Desigualdad educativa: por qué faltan los adolescentes a la escuela
Las madrugadas frías y las calles anegadas por la lluvia se convierten en obstáculos cotidianos para miles de adolescentes argentinos que buscan llegar a la escuela. Un nuevo informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, basado en las pruebas Aprender 2024, expone la profunda desigualdad que se esconde detrás de los bancos vacíos, revelando que las razones para faltar a clase varían drásticamente según el nivel socioeconómico de los estudiantes.
Mientras que para jóvenes como Abel, de 18 años, residente del asentamiento Alfonso XIII en San Juan, perder el único colectivo significa perder un día de clases, otros estudiantes de contextos más favorecidos se ausentan por falta de ganas o motivos vinculados al ocio. Esta disparidad subraya cómo la asistencia escolar no es solo una cuestión de voluntad, sino un reflejo de problemáticas estructurales que condicionan la vida de los adolescentes más vulnerables.
Las barreras invisibles de la asistencia
El estudio de Argentinos por la Educación destaca que, sin considerar problemas de salud propios, la mayoría de los adolescentes de sectores vulnerables faltan a la escuela por dificultades para llegar, necesidad de cuidar a hermanos menores, atender problemas de salud familiar, realizar tareas domésticas o incluso salir a trabajar para contribuir a la economía del hogar. Estos factores, que incluyen hasta el impacto del periodo menstrual, no son una elección, sino un síntoma de desigualdades arraigadas.
Un ejemplo claro es el de los jóvenes en Concordia, Entre Ríos, donde la organización Volando Alto brinda apoyo escolar. Florencia Martínez y Felicitas Silva, maestras fundadoras de la ONG, relatan cómo las lluvias transforman las calles de tierra en canales de lodo, dificultando el acceso a la escuela. “La escuela podría ser un buen refugio, pero les es difícil llegar, más cuando cuidan como oro su único par de zapatillas”, explica Martínez. Silva agrega que muchos chicos también faltan para cuidar a sus hermanos o realizar tareas domésticas, permitiendo a sus padres salir a trabajar.
Como empecé a trabajar, a veces hago turno noche y al otro día no voy al colegio a la mañana. Salgo de trabajar a las 6.30 de la mañana y tendría que entrar a las 7.30
Analía, de 17 años, encuestada por CIAS
En contraste, el informe revela que entre los estudiantes de nivel socioeconómico más alto, las razones principales para faltar son la falta de ganas (49%), llegar tarde o situaciones relacionadas con el ocio, como vacaciones y viajes. Esta brecha evidencia que, si bien el ausentismo puede manifestarse en todos los estratos, sus causas y las implicancias a largo plazo son profundamente diferentes.
Aumento del ausentismo y sus consecuencias
La investigación también encendió una alarma: la cantidad de chicos del nivel socioeconómico más bajo que faltaron más de 15 veces en el año aumentó un 20%, pasando del 40% en 2022 al 48% en 2024. Aunque el aumento es similar en otros niveles, las razones subyacentes son muy distintas, según Martín Nistal, investigador de Argentinos por la Educación.
Nistal advierte que el nivel de ausentismo real podría ser aún mayor, ya que el estudio se basa en reportes de los propios estudiantes. La falta de cifras oficiales a nivel nacional sobre el ausentismo escolar dificulta la implementación de políticas efectivas, según Romina Busain, investigadora y referente de la misma organización.
Busain enfatiza que el ausentismo en sectores vulnerables es un “problema de injusticia social” con graves consecuencias: “El que falta a la escuela hoy tiene más chances de tener problemas de desarrollo social y emocional, de repetir y de dejar de estudiar. Y de adulto, es probable que tenga empleos precarios o esté desempleado”. Esta afirmación se respalda con datos de un estudio del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) y Fundar, que reveló que el 42% de los jóvenes de 19 a 24 años en barrios populares del AMBA abandonaron la escuela.
La urgencia de la supervivencia vs. el deseo de progreso
El informe de CIAS y Fundar, basado en entrevistas en profundidad a adolescentes y directores de escuelas en barrios populares, refuerza las conclusiones de Argentinos por la Educación. Los chicos de estos contextos están “sobrecargados de responsabilidades, tienen la urgencia de la supervivencia”, explica Gonzalo Elizondo, investigador del informe. Casi el 40% trabaja y va al colegio, una realidad que a menudo los lleva a abandonar los estudios para priorizar el sustento familiar.
Después de dos días de tormenta, en los barrios populares la asistencia baja a menos la mitad
Director de una secundaria bonaerense encuestada por CIAS
A pesar de estas adversidades, muchos adolescentes como Abel mantienen la esperanza y el deseo de superación. Abel, quien se esfuerza por ser uno de los mejores alumnos y aspira a ser ingeniero agrónomo, representa la resiliencia de quienes, contra todo pronóstico, buscan un futuro mejor. “Sueño con ser ingeniero agrónomo, no depender de nadie, ser un profesional. Me gustaría mudarnos del barrio, porque hay muchos problemas de transporte. Estamos como olvidados”, expresa.
Para Nistal, la solución pasa por asegurar que los chicos no falten y los docentes estén en el aula, con escuelas abiertas y “las condiciones para que los chicos lleguen a la escuela dadas”. Busain concluye que detrás de cada ausencia hay “un chico que se desconecta, una familia que no acompaña, un sistema que no logra hacer que la escuela sea un lugar deseable”, y llama a la acción inmediata con un sistema nacional de datos confiables y estrategias que reconstruyan el vínculo entre familias y escuelas.

