A 50 años del polémico almuerzo de Borges y Sabato con Videla en Casa Rosada
Cincuenta años atrás, el miércoles 19 de mayo de 1976, pocas semanas después del golpe de Estado del 24 de marzo, el entonces presidente de facto Jorge R. Videla invitó a almorzar en la Casa Rosada a cuatro figuras prominentes de la cultura argentina: Horacio Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores; el sacerdote Leonardo Castellani, y los reconocidos escritores Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato. Este encuentro político-cultural, celebrado al inicio de lo que se convertirían en tiempos oscuros para el país, tuvo a Videla acompañado por el general José Rogelio Villarreal, secretario general de la Presidencia.
El menú, que incluyó budín de verduras con salsa blanca, ravioles y ensalada de frutas con crema o dulce de leche, fue el telón de fondo para una reunión de dos horas donde, además de hablar sobre la ley del libro y asesorías culturales en emisoras radiales, se realizaron pedidos cruciales. Los invitados solicitaron información sobre el escritor Haroldo Conti, secuestrado el 5 de mayo de 1976 y que figura en la nómina de desaparecidos, y la liberación de Antonio Di Benedetto, apresado en su despacho del diario mendocino Los Andes el mismo día del golpe, quien recién sería excarcelado en septiembre de 1977 tras sufrir torturas.
Las tensiones y los pedidos en la mesa del poder
El periodista Héctor D’Amico, en una revelación de 2011 para LA NACION, desveló las dudas de Sabato sobre aceptar la invitación. “Una cosa era criticar, como había hecho, el desgobierno de Isabel Perón, jaqueado por la violencia, el derrumbe de la economía y el caos social, y otra muy diferente era que le tomaran una foto junto a un dictador”, escribió D’Amico, añadiendo que “era imposible salir indemne de ese encuentro. Borges lo supo en el momento en que le daba la mano a Pinochet”.
Según la versión de Sabato, Videla preguntó a Borges por su gira de conferencias en Estados Unidos y su última operación de ojos.
“Borges entonces hizo algo extraño, se paró y, como si quisiera demostrar algo, extendió el brazo para señalar primero un cuadro y luego un perchero. Pero enseguida pareció inseguro, confundido y sufrió un vahído; Ratti tuvo que ayudarlo a volver a su silla”
, evocó Sabato ante D’Amico.
El autor de Sobre héroes y tumbas afirmó que fue el padre Castellani quien intercedió por Haroldo Conti, describiéndolo como “un cristiano secuestrado hace dos semanas y del que no sabemos nada y del que nadie nos dice nada”. Sabato destacó la condición de Conti como autor premiado y Castellani, la de exseminarista. Posteriormente, se mencionó a Di Benedetto, y Ratti reclamó también por César Tiempo, director del Teatro Nacional Cervantes, echado por los militares tras el golpe. Videla y Villarreal recibieron de los invitados una lista con diecisiete nombres de detenidos.
Versiones contrapuestas y la evolución de las posturas
La perspectiva de Castellani sobre el encuentro difiere de la de Sabato, según testimonios recuperados por el historiador Felipe Pigna en su libro 76. Pigna, quien describe el almuerzo como un “encuentro con el diablo”, parafraseando una canción de Serú Girán, recupera declaraciones de Castellani a la revista Crisis en junio de 1976.
“Sabato habló mucho o peroró, mejor dicho, sobre el nombramiento de un Consejo de Notables que supervisara los programas de televisión. Eso quería Sabato que se hiciese en la Argentina”
, afirmó Castellani, añadiendo que Borges y Sabato “dijeron que el país nunca había sido purificado por ninguna guerra internacional. Ellos más tarde lo negaron, así como aseguraron decir cosas que, en realidad, no dijeron”. Años después, Gabriel García Márquez reveló que Castellani le había dicho que solicitó a Videla poder ver a Conti en su lugar de detención, visita que habría tenido lugar el 8 de junio de 1976.
El escritor y coleccionista Alejandro Vaccaro, en diálogo con LA NACION, contextualiza la postura inicial de Borges: “Cuando ocurrió el golpe militar, Borges estaba en Estados Unidos y recibió la noticia desde allá y se alegró, por supuesto. Todos sabemos que Borges era antiperonista, y además ese gobierno era un circo. Más allá de las preferencias de Borges, no hay duda que en ese momento la mayoría de la población pedía a gritos que sacaran a ese gobierno. Pero nadie pidió lo que después vino”. Vaccaro recuerda la famosa declaración de Borges de que Videla era “un caballero”, lo que, según él, pudo haber influido en su descarte para el Nobel. Sin embargo, enfatiza que “no había conciencia en ese momento de lo que los militares ya estaban haciendo e iban a hacer”.
La postura de Borges evolucionaría con los años. “Después Borges, con el correr de los años, fue tomando distancia e incluso firmó la primera solicitada en Clarín en marzo de 1980, pidiendo por los desaparecidos. Él mismo contó que lo habían ido a ver madres de desaparecidos para explicarle lo que estaban sufriendo, y él comenzó a expresar un gran repudio por la dictadura”. En julio de 1985, Borges asistió a una de las audiencias del Juicio a las Juntas y luego escribió la crónica “22 de julio” para la agencia EFE.
Este episodio fue llevado al cine en 2015 por el escritor y cineasta Javier Torre con la película El almuerzo, protagonizada por Pompeyo Audivert como Castellani, Roberto Carnaghi como Ratti, Jean Pierre Noher como Borges, Lorenzo Quinteros como Sabato, Alejandro Awada como Videla y Arturo Bonín como Villarreal. Torre, quien tuvo una relación cercana con Di Benedetto, subraya el coraje de Sabato y Castellani al enfrentar a Videla.

