Argentina aún se posiciona rezagada en la región. La sala de 3 años pasó de un 40% de asistencia en 2014 a un 55% en 2024. Sin embargo, este porcentaje se encuentra muy por debajo de Chile (82%) y Perú (83%), y a 10 puntos de Uruguay, que lidera con un 93% de cobertura.

El panorama mejora a medida que aumenta la edad. Para la sala de 4 años, el país registró el mayor avance regional, pasando del 75% al 91% de asistencia. No obstante, persiste una brecha de 14 puntos porcentuales entre el sector más pobre (83%) y el más rico (97%). En la sala de 5 años, la cobertura es prácticamente universal en todos los sectores sociales, con tasas que oscilan entre el 97% y el 100%.

La primera infancia como clave del desarrollo

Especialistas coinciden en la relevancia crítica de la primera infancia para el desarrollo. Florencia López Boo, profesora de la Universidad de Nueva York, subraya que la región no puede ignorar los desafíos en cobertura y calidad de la educación inicial, dado su impacto en la productividad, el crecimiento, el crimen y la pobreza. Además, destaca que la asistencia al jardín a los tres años es 10 puntos porcentuales superior en zonas urbanas que en rurales, señalando la necesidad de focalizar intervenciones en estas últimas.

“La primera infancia es un periodo clave para la formación de capital humano, y aún persisten graves desafíos en cobertura y calidad en América Latina y el Caribe que la región no puede darse el lujo de ignorar, dados sus preocupantes niveles de productividad, crecimiento, crimen y pobreza, todas variables altamente dependientes de intervenciones de calidad en los primeros años”, remarcó López Boo.

Carolina Semmoloni, investigadora del Centro de Investigación Aplicada en Educación (Ciaesa), vincula el acceso fragmentado a la educación inicial con la alta tasa de pobreza en familias con niños pequeños. Explica que la oferta estatal para el primer ciclo (de 45 días a 3 años) es escasa, lo que traslada la responsabilidad a las familias y al mercado, exacerbando las desigualdades socioeconómicas desde los primeros años de vida.

Oportunidad demográfica y políticas integrales

El descenso en la tasa de natalidad representa una “oportunidad histórica” para una revisión estratégica del sistema educativo inicial, según Gabriela Fairstein, profesora de la Universidad de Buenos Aires y Flacso. Esta revisión, insiste, debe ir acompañada de una fuerte decisión política de inversión y fortalecimiento institucional.

Semmoloni añade que la expansión debe planificarse estratégicamente, priorizando la equidad para asegurar el acceso de los niños más pequeños, de territorios alejados y de sectores de menores ingresos. Alejandra Perinetti, directora Nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina, enfatiza que ampliar la cobertura va más allá de la infraestructura; requiere políticas integrales que acompañen a los territorios con mayores desigualdades.

“Garantizar el acceso a espacios educativos y de cuidado de calidad desde edades tempranas no solo mejora las trayectorias educativas, sino que también es una herramienta central para interrumpir ciclos de exclusión”, agregó Perinetti.

Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina, coincide en que cerrar estas brechas no solo iguala oportunidades educativas, sino que también potencia el capital cultural y emocional en los hogares más vulnerables. Su evidencia empírica indica que la asistencia a la educación inicial en contextos de pobreza actúa como un catalizador, estimulando significativamente el entorno familiar con cuentos, canciones, juegos y rituales afectivos.

Compartir: