EconomíaPolíticaSociedad

Tierra del Fuego: de dependencia a polo productivo en el Atlántico Sur

Compartir:

Tierra del Fuego se encuentra en una encrucijada crucial, según Ramiro Caballero, director ejecutivo de la Unión Industrial Fueguina y exministro de Industria provincial. Lejos de ser un problema para el país, la provincia austral representa una oportunidad estratégica «mal aprovechada», un concepto que, según el especialista, debe cambiar de raíz ante la reconfiguración de las políticas nacionales.

Caballero, quien cuenta con más de tres décadas de residencia y experiencia en la gestión pública y empresarial fueguina, sostiene que la provincia fue concebida inicialmente como un territorio a desarrollar, y ese objetivo se cumplió. Sin embargo, la percepción actual, incluso a nivel local, la ha relegado a un «territorio de subsidios y beneficios» que la Nación debe sostener. Este modelo, basado en la sustitución de importaciones durante medio siglo, ha llegado a su fin con el actual gobierno nacional, lo que obliga a Tierra del Fuego a «liderar la construcción del modelo que viene» en lugar de resistirlo desde la queja.

El diagnóstico: dependencia y potencial desaprovechado

El análisis de Caballero es contundente: la provincia exhibe una dependencia estructural de la coparticipación federal y del régimen industrial, que considera «insostenible como modelo ÚNICO». Entre las debilidades, enumera la baja diversificación económica, la escasa integración con mercados internacionales, una infraestructura muy limitada, altos costos logísticos y un Estado provincial «políticamente sobredimensionado» que consume recursos destinados a la inversión productiva.

No obstante, este diagnóstico «duro» convive con una «oportunidad extraordinaria». Tierra del Fuego posee activos que el mundo comienza a valorar de manera creciente, y que la provincia aún no termina de comprender en su totalidad.

Pilares para un nuevo modelo: de la Antártida al hidrógeno verde

El director ejecutivo de la Unión Industrial Fueguina detalla los pilares sobre los que la provincia puede construir un futuro diversificado y exportador:

«Tenemos aguas frías y limpias en el Atlántico Sur, condiciones ideales para el cultivo de salmónidos y especies nativas que otros países convirtieron en una industria de exportación en dólares de escala global. Tenemos vientos entre los más potentes del planeta para energía eólica, gas offshore en explotación y las condiciones naturales para producir hidrógeno verde en el mediano plazo.»

A esto se suma una posición geopolítica «única» como puerta de entrada a la Antártida, un continente cuyo peso estratégico «crecerá de manera exponencial» en las próximas décadas. La provincia también cuenta con una «enorme capacidad tecnológica instalada» en sus plantas industriales, susceptible de reconversión hacia producciones complementarias y exportadoras. Las condiciones climáticas y energéticas son, además, ideales para la instalación de data centers y el desarrollo de biotecnología, sectores competitivos a escala internacional que hoy son prácticamente nulos.

La marca «Fin del Mundo» y la necesidad de decisión política

La «marca» Fin del Mundo es otro activo invaluable, mucho más que un atractivo turístico. Esta identidad, reconocida globalmente, puede generar valor en todos los productos y servicios de la provincia: desde un salmón criado en sus aguas hasta un software desarrollado allí, pasando por la experiencia antártica que parte desde Ushuaia. Caballero enfatiza que esta marca debe abarcar a toda la provincia, incluyendo Río Grande, Tolhuin, la estepa, el bosque y la producción de petróleo, lana, carne ovina y madera fueguina. La clave es utilizar esta identidad para diferenciar productos en mercados globales bajo un paraguas de origen, autenticidad y posición geográfica única.

La transformación hacia un polo productivo, turístico y logístico en el Atlántico Sur, que no dependa de regímenes de promoción, requiere de una condición fundamental: la decisión. «Decisión política de definir hacia dónde va la provincia», subraya Caballero. Esto implica mejorar la infraestructura portuaria y de transporte, modernizar la conectividad digital, eliminar normativas restrictivas para la inversión y transformar el Estado provincial en un aparato profesional y eficiente, libre de clientelismo.

Aunque existe el Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva Fueguina (FAMP) con proyectos en marcha, su eficacia depende de un rumbo estratégico claro. Sin esa visión, el fondo es «solo financiamiento» y no una herramienta de transformación.

Para Caballero, la geografía que durante décadas fue vista como un obstáculo —la distancia, el frío, el aislamiento— es precisamente lo que hace a Tierra del Fuego única. La provincia debe dejar de percibirse como «hijos a los que hay que mantener» y comenzar a actuar como lo que es: un territorio con recursos, conocimiento y una posición estratégica global. El llamado es a los gobernantes a ver Tierra del Fuego no como un problema presupuestario, sino como la oportunidad estratégica que es, para convertirla en la provincia próspera y con futuro que todos desean.

Compartir: