Sociedad

Marta Echaul: la empresaria de 100 años que inspira a todo un país

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En el corazón de Pompeya, Buenos Aires, el reloj marca casi las dos de la tarde. En la entrada de su oficina, con una puntualidad impecable, espera Marta Beatriz Echaul, centenaria empresaria y reciente fenómeno viral. Con un chal de patrones blanco y negro sobre sus hombros, saluda con una sonrisa y se presenta antes de invitar a pasar. Su nieta, Fernanda, la acompaña, aunque Marta realiza este recorrido diariamente, desde su casa en Retiro hasta el ascensor que la lleva al estacionamiento de su edificio, donde la espera su auto. Supera con paciencia los veinte escalones que la separan de su escritorio, anunciando su llegada con un simple “Hola, llegué” a sus empleados.

Dueña de Santa Marta, una empresa de transporte general fundada hace más de 50 años tras una tragedia familiar, Marta encarna la resiliencia. Hoy, a sus 100 años, alcanzó una inesperada fama gracias a un video que la muestra conduciendo, inspirando a personas de su generación y a miles de seguidores en redes sociales. En diálogo con LA Nacion, comparte su historia, su secreto de longevidad y su profunda reflexión sobre la clave de una vida plena.

Una vida de trabajo y adaptación

La oficina de Marta, inundada por la luz natural, es el centro de su universo laboral. Su escritorio, cargado de balances y costos, está flanqueado por otros dos. En la administración, predominan mujeres, mientras que “abajo están los hombres”, encargados de la mercadería y los camiones. Marta trabaja junto a su hija, cuenta con su secretaria y ahora su nieta Fernanda dedica parte de su tiempo a representarla.

“Tengo 102.000 seguidores en Instagram”, dice Marta con asombro, refiriéndose al “boom” que la convirtió en una figura pública. Bajo el usuario @abuelamarta1925, su mensaje de vitalidad y perseverancia resuena en todo el país, animando a mujeres cercanas a los 100 años a no bajar los brazos. Para Fernanda, su abuela siempre fue “una estrella”, destacando su ímpetu y sus ganas de seguir trabajando.

“Hace más de 20 años que estoy acá. Marta como jefa, es buenísima”, afirma Susana, una de sus empleadas.

Orígenes y una visión pionera

Nacida el 13 de septiembre de 1925, Marta vivió gran parte de su vida en el barrio de Once. Hija de padre árabe y madre turca de religión judía, creció en una familia que siempre le brindó apoyo. Presenció la transformación de Buenos Aires, desde la llegada masiva de inmigrantes hasta la evolución del paisaje urbano.

“En ese Once veías los negocios y las vacas lecheras cruzar, mientras el tranvía pasaba. Yo no viví las cosas aisladas, sino que me adapté”, recuerda.

Se casó a los 19 años con Isaac, un conocido de su círculo familiar, pero siempre se percibió como una mujer libre. Su primer auto fue un Cadillac, regalo de su padre a los 20 años, una época en la que ver a una mujer al volante era una rareza.

“Antes era la mujer detrás del hombre. Yo no, yo estaba a la par”, sentencia, lamentando haber desestimado su sueño de ser cirujana por las limitaciones de aquellos años.

Con una mirada nostálgica, reflexiona:

“El tiempo de antes era mejor que ahora; había más humanidad. Ahora hay mucho individualismo”.

El secreto de su vitalidad: mantenerse activa

Marta acude a su empresa al mediodía, un horario que puede variar, pero siempre con el propósito de trabajar. Conducir, afirma, le da “libertad”. Su frase recurrente es una máxima de vida:

“La cama es un tentáculo que te agarra y te echa a perder si te quedás ahí, sentado frente al televisor”.

Recientemente renovó su carnet de conducir “sin ninguna dificultad”, a pesar de usar lentes y haberse operado de cataratas. Con su pelo rubio, ojos claros y una sonrisa coqueta, Marta se ha convertido en un ícono porteño.

“Hay que exigirle al espíritu de uno mismo y enseñarle que siempre tiene que ir para adelante”, aconseja.

Aunque no se vacuna y deja que su cuerpo “se defienda solo”, confiesa haber fumado 20 años y haber dejado el hábito hace mucho. La copa de vino, una tradición mantenida desde que conoció a su difunto esposo, Isaac, sigue siendo parte de su rutina. A pesar de beber soda, no agua, y no realizar ejercicio, Marta asegura que su trabajo es el motor que la mantiene activa. Ávida lectora y bebedora de mate, su rutina es tan simple como la de cualquier argentino.

Su empresa realiza envíos generales a Santiago del Estero y, gracias al impulso de su nieta, lanzó un vino Malbec propio, Santa Marta, del Valle de Uco, Mendoza, disponible a través de su cuenta de Instagram. Con la promesa de no parar hasta los 200.000 seguidores, regala su vino a quienes cumplen 100 años, reforzando su mensaje de que la edad no es un impedimento para mantenerse activo.

Al ser consultada sobre la clave de la vida, Marta responde con contundencia:

“La clave de la vida es que te quieran. Entonces vas a seguir viviendo muchos años aún después de que te vas. No cuánta plata tenés. Es lo único que nos llevamos, porque después dejamos todo; la gente quiere acumular y acumular. ¿Para qué? Ni siquiera lo van a poder usar. No nos llevamos nada”.

Para la generación de 20 años que la conoció por sus videos virales, Marta tiene un mensaje claro:

“Que no quieran ser ricos. Si terminan siéndolo, que sea porque luchan por serlo. También va mucho en la suerte, que existe. Pero es el trabajo para lograr eso que tanto quieren”.

Mientras el sol de la tarde calienta la oficina y el bullicio del final del día se instala, Marta se pone de pie, se acomoda el pañuelo y, con una sonrisa, se despide con un beso antes de volver a su silla, dispuesta a seguir con su trabajo.

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