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Divididos ratifica su vigencia con un show demoledor en el Movistar Arena

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Divididos ofreció una nueva demostración de su inagotable energía y su particular visión del rock nacional, con un concierto vibrante en el Movistar Arena el pasado sábado 9 de marzo. La banda, con 38 años de trayectoria ininterrumpida, volvió a fusionar su característico sonido demoledor con momentos de profunda reflexión, confirmando por qué se mantiene en lo más alto del firmamento musical argentino. La próxima oportunidad para verlos en este mismo escenario será el 4 de julio.

El concierto se construyó sobre la base de su más reciente trabajo discográfico, titulado simplemente Divididos, publicado a mediados de noviembre de 2025. Aunque no fue una presentación formal del álbum, la banda integró siete de sus doce nuevas canciones al repertorio, demostrando que para el trío la formalidad cede ante la rigurosidad y la espontaneidad de su propuesta. “Las canciones nuevas”, fue el escueto pero efectivo saludo de Ricardo Mollo, abriendo paso a un show que prometía un viaje por lo nuevo y lo consagrado.

El nuevo álbum: potencia y reflexión

El último disco de Divididos reafirma el apodo de la banda: la “aplanadora del rock”. Su música es contundente, con guitarras crujientes que no opacan la profundidad de sus letras. Sin embargo, el álbum también introduce matices, con temas más suaves y bellos que equilibran la propuesta. La reflexión predomina sobre la narración, con un deseo latente de distanciarse de los engranajes del sistema.

La primera frase del disco, “Lo que te demora es lo que te traiciona”, ya establece el tono de introspección que atraviesa la obra, explorando desencantos y esperanzas. En el Movistar Arena, temas como “Aliados en un viaje”, “Monte de olivos”, “Doña Red”, “El faro”, “Bafles en el mar”, “Cabalgata deportiva” y “Grillo” cobraron vida, mezclándose sin transiciones abruptas con el vasto catálogo de la banda, fiel a su estilo de “echar todo a la misma olla”.

Un show de tres actos: de la novedad al pogo

El concierto, de aproximadamente dos horas y veinte minutos, se dividió en tres segmentos bien definidos. El primer tramo se centró en las novedades del último disco. La “aplanadora” integrada por Catriel Ciavarella en batería y Diego Arnedo en bajo, fue el motor rítmico, mientras Mollo cambiaba guitarras, explorando los matices de cada composición.

El segundo bloque invitó a bajar las revoluciones con un set acústico. Con contrabajo, guitarra de caja y tambor con escobillas, interpretaron clásicos como “Dame un limón”, “Como un cuento”, “Grillo” y “Spaghetti del rock”, esta última acompañada por un conjunto de arcos, aportando una sonoridad diferente y emotiva.

La tercera sección del show fue la esperada catarata de hits. Tras abrir con “El Faro”, la banda desató la euforia del público con sus grandes éxitos. “Salir a comprar”, con su estilo funk setentoso y una sección de brass, preparó el terreno para el pogo. El enganchado de “Que tal” y “La rubia tarada” llevó al público a uno de los puntos más altos de la noche. Momentos destacados incluyeron la dedicación de “Cabalgata deportiva” al emblemático Teatro de Flores, y la interpretación de “Crua-Chan” con la participación de un grupo de gaiteros.

Homenajes y la esencia analógica

Uno de los momentos más emotivos de la noche fue el homenaje espontáneo a Alambre González, un guitarrista fundamental del blues y rock argentino. Divididos lo invitó al escenario para interpretar “Sucio y desprolijo” de Pappo, brindando una merecida ovación a un músico que, según la banda, no siempre ha obtenido el reconocimiento que merece.

El cierre fue un broche de oro con más clásicos que resonaron en el Movistar Arena: “Paraguay”, “Rasputín”, “Haciendo cosas raras”, “El 38” y “Ala delta”. Estas “gemas de la más pura tradición analógica” recordaron la vigencia de un sonido que, en la tercera década del siglo XXI, sigue siendo un bálsamo para los oídos y el alma del público fiel de Divididos.

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