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Créditos hipotecarios: las 3 claves para que las cuotas sean más accesibles

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Después de varios años de parálisis, el crédito hipotecario vuelve a ganar terreno en el mercado inmobiliario argentino. Desde mediados de 2024, los bancos relanzaron líneas UVA con plazos extendidos y financiamiento de hasta el 80% del valor de la propiedad, atrayendo a compradores que necesitan un préstamo para acceder a la vivienda. Sin embargo, durante 2025, la suba de tasas y la volatilidad económica frenaron la demanda, elevando las cuotas y limitando el acceso a nuevos clientes.

En los primeros meses de 2026, algunas entidades financieras recalibraron sus condiciones, ubicando las tasas entre el 8% y el 16%, según el banco y el perfil del cliente. A pesar de esta mejora, el acceso sigue siendo un desafío para la mayoría de la clase media.

Las tres condiciones para una baja sostenible de tasas

Para que las tasas hipotecarias disminuyan de forma sostenible, los especialistas coinciden en tres condiciones fundamentales. Mario Iparraguirre, economista de BBVA Research Argentina, explica que la cuota debe ser compatible con el salario familiar, un factor que aún restringe a gran parte de la población.

“El acceso al crédito no depende solo de la tasa. La cuota tiene que ser compatible con el salario familiar y eso todavía limita a gran parte de la clase media”

Las tres condiciones necesarias para una baja sostenible son:

  1. Menor inflación esperada: Una inflación más baja reduce la incertidumbre sobre la evolución de las cuotas UVA y mejora la previsibilidad. Si los salarios crecen por encima de los precios, la relación cuota-ingreso se vuelve más favorable.
  2. Mayor estabilidad macroeconómica: La estabilidad es crucial para que el costo del dinero disminuya, los depósitos se vuelvan más estables y la percepción de riesgo macroeconómico se reduzca.
  3. Fondeo de más largo plazo para el sistema financiero: Una mayor profundidad y liquidez del mercado de capitales local para instrumentos de largo plazo permitiría a los bancos ofrecer préstamos hipotecarios en condiciones más ventajosas.

La experiencia de 2025, cuando el crédito hipotecario se reactivó con fuerza pero se moderó en el segundo semestre por la suba de tasas y la volatilidad preelectoral, demostró la sensibilidad de la demanda frente a cambios en el costo del financiamiento.

Impacto en el mercado y capacidad de repago

El mercado inmobiliario ya muestra señales de reactivación, impulsado por compradores con ahorros. En marzo, las escrituras en la Ciudad de Buenos Aires crecieron casi 18% interanual, superando las 5.500 operaciones. Sin embargo, menos del 15% de estas transacciones se realizaron con hipoteca, lo que subraya la limitada penetración del crédito.

Respecto a la capacidad de repago, el ingreso necesario para acceder a un crédito hipotecario varía según múltiples factores: valor de la propiedad, porcentaje financiado, tasa, plazo y la relación cuota-ingreso definida por cada banco. Si bien no se estima un ingreso mínimo requerido, la evolución de los salarios frente al valor de una vivienda usada estándar de 60 m² en CABA mostró una mejora relevante en 2025.

Una inflación en descenso, acompañada por el crecimiento de los ingresos, haría las cuotas más manejables y sostenibles en el tiempo, aunque el efecto no es automático y también depende de la tasa real del crédito, el plazo y el valor de la propiedad.

Potencial de crecimiento y efecto en los precios

El crédito hipotecario en Argentina representa apenas el 0,5% del PBI, una cifra muy inferior a la de otros países de la región (Brasil 10%, Chile 27%, Colombia 6%). Esto indica un enorme margen para crecer, siempre que se dé de forma gradual y apoyada en fundamentos macroeconómicos consistentes.

Históricamente, cada vez que el crédito hipotecario reapareció en Argentina, el mercado inmobiliario ganó profundidad. El ciclo de préstamos UVA entre 2017 y 2018 es un claro antecedente. Hoy, el proceso parte de una demanda habitacional significativa y un mercado con mucho espacio para profundizar. Si el crédito escala, puede tener un efecto positivo en cadena: primero, sobre la demanda y las escrituras; luego, sobre los precios de la vivienda; y, finalmente, sobre la construcción, incentivando nuevos desarrollos.

El crédito también puede motorizar una suba de precios del m², al ampliar la base de compradores y transformar la demanda potencial en efectiva. No obstante, para que esta recuperación sea sostenible, debe estar respaldada por ingresos, crédito y demanda real. Si los precios aumentan más rápido que los salarios o la capacidad de financiamiento, el acceso a la vivienda vuelve a deteriorarse y el mercado pierde dinamismo.

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