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Nati Pastorutti: la voz propia que mantiene viva la esencia del folclore

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Nati Pastorutti, la artista nacida en Arequito, Santa Fe, presenta Que siga latiendo, su flamante álbum. Este título no solo da nombre a su primer corte de difusión, una colaboración con Los Nocheros, sino que también encapsula una declaración de principios sobre su maduro presente artístico. A sus 43 años, Nati se afianza como una figura con identidad propia en el folclore nacional, trascendiendo la etiqueta de “la hermana de” que la acompañó durante más de dos décadas.

La cantante, siempre atenta a cultivar un estricto bajo perfil, agradece haber sido parte fundamental del recorrido de su hermana Soledad Pastorutti, quien en los años noventa revitalizó el folclore y abrió puertas a una nueva generación de artistas. Sin embargo, Nati remarca que sus agitaciones y pasiones se reservan para el escenario, un espacio donde su propuesta musical, fiel a las raíces folclóricas, se permite bucear entre el clasicismo y las sonoridades contemporáneas.

Un nuevo disco y la dicotomía digital

El EP Que siga latiendo está compuesto por seis temas, una selección que la artista describe como “muy compleja” pero representativa. “Todas las canciones tienen su por qué, no me interesa incluir títulos porque sí”, afirma. Además del tema homónimo, Nati ya había adelantado “Puerto de Santa Cruz”, una canción de Horacio Guarany. El repertorio se completa con clásicos como “Chacarera de un triste”, “Me muero lejos de tí”, “Puerto libre” y “Bombisto del pueblo mío”.

A pesar de su juventud y familiaridad con el entorno digital, Pastorutti confiesa que aún añora los tiempos de los lanzamientos con formatos tangibles y arte de tapa. “Uno no se acostumbra a los lanzamientos desde las plataformas digitales, pero, ahora, es así”, señala. Su enfoque en la elección de temas tradicionales no busca modernizarlos, sino “continuar con el estilo que tienen, porque hay mucha gente que los sigue disfrutando y mucho”.

Nati también reflexiona sobre las diferencias en la difusión del folclore entre las grandes urbes y el interior del país. “Hay muchísima diferencia entre Buenos Aires y el interior, son mundos diferentes”, explica. Mientras que en el interior el folclore es una costumbre arraigada en la infancia y la vida familiar, en Buenos Aires es más difícil encontrar espacios de difusión en medios masivos. Sin embargo, valora la experiencia de presentarse en la capital, a pesar de sus particularidades.

Arequito: el cable a tierra y la familia

Lejos de las luces de la ciudad, Nati Pastorutti elige la vida en Arequito, su pueblo natal en el sur de Santa Fe, a casi 400 kilómetros de Buenos Aires. Allí, junto a su marido, cría a sus hijos Pascual (9) y Salvador (5). Este terruño, dividido por la ruta provincial 92 y con la estación del Ferrocarril Bartolomé Mitre como eje, es el epicentro de la vida de las hermanas Pastorutti y un refugio de naturalidad para la familia.

“Volver a Arequito era nuestro cable a tierra. Nuestros padres nos acompañaron desde el principio, pero, en el pueblo, estaba el resto de la familia, los amigos de siempre. No podíamos dejar de mantener las costumbres, reunirnos en las casas, las largas charlas. Nos hacía bien sostener esa vida.”

La familia Pastorutti vive en un predio compartido en el campo, a pocos minutos del centro. Tres casas independientes para padres y hermanas, pero un espacio común donde se reúnen cada mediodía para almorzar y compartir sus vidas. Incluso cuentan con un estudio de grabación propio, lo que les permite trabajar sin necesidad de viajar constantemente a Buenos Aires.

En su diálogo, Nati fusiona la primera persona singular con el “nosotras”, evidenciando el vínculo inquebrantable con su hermana Soledad. Comparten no solo un impactante parecido físico y la cadencia del hablar santafesino, sino también una profunda conexión personal y profesional. En Arequito, la gente las percibe con naturalidad, como vecinos más, un reflejo de su arraigo y la humildad que las caracteriza.

Constancia, no inteligencia: la filosofía de Nati

A pesar de haber estudiado abogacía y escribanía, profesiones que nunca ejerció, Nati Pastorutti se define como “muy estructurada” y “constante”. Este rigor la llevó a cumplir sus metas académicas mientras su carrera artística despegaba. “En las giras, estudiaba en los micros y hasta detrás de los escenarios antes de salir a cantar, me encantaba”, recuerda. Se recibió de abogada en 2007, ya instalada en el cancionero popular.

“No soy inteligente, soy constante.”

Esta misma perseverancia la aplicó a su carrera musical, que inició como solista ya siendo madre. “Me tomé todo con mucha tranquilidad, jamás dejé de estar con mis hijos”, asegura. Su madurez le permitió disfrutar del proceso, lejos de las presiones. Sobre el futuro, tiene una postura clara: “El día que suba a un escenario y no lo disfrute, dejaré de hacerlo”.

Nati también reveló que tiene una propuesta para participar en televisión como jurado, una oportunidad que la entusiasma por sacarla de su “zona de confort”. Sin embargo, descarta de plano participar en programas como Gran Hermano.

El apoyo de Soledad y el mensaje a las nuevas generaciones

La decisión de Nati de lanzarse como solista fue impulsada por su hermana Soledad, quien la alentó a tomar su propio camino. “Sole muchas veces me incitó a iniciar mi carrera solista, ella sabía que podía lograrlo”, cuenta. Este apoyo mutuo, lejos de cualquier competencia, es una constante en su relación.

“Sole no tiene la real dimensión de lo que ha logrado. Cantó con (Lionel) Messi, (Diego) Maradona y el papá Francisco, tiene un carisma tan especial que hace que la gente la acompañe tanto, pero, a veces, ella misma se minimiza. Su personalidad es ser solidaria y compartir todos sus momentos, por eso me estimuló a que me lanzara como solista y pudiera disfrutar de mi propio camino.”

Nati enfatiza que ser “la hermana de” nunca fue un peso, sino un gran puntapié que le abrió puertas y le permitió sentir el cariño del público. Si bien sus estilos musicales se diferencian en la intención de las canciones, la consulta y el apoyo entre ellas es permanente.

En sus shows, Nati busca transmitir un mensaje de esfuerzo y sacrificio, valores inculcados por sus padres, Omar y Griselda Pastorutti. Recuerda la dedicación de su padre para difundir su música y de su madre lavando la ropa a mano en las giras. “Les inculco (a sus hijos) que nada se consigue de un día para otro y que los objetivos se cumplen con mucho trabajo, que todo depende ciento por ciento de uno”, concluye, reflejando una filosofía de vida que la ha llevado a consolidarse como una artista auténtica y respetada en el panorama musical argentino.

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