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De la albañilería a la tecnología: la historia de Abril y Jonathan en Concordia

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En un significativo giro en sus vidas, Abril, de 23 años, y Jonathan, de 29, oriundos del barrio Benito Legerén en Concordia, Entre Ríos, lograron dejar atrás un pasado de precariedad para insertarse en el pujante mundo de la tecnología. Ambos trabajan desde hace siete meses en Finnegans, una empresa argentina que ofrece servicios tecnológicos en toda Latinoamérica, y se preparan para ser los primeros en sus familias en obtener un título terciario en Desarrollo Web.

Jonathan, quien abandonó la secundaria a los 18 años para dedicarse a la albañilería, recuerda:

“Era un trabajo pesado, que me exigía mucho al cuerpo. Quería progresar, pero me sentía perdido. No sabía qué hacer de mi vida”

. Su situación, marcada por la inestabilidad laboral y la falta de oportunidades, era un reflejo de la realidad de muchos jóvenes en barrios vulnerables.

Infancias marcadas por la vulnerabilidad

Las infancias de Abril y Jonathan estuvieron signadas por las dificultades. Ambos crecieron en casas con piso de tierra, paredes de madera y techo de chapa, compartiendo espacios reducidos con sus numerosas familias. Para ir al baño, debían salir de la casa y dirigirse a una casilla en el fondo.

Abril, la mayor de siete hermanos, asumió responsabilidades desde muy pequeña.

“El tiempo que pasaba en la escuela era como un respiro para mí, un alivio, porque era el único momento en el que no era responsable de otras personas”

, relata. A los 12 años, ya emprendía vendiendo facturas por el barrio y, al terminar la secundaria, trabajó en la cosecha de arándanos.

Jonathan, por su parte, retomó el colegio a los 25 años, superando el temor al juicio social. Su experiencia en la albañilería lo llevó a un punto de quiebre.

“Sabía que no quería seguir así toda mi vida”

, afirma, reflejando la frustración ante la falta de estabilidad y proyección. Esta realidad es común en los barrios de Concordia, donde la deserción escolar es alta debido a factores económicos y la falta de referentes educativos, según explica Florencia Martínez, fundadora de la ONG Volando Alto.

El salto a la tecnología: el rol de Volando Alto

El punto de inflexión para Abril y Jonathan llegó en 2023, cuando participaron en el programa +Oportunidades de Volando Alto. Allí, se capacitaron en habilidades blandas y digitales, y reforzaron conocimientos clave en matemáticas, lengua y pensamiento lógico. Jonathan destaca:

“Aprendí a expresarme, porque era una persona muy tímida”

. El programa fue crucial para que él, quien nunca había usado una computadora, descubriera su interés por la programación.

Martínez observa el potencial que ambos demostraron:

“Veíamos que los dos tenían mucha capacidad, que tenían un potencial enorme que no estaba siendo explotado. Aprendían muy rápido y no faltaron ni una sola vez a clase”

. Este impulso los llevó a inscribirse en la tecnicatura en Desarrollo Web en la Universidad Nacional de Entre Ríos. Con gran esfuerzo, y mientras seguían trabajando, lograron comprar una computadora para estudiar de forma virtual.

La llegada de sus mellizos, Mateo y Elías, nacidos prematuros, añadió un desafío extra. Durante el mes que pasaron en neonatología, la pareja mantuvo un ritmo extenuante, combinando visitas al hospital, trabajo y estudios.

“Veíamos las clases grabadas en el colectivo, a la noche en casa, o el fin de semana. Fueron épocas muy difíciles. Lo único que nos motivaba a seguir adelante eran los chicos. Queremos un mejor futuro para ellos”

, cuenta Jonathan, mientras Abril recuerda estudiar para parciales en el hospital.

Un futuro con estabilidad y sueños renovados

Hoy, Abril y Jonathan ajustan sus turnos de trabajo en Finnegans para que uno siempre pueda cuidar a sus hijos. El primer sueldo lo invirtieron en la cuna, el cochecito y la ropa para los mellizos. Para Jonathan, trabajar en Finnegans es un sueño cumplido.

“Todos los días aprendo un montón. Lo que más me gusta es el equipo con el que trabajo. Me gustaría mucho quedarme en la empresa y seguir progresando”

, expresa.

Esta nueva etapa les permite proyectar un futuro diferente para sus hijos, marcado por la estabilidad.

“Nos beneficia mucho tener un trabajo fijo. Hoy tenemos obra social nosotros y los chicos. Siento que tenemos más estabilidad. Desde chica, yo siempre supe que estudiar era la manera de salir adelante, de cambiar mi realidad. Eso es lo que estoy haciendo ahora, me pone contenta”

, dice Abril.

Jonathan concluye con un deseo profundo para Mateo y Elías:

“Quiero que ellos terminen la escuela, que prioricen el estudio y no tengan que dejar el colegio, como me pasó a mí. Quiero que no tengan que hacer los mismos trabajos que yo tuve que hacer”

. Su historia es parte de la iniciativa Vidas Desiguales de Fundación LA NACION, que busca promover oportunidades para jóvenes en contextos vulnerables.

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