EconomíaSociedad

Cosecha de trigo 2024: ¿Se quedaron cortos con la estimación de 22 millones de toneladas?

Compartir:

La reciente edición de “A Todo Trigo”, celebrada en Mar del Plata, sirvió de escenario para la primera estimación oficial de la próxima cosecha de trigo en Argentina, que se ubicaría en torno a los 22 millones de toneladas. Sin embargo, esta cifra ha generado un fuerte debate entre los especialistas del sector, quienes consideran que la proyección podría ser «exageradamente corta» en comparación con el potencial productivo del país.

La campaña anterior, con un récord histórico de 28 millones de toneladas, estableció un nuevo estándar. Aquella marca, que superó por primera vez las 20 millones de toneladas de forma tan contundente, se logró gracias a una superficie sembrada de 7 millones de hectáreas y un rinde promedio excepcional de 40 quintales por hectárea. Este rendimiento, un 50% superior al promedio de los cinco años anteriores, marcó un hito y obliga a reevaluar las capacidades actuales de la producción triguera nacional.

El potencial genético y la «nueva normalidad» de los rindes

La irrupción de la genética francesa, con la generación Baguette a mediados de los 90, transformó radicalmente el potencial de rendimiento del trigo argentino. Lo que en los años 90 se consideraba un techo de 50 quintales, hoy es una cifra superada ampliamente por muchos productores. Se recuerdan iniciativas como la de Carlos Villar, del CREA Pringles, que buscaba replicar el «Club de los 100 quintales» francés, en un momento donde el rinde nacional apenas superaba los 20 quintales.

Actualmente, es común encontrar lotes con rendimientos superiores a los 80 quintales en todo el mapa triguero, desde la región centro hasta el sudeste. Estos datos, documentados por los mapas de rendimiento de las cosechadoras, sugieren que lo que antes era un techo, hoy podría ser un piso productivo. A pesar de los castigos climáticos en la campaña anterior, con falta de agua y heladas tardías que afectaron zonas clave como el sudeste, el país alcanzó las 28 millones de toneladas, lo que refuerza la idea de un nuevo potencial base.

Área sembrada, tecnología y el escenario económico global

Uno de los argumentos esgrimidos para justificar la proyección de 22 millones de toneladas es la reducción del área sembrada en unas 200.000 hectáreas. Sin embargo, esta caída representa apenas un 3% de la superficie total, lo que hace difícil que por sí sola explique una reducción de seis millones de toneladas (un 20%) en la producción. Los pronosticadores podrían estar basándose en «rindes de tendencia» que no reflejan la rápida evolución de la agronomía y la tecnología.

Otro factor considerado es la menor aplicación de tecnología, específicamente la fertilización nitrogenada, debido al aumento del precio de la urea. Si bien la urea duplicó su valor en un año, el escenario económico del trigo también cambió drásticamente. La cotización internacional del cereal aumentó alrededor de un 35% y se mantiene firme, impulsada por la incertidumbre climática global, tensiones geopolíticas y una menor oferta exportable de países competidores. La posición diciembre en Chicago cotiza a 260 dólares por tonelada, con el hemisferio norte enfrentando desafíos climáticos severos, como la peor sequía en 50 años en Estados Unidos y pérdidas significativas en Rusia.

Además, el precio de la urea muestra una tendencia a la baja, lo que, sumado al buen precio del trigo, hace que la fertilización vuelva a ser rentable y se optimice en lugar de abandonarse. El debate actual se centra en cómo aprovechar mejor cada kilo de urea, reduciendo pérdidas por lixiviación o volatilización, que hoy se estiman en un 40% del nitrógeno aplicado.

Innovación y eficiencia: la nueva frontera del trigo

La agricultura moderna experimenta un cambio profundo en la nutrición de los cultivos. Más allá del nitrógeno, fósforo y azufre, gana terreno la estrategia de nutrición balanceada, incorporando micronutrientes como zinc y boro, que mejoran el metabolismo vegetal y la eficiencia del nitrógeno. Estos elementos son cruciales en la producción de fitohormonas y el desarrollo de la planta.

La forma de aplicación también evolucionó: los nuevos equipos permiten fraccionar las dosis de nitrógeno en varias etapas, ajustándose a la evolución climática y el estado real del cultivo. Los drones, cada vez más accesibles, facilitan aplicaciones precisas en momentos críticos y reducen costos operativos. A esto se suman los fertilizantes biológicos, productos de aplicación foliar basados en microorganismos que establecen «mutualismo» con la planta, generando compuestos nitrogenados aprovechables directamente sobre el cultivo. Este conjunto de innovaciones sugiere que un análisis lineal entre «urea cara» y «menor producción» subestima la capacidad de adaptación y mejora del sector.

Si bien nadie puede garantizar una nueva cosecha récord, el punto de partida es optimista. Los perfiles de suelo arrancan con buena carga de humedad y se proyecta un año «Niño» bien regado. La distancia entre una campaña «normal» y un «derrumbe» de seis millones de toneladas parece considerable, máxime cuando en la campaña anterior, las estimaciones iniciales de 21 millones de toneladas terminaron siendo 28 millones. Este precedente sugiere que los 28 millones de toneladas podrían ser el nuevo piso para el potencial triguero argentino.

Compartir: