Diego Reinhold: entre la multifunción, el hogar para niños y un problema de salud
Los días de Diego Reinhold desafían la lógica del calendario. El prolífico artista se desdobla en múltiples roles: de miércoles a domingo, protagoniza por segundo año consecutivo la comedia La función que sale mal. Simultáneamente, dirige Pijama party, el espectáculo de Los Raviolis, y también la obra de Sebastián Presta, Mi amiga y yo, actualmente de gira. A todo esto, se suma la administración de un complejo de cabañas en Embalse, Córdoba, y su rol como cofundador del Hogar Mariposa en Caballito, una institución que en junio cumple diez años.
En diálogo con LA NACION, Reinhold abordó su vertiginosa agenda, la vocación solidaria que lo llevó a fundar el hogar para chicos y la afección de salud que lo acompaña en su día a día.
Un artista que no para y se ríe de las cataratas
«Por supuesto, y me gusta todo lo que hago», afirma Reinhold ante la pregunta sobre cómo logra abarcar tantas actividades. Describe Pijama party como un exitoso show infantil con Los Raviolis, «un concierto de sus canciones, pero con muchísimo humor y muy organizado». Sobre Mi amiga y yo, dirigida por él y protagonizada por Presta y Flor Torrente, destaca la calidad del elenco: «Seba es un grande, un gran comediante y es un placer porque se trabaja con un nivel de excelencia. Yo creo que es el número uno».
En cuanto a su participación actoral, La función que sale mal lo tiene en escena por segundo año consecutivo. La obra, que ya había interpretado hace nueve años bajo el título Como el culo, es un éxito internacional. «La vi en Londres dos veces y se está haciendo en todas partes del mundo. Siempre va bien porque es muy divertida», comenta, y añade entre risas: «Sí, tengo cataratas. Me estoy haciendo estudios para ver si me opero, pero sí, puedo hacer todo. No es tan difícil. De hecho, hay espacio para más».
Emprendimientos, riesgos y el Hogar Mariposa
Más allá de los escenarios, Reinhold dirige un unipersonal para el actor Ricardo Torre y reformula un streaming infantil que produjo. Además, maneja sus cabañas en Córdoba, La Richard Resort. Lejos de ser una red de seguridad económica, el actor confiesa su espíritu aventurero con el dinero: «Como no tengo pareja, no tengo hijos, no tengo escrúpulos, me mando a hacer de todo. Y a veces sale mal. Soy muy arriesgado conmigo mismo. He sacado una marca de calzado y me fue muy mal. He invertido en distintos activos; con algunos fue bien y con otros fue re mal».
Su vida, explica, es impulsada por la curiosidad y la concibe como una comedia, «una tragedia devenida en comedia». En este marco, revela su profundo compromiso social con el Hogar Mariposa en Caballito, que alberga a chicos de hasta 6 años. «Soy parte de una asociación civil que se llama Conceptos Sencillos, que es la que realmente está haciendo el trabajo ahí. Y yo me asocié con ellos para conseguir la casa y todo lo que se necesitaba, para hacer toda la gestión con el Gobierno de la Ciudad en su momento», detalla.
«Tengo un hogar para pibes. El Hogar Mariposa está en Caballito; alberga a chicos de hasta 6 años y en junio cumplimos diez años. Soy parte de una asociación civil que se llama Conceptos Sencillos, que es la que realmente está haciendo el trabajo ahí.»
Reinhold visita el hogar, celebra cumpleaños y saca a pasear a los 14 niños que viven allí. Aunque no realiza el trabajo de campo diario, que recae en los veinticinco empleados, se mantiene activamente involucrado y destaca la necesidad de apoyo. «Estamos haciendo una rifa porque se necesitan muchas cosas: sale $15.000, así que los que puedan ayudar pueden escribir a @conceptossencillos», invita.
La motivación detrás de esta iniciativa surge de una visión crítica del mundo: «Toda la vida sentí la parte negativa de la experiencia de estar vivo. La vida de la civilización me afecta demasiado. No veo el vaso medio lleno. Siempre me quedo más pegado a la parte oscura de las cosas». A pesar de esta perspectiva, se describe con un «espíritu heroico» que lo impulsa a actuar, incluso si eso implica «inmolarme por una utopía personal».
El temblor esencial: una condición hereditaria
Cambiando de tema, Reinhold aborda una condición de salud que lo acompaña desde siempre: el temblor esencial. «Es hereditario; mi mamá lo tiene. Se vive con eso porque no tiene cura», explica. Si bien ciertos medicamentos pueden atenuarlo, no hay tratamiento definitivo. También menciona que el alcohol puede calmar los temblores temporalmente, pero no es una opción que elija.
Aunque es una incomodidad, Reinhold ha aprendido a vivir con ello. «A veces no puedo firmar nada delante de nadie porque es tanto lo que me tiembla la mano que no puedo ni siquiera apoyar el codo. Pero toco el saxo, pinto… Lo hago igual y logro cierta precisión», afirma. En el escenario, el temblor pasa desapercibido o se integra al personaje. Recuerda que en sus inicios, en los castings, solían decirle que estaba nervioso, sin saber que era parte de su condición. Recibe mensajes en Instagram de personas que también lo padecen y de quienes buscan «curarlo».
Orígenes y reflexiones sobre el privilegio
Reinhold, quien comenzó su carrera en el espectáculo a temprana edad, reflexiona sobre el privilegio económico que le permitió desarrollarse. Su abuelo materno, de orígenes humildes, fundó una fábrica de artículos para calzado que, paradójicamente, prosperaba con gobiernos peronistas a pesar de la postura antiperonista familiar. «Hoy la fábrica familiar que manejan mis hermanos está en su peor momento; mi mamá está muy preocupada. Yo me salvé porque me abrí y nunca tuve que pagar el alquiler porque mis padres me ayudaron», confiesa.
Su primer trabajo fue a los 17 años, en un espectáculo de Hugo Midón, a quien recuerda con cariño. «Ahí empezó toda la cosa. Lo extraño mucho», concluye, agradecido por las oportunidades que tuvo y con la convicción de que «toda la gente merecería tener las condiciones que tuve yo».

