Furor por las figuritas del Mundial: el Parque Rivadavia, epicentro de una pasión que trasciende edades
El Parque Rivadavia de Caballito se consolida como el gran punto de encuentro para coleccionistas de las figuritas del Mundial 2026. Cada día, y especialmente los fines de semana, las rejas, bancos y pasillos internos del predio se llenan de chicos, adolescentes, familias y adultos que buscan completar el álbum, generando un fenómeno que va más allá del simple intercambio.
La escena se repite constantemente: un niño como Bautista M., de 11 años, con su álbum abrazado al pecho, se acerca a cualquier desconocido con la misma pregunta: “¡Hola! ¿Vos tenés figuritas?”. La búsqueda es incesante y la emoción palpable. El parque ha desarrollado su propia dinámica, donde la aparición de un álbum abierto es la señal para que otros coleccionistas se acerquen, creando espontáneos grupos de intercambio entre personas que no se conocían minutos antes.
La obsesión por completar el álbum y la nostalgia mundialista
La pasión por las figuritas lleva a situaciones extremas, como la vivida por Luca F., de 14 años, quien confiesa haber cambiado “100 figuritas por una” para conseguir la de Messi. “Me partió el corazón darlas”, admite, entre risas de sus amigos que comprenden la magnitud de la hazaña. Para muchos, la colección es un ritual familiar; Luca, por ejemplo, heredó la pasión de su padre, quien le transmitió el entusiasmo por los álbumes de su propia infancia.
Esta fiebre no distingue edades. María L., de 13 años, llega desde Flores y participa de múltiples intercambios, destacando que “para mí tiene más emoción intercambiarlas. Además, conocés gente”. Las listas manuscritas de números faltantes y las búsquedas de jugadores argentinos o escudos especiales son una constante. Madres como Verónica Salas y Paula Medina, que acompañan a sus hijos Tomás y Benjamín, respectivamente, resaltan el valor de la interacción en un mundo dominado por pantallas: “Acá hablan, negocian, se emocionan cuando consiguen una figurita. Nos hizo acordar muchísimo a cuando éramos chicas”.
Desafíos en la búsqueda y el negocio paralelo
Mientras la demanda de figuritas es alta, conseguir el álbum se ha vuelto una odisea. Juan Morales, quien llegó desde Almagro con su hija Micaela, de cinco años, relata la frustración de encontrar sobres, pero no el álbum. “El problema es que conseguís figuritas, pero el álbum no aparece”, explica, riendo por lo difícil que resultó la búsqueda. Este escenario refleja un agotamiento generalizado del producto en kioscos y librerías, obligando a muchos a guardar las figuritas a la espera de un álbum.
La popularidad del fenómeno también ha dado lugar a un negocio paralelo. Kevin Sosa ha improvisado una mesa en el parque, vendiendo figuritas sueltas: “Regulares 500 pesos, argentinos 1500 y escudos entre 1500 y 2000”. Aunque muchos prefieren el intercambio, la venta directa ofrece una solución para quienes buscan las estampas más difíciles o tienen dinero ahorrado específicamente para ese fin. Kevin asegura que los fines de semana “no dabas abasto” ante la demanda.
Un fenómeno que sorprende a comerciantes y conecta generaciones
Los comerciantes históricos del Parque Rivadavia también se muestran asombrados por la magnitud del fenómeno. Ricardo, dueño de un puesto de revistas y coleccionables, y Marta Medina, vendedora de libros usados por más de veinte años, coinciden en que “nunca vieron algo así”. Destacan cómo esta actividad fomenta la interacción cara a cara en una época donde la tecnología suele aislar a los jóvenes. “Es admirable porque hoy la tecnología separa mucho a los chicos. Cada uno está encerrado en lo suyo, pero acá los ves hablando cara a cara, compartiendo algo”, señala Ricardo.
El fenómeno resuena profundamente en adultos como Mariano Avalos, de 38 años, y Sebastián Peralta, de 32, quienes reviven la nostalgia de su infancia. Mariano, que completó el álbum de Francia 98, confiesa: “Mi mujer se me ríe porque llego a casa y me pongo a abrir paquetes como si tuviera diez años”. Sebastián, por su parte, recorre distintos puntos de intercambio en la ciudad y destaca la camaradería: “Hablás con desconocidos y en dos minutos ya están todos compartiendo la misma locura”. La fiebre por las figuritas del Mundial, entonces, no solo llena un álbum, sino que también llena un espacio de encuentro y conexión social.

