Crédito al consumo: la brecha que complica la estrategia oficial
La estrategia del Gobierno para reactivar el crédito en Argentina enfrenta un obstáculo que se profundiza con el correr de las semanas. A pesar de las medidas tomadas por el Banco Central (BCRA) para inyectar liquidez al sistema financiero, la reducción en las tasas que los bancos pagan por los plazos fijos no se ha traducido en un abaratamiento significativo de los créditos al consumo, evidenciando una brecha que complejiza el panorama económico.
En el último mes y medio, el BCRA disminuyó en dos ocasiones los encajes sobre los depósitos privados a la vista. Esta política buscaba liberar fondos para que las entidades bancarias ofrecieran más préstamos al sector privado, con la expectativa de estimular el consumo y, por ende, la actividad económica. Sin embargo, los datos actuales muestran un desenlace diferente al proyectado.
Tasas pasivas bajan, las activas se mantienen
Para comprender la dinámica, es crucial distinguir entre tasas pasivas y activas. Las tasas pasivas son aquellas que los bancos abonan a quienes depositan dinero, siendo el plazo fijo el ejemplo más representativo. Las tasas activas, por su parte, son las que las entidades cobran al otorgar préstamos, como los créditos personales, adelantos en cuenta corriente o financiación con tarjeta de crédito.
La diferencia entre ambas, conocida como spread, constituye el margen de operación del sistema financiero y, en condiciones normales, debería reflejar el riesgo crediticio, los costos operativos y la rentabilidad bancaria. Lo que se observa en las últimas semanas es una alteración de este equilibrio.
La tasa Tamar, referencia para los depósitos mayoristas y el costo de fondeo del sistema, experimentó una caída pronunciada. Pasó de situarse en torno al 35% en la segunda quincena de enero a un 22,5% actual. Esta baja fue rápida y contundente, beneficiando a los bancos al reducir el costo de captación de fondos.
En contraste, las tasas activas apenas mostraron variaciones. Los créditos personales, por ejemplo, solo retrocedieron del 68% al 65,5%. Esta mínima compresión no representa un abaratamiento real para los consumidores, quienes siguen enfrentando condiciones de financiación elevadas.
“La flexibilización de la política de encajes se está traduciendo en una baja de las tasas pasivas, porque los bancos remuneran menos los depósitos, pero no en un abaratamiento de los créditos”, señaló Matías Rajnerman, economista jefe del Banco Provincia. “La vía de la expansión del crédito al sector privado sigue siendo un objetivo, pero no una realidad”, agregó.
La consultora 1816 corrobora esta tendencia. En abril, los préstamos en pesos al sector privado cayeron en términos reales por cuarto mes consecutivo. Además, la tasa de préstamos personales de entidades financieras promedió 68,3% en los primeros días hábiles de mayo, un nivel prácticamente idéntico al de enero y febrero, cuando la tasa overnight operaba con una volatilidad mucho mayor.
Morosidad y preferencia por el Tesoro: los factores clave
Existen dos factores principales que explican esta divergencia y complican el escenario para el Gobierno.
El primero es la morosidad. La irregularidad en el crédito a hogares alcanzó el 11,5% en marzo, marcando un máximo desde 2004 y multiplicándose casi por cinco desde octubre de 2024, cuando se ubicaba en el 2,5%. Frente a este deterioro, los bancos tradicionales han optado por la selectividad: en lugar de subir tasas para compensar el riesgo, han reducido los límites crediticios y endurecido los criterios de otorgamiento. Los prestamistas no tradicionales, como billeteras virtuales, sí aumentaron tasas para cubrirse, pero con resultados aún peores: la mora en ese segmento trepó al 30,1% en marzo, casi el triple que en los bancos.
El segundo factor es la incertidumbre sobre la trayectoria de las tasas. Aunque la volatilidad de corto plazo se ha reducido, no hay un techo claro para los rendimientos futuros. Según 1816, a pesar de la estabilidad de las tasas cortas en los últimos dos meses y medio, la falta de modificación en el régimen monetario de “tasa endógena” dificulta prever su evolución.
En este contexto de alta morosidad e incertidumbre, los bancos han tomado una decisión que frustra los planes oficiales: en lugar de volcar los pesos recuperados de los encajes al sector privado, los han canalizado hacia el Tesoro. Desde mediados de marzo, momento en que comenzó la flexibilización, el Ministerio de Economía captó 5,5 billones de pesos netos en licitaciones, concentrando el 60% del financiamiento neto del año en apenas 45 días.
Según Rajnerman, los bancos “prefieren prestar más corto que largo, y no prestar al sector privado, que tiene una tasa de incumplimiento alta, sino prestarle al sector público, que tiene una probabilidad de default muy baja”.
Como resultado, la brecha se amplía y el crédito privado no logra repuntar. Los préstamos a empresas se mantuvieron estables en abril en términos reales, mientras que los créditos a familias apenas crecieron 0,3% —un rebote estadístico tras la contracción del primer trimestre—, acumulando una caída del 4% respecto al cierre del año pasado. El crédito en dólares, impulsado por obligaciones negociables, sí creció con fuerza, alcanzando máximos del período 2017-2018, pero este circuito es exclusivo de empresas con acceso al mercado de capitales, no de las familias que buscan financiar su consumo en pesos. La vía del crédito como palanca de reactivación del consumo sigue siendo, por ahora, un objetivo pendiente del programa económico.

