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Milei acelera reformas clave antes del «régimen electoral» de 2027

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La administración de Javier Milei intensifica sus esfuerzos para aprobar un paquete de reformas significativas antes de que la política argentina ingrese de lleno en el «régimen electoral» de cara a 2027. La Casa Rosada, consciente de que el margen para grandes transformaciones se reduce a medida que se acercan los comicios, concentra hasta junio un ambicioso capítulo legislativo.

Esta estrategia, impulsada por Federico Sturzenegger, implica un trabajo coordinado con senadores y diputados, en un Congreso que ya se presenta como un campo de batalla de intereses. El Gobierno se muestra dispuesto a «ir por todo, pero aceptar conseguir menos», adoptando una postura pragmática para asegurar avances.

Batallas legislativas: patentes, farmacias e inmobiliarias

Una de las discusiones más recientes en el Palacio Legislativo gira en torno a la adhesión de Argentina al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT). Este reclamo de Estados Unidos, que enfrenta la resistencia de laboratorios locales, obligó al Gobierno a una concesión importante: la eliminación del denominado «capítulo dos», que habilitaba la recomendación de una oficina extranjera para aprobar patentes. A pesar de la oposición de empresas americanas en el país, la Casa Rosada busca evitar que Argentina sea percibida como un «paria internacional» por la falta de esta norma.

La situación de los medicamentos es un frente clave. La gestión libertaria observa con atención el caso de Mendoza, donde el gobernador Alfredo Cornejo logró ahorros superiores al 50% al importar amoxicilina de la India, gracias a las nuevas reglas impulsadas por Sturzenegger. La reticencia de otras provincias a imitar este ejemplo genera sospechas en el Gabinete sobre su compromiso con la eficiencia del gasto público.

Otro capítulo reformista se enfoca en el sector farmacéutico. El Gobierno busca liberalizar la venta de medicamentos, habilitando su publicación y comparación de precios en plataformas online como Mercado Libre. Esta iniciativa, que generaría un «rechazo furioso» según las expectativas oficiales, busca introducir mayor competencia y transparencia en el mercado.

La avanzada también incluye el negocio inmobiliario. Milei convalidó cambios para que un corredor no necesite estar matriculado para ser martillero, una medida que ya provocó la reacción de los colegios del rubro. Además, se busca flexibilizar las comisiones, un punto sensible para compradores y vendedores. La agenda reformista se completa con modificaciones en la compra de tierras por extranjeros y la aceleración de expropiaciones y desalojos.

Estrategia de negociación y desafíos económicos

El Gobierno evalúa si desplegar un ataque masivo de reformas o librar batallas una a una. Esta última opción se presenta como tácticamente beneficiosa, permitiendo «disipar antagonistas» y evitar que «los enemigos descubran que tienen intereses en común». Las expediciones al Congreso no solo buscan aprobar leyes, sino también posicionar temas en la agenda pública, alejándose de los escándalos políticos y la coyuntura diaria.

Mientras tanto, la batalla por las reformas convive con el desafío de convencer a la economía de que el cambio de régimen es duradero. El equipo de Luis Caputo se enfoca en problemas cotidianos, buscando transmitir a la ciudadanía las mejoras que, según el Gobierno, ya se observan en la situación general. Sin embargo, persisten tensiones y una reacción dispar en los diferentes sectores de la economía, con el petróleo y el gas mostrando mejor respuesta que la industria, el comercio y la construcción.

La convicción de Milei y Caputo en su plan es inquebrantable, a pesar de sentirse «incomprendidos» por el mercado. Esta actitud se asemeja a la de Marcos Galperin, fundador de Mercado Libre, cuya empresa sufrió una caída del 16% en sus acciones tras reportar ganancias menores a las esperadas. Galperin, al igual que Milei, sostiene su visión a largo plazo, convencido de que el mercado aún no comprende completamente la dirección de la empresa. Sin embargo, la política argentina, a diferencia del sector privado, suele tener menos paciencia para esperar resultados.

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