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De La Candela a la cancha de barrio: el otro Boca que juega «por el asado»

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Un grupo de exfutbolistas, que en su juventud forjaron sueños en las canchas de La Candela, la histórica casa de las divisiones inferiores de Boca Juniors, hoy recorre el país con un particular sistema de «revancha». Lejos de las luces de la Primera División, estos hombres, con edades que oscilan entre los 57 y los 63 años, encontraron una nueva forma de vivir el fútbol: partidos de exhibición donde la camaradería y la nostalgia son los principales motores.

Maestros, albañiles y contadores, entre otros oficios, son las profesiones que hoy ejercen estos exfutbolistas que, en su momento, compartieron entrenamientos a escasos metros de la leyenda Diego Maradona. Su historia es la de miles de jóvenes talentos que no lograron el salto al profesionalismo, pero que nunca abandonaron la pasión por el deporte.

La «revancha» de un sueño postergado

La iniciativa de estos exjugadores surge como una suerte de «revancha» ante el destino que no les permitió alcanzar la élite. No buscan la gloria ni los grandes contratos, sino la alegría de volver a pisar un campo de juego, compartir gambetas y goles con amigos, y revivir la adrenalina de la competencia. El objetivo es claro: jugar «por el asado», un símbolo de la amistad y el encuentro que trasciende el resultado deportivo.

Este «seleccionado de la nostalgia» se ha convertido en un fenómeno que atrae a públicos de distintas localidades del país. Cada partido es una oportunidad para recordar anécdotas, compartir vivencias y demostrar que el talento y la pasión no tienen fecha de vencimiento. La experiencia es, para ellos y para quienes los ven jugar, una crónica viva de lo que pudo ser y de lo que, a su manera, sigue siendo.

El legado de La Candela

Crónica de un seleccionado de la nostalgia que le saca la lengua al destino.

La Candela, el predio de Boca Juniors que durante décadas fue cuna de grandes futbolistas, dejó una huella imborrable en estos hombres. Aunque no llegaron a debutar en Primera, la formación recibida allí les inculcó valores como la disciplina, el compañerismo y el amor por la camiseta. Hoy, esos mismos valores se manifiestan en cada encuentro, en cada pase y en cada gol que celebran con la misma intensidad que en sus años de juveniles.

Su historia es un recordatorio de que el fútbol va más allá del profesionalismo y las grandes ligas. Es un deporte que une, que genera vínculos y que permite a sus protagonistas seguir disfrutando de la magia de la pelota, incluso cuando los sueños de juventud toman rumbos inesperados.

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