Egipto, la «trampa» para la Selección: Cuti Romero y Lisandro Martínez, a prueba ante Mohamed Salah
La Selección Argentina se prepara para enfrentar a Egipto en el Mundial, un rival que, a pesar de sus virtudes, podría ofrecerle al equipo de Lionel Scaloni mayores posibilidades en ataque en comparación con el ajustado partido ante Cabo Verde. Sin embargo, la clave estará en que el conjunto albiceleste mejore sus circuitos creativos y combinaciones colectivas, más allá de la genialidad de Lionel Messi, para capitalizar las falencias del adversario.
Egipto, dirigido por Houssam Hassam, juega con un esquema táctico 4-2-3-1 y muestra una clara vocación ofensiva, como lo demostró ante Bélgica, Nueva Zelanda, Irán y Australia. El equipo no vino “a ver el Mundial, sino a jugarlo”, y no duda en arriesgar. Incluso, sobre el final de algunos encuentros, modifica a un 3-4-3 para soltar a sus carrileros en búsqueda de la victoria, evitando el alargue y los penales.
La «trampa» ofensiva y los desafíos para los centrales argentinos
Aunque su posesión de balón es lenta y sus movimientos pausados, Egipto esconde una «trampa»: cuando el rival se distrae, lanza pelotas largas que pueden dejar mano a mano a su bloque ofensivo compuesto por Mohamed Salah, Emam Ashour, Mostafá Zico y Omar Marmoush. Este cuarteto intercambia roles constantemente para desorientar a las defensas rivales. Salah, de 34 años, compensa su edad con velocidad mental y técnica, siendo capaz de generar goles con apenas dos o tres toques y sin necesidad de una tenencia prolongada.
Esta dinámica de juego obligará a los centrales argentinos, Cristian “Cuti” Romero y Lisandro Martínez, a un desempeño similar al que tienen en la Premier League: marcando mano a mano y apostando a sus anticipos ofensivos. Están acostumbrados a mantenerse atentos en defensa incluso cuando el ataque argentino presiona en campo rival. Sin embargo, una desatención o un error de cálculo podría ser costoso, ya que Egipto ha generado numerosos avances de 3 vs. 3 o 2 vs. 2 en este Mundial, situación que Bélgica sufrió particularmente.
La responsabilidad no recae solo en la dupla central. La presión de los volantes para bloquear los lanzamientos desde el círculo central será fundamental para no dejar expuestos a Romero y Martínez. El mediocampista que actúe como «5» deberá exhibir una atención máxima, ya que un pase filtrado, como el de Fathy para la corrida de Zico ante Australia (aunque en offside), demuestra cómo un equipo que parece lento puede volverse rápido de repente.
Defensas vulnerables y la «zona Messi»
En el aspecto defensivo, Egipto presenta más debilidades que Cabo Verde. Carece del orden simétrico, la fortaleza física y el roce de su predecesor, cometiendo errores ante la presión alta e incluso con complicaciones del arquero Mostafa Shoubir en los controles y pases. Su principal falencia radica en cómo defienden la «zona Messi»: el espacio que va desde la medialuna del área grande hasta unos 20 metros por delante.
A pesar de retroceder con varios jugadores, a menudo se encuentran demasiado metidos en su área, dejando libre o con poca oposición la zona entre el punto penal y el exterior del área. Este espacio es ideal para remates de media distancia y para que un futbolista como Messi, que puede recibir como centrodelantero o enganche, encuentre la posición justa para recibir y darle continuidad al ataque. Un ejemplo fue el gol de Irán, donde, a pesar de tener seis jugadores egipcios en el área, el poseedor del balón y quienes se sumaban desde la línea de volantes tuvieron libertad para definir.
Argentina tendrá más espacios para jugar en ataque de los que dispuso ante Cabo Verde. No obstante, el éxito dependerá de afinar la lucidez colectiva, potenciar las sociedades ofensivas y que todos los jugadores se pongan al servicio del equipo, una característica fundamental del ciclo de Scaloni que ha permitido a la Selección no depender exclusivamente de Messi para jugar bien y hacer goles.

