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El libro desafía la era digital: cinco siglos de vigencia y nuevas batallas

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En un mundo dominado por la inmediatez digital y las narrativas fragmentadas, el libro, como objeto físico, sigue demostrando una sorprendente resiliencia. La reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que culmina este fin de semana, se erige como un testimonio de esta persistencia, con largas filas de lectores y ventas que, según estimaciones, muestran una recuperación.

El contraste es elocuente. Mientras obras icónicas como Mafalda, de Quino, se despiden de su editorial original, Ediciones de la Flor (que cierra tras sesenta años), sus personajes ya se adaptan a nuevos formatos: una serie de Netflix y una muestra inmersiva en el Centro Cultural Recoleta. Sin embargo, en los pasillos de la Feria, la búsqueda de una firma o un buen lugar en una sala revela un apego al formato tradicional que desafía los pronósticos de su desaparición.

Sin ponernos románticos, creo que el libro en tanto artefacto material sigue resistiendo todos los pronósticos que desde hace 25 años aparecieron para fechar su desaparición.

”, resume Leonora Djament, directora editorial de Eterna Cadencia Editora, destacando también el surgimiento de numerosas editoriales artesanales en las últimas dos décadas como una forma de producción alternativa.

Del pergamino al TikTok: la evolución del conocimiento

El libro, en su escala industrial popularizada por Gutenberg hace cinco siglos, no solo marcó el inicio de la modernidad sino que se convirtió en el vehículo principal para fijar y difundir ideas, estandarizar lenguajes y democratizar el saber. Este “paréntesis” de conocimiento fijo y atribuible al autor, como lo describe el académico Jeff Jarvis, enfrenta hoy la amenaza de la revolución digital.

Las narrativas audiovisuales y fragmentadas de plataformas como TikTok, los reels de Instagram o los shorts de YouTube ya no se miden en páginas, sino en segundos, emulando el desplazamiento continuo de los antiguos papiros. No obstante, el libro demuestra una capacidad de adaptación notable. “Veo una tensión fuerte entre el libro y las diversas formas digitales de este cambio de siglo: las webs, las redes sociales, los microvideos, los podcasts, las aplicaciones. Cada una de ellas lo ha puesto en jaque y a todas ha sobrevivido”, analiza Jorge Carrión, catedrático en Barcelona. Ejemplos de esta simbiosis incluyen éxitos literarios nacidos de podcasts o influencers que monetizan su alcance publicando libros.

El agente literario Guillermo Schavelzon lo cuantifica: “Se auguró la muerte del libro impreso, y hoy el digital no supera el 15%”. Este dato subraya la preferencia por el formato físico, incluso en un ecosistema mediático en constante evolución.

La inteligencia artificial y el futuro del texto

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) introduce un nuevo paradigma. Entrenada sobre millones de textos, muchos de ellos libros, la IA los transforma en materia prima dinámica para generar variaciones y nuevos contenidos. Sin embargo, lejos de ver esto como una amenaza, pensadores como Carlos Scolari, autor de Homo Mediaticus, abogan por una coexistencia enriquecedora.

Cada vez se publican más libros. Las tiradas son más pequeñas, es cierto, pero los eventos alrededor del libro -como las ferias- siguen convocando multitudes. La industria editorial, después de varios siglos proponiendo un mismo modelo de negocios, todavía está adaptándose a una transformación que comenzó hace 10.000 días con la llegada de la web. Me molesta cuando se hacen proclamas como ‘menos pantallas, más libros’. Yo quiero ‘más pantallas’ y ‘más libros’. Apuesto por la riqueza y diversidad textual y de soportes, dentro de un ecosistema mediático cada vez más variado y complejo.

” Scolari destaca que, aunque el papiro o el telégrafo son “medios fósiles”, el libro impreso, con su versatilidad que va desde las tapas blandas hasta los libros de arte, sigue siendo un objeto vivo.

La Feria del Libro, en este contexto, se convierte en un “santuario” que mitifica el objeto. Editoriales como Ampersand, dirigida por Diego Erlan, trabajan para construir comunidades alrededor de sus catálogos, demostrando que el libro sigue siendo un punto de encuentro y diálogo. La sorpresa de la feria, Lote 42, ejemplifica cómo el trabajo casi artesanal con el objeto libro puede florecer incluso en una escala industrial.

La profunda conexión humana con el libro no es nueva. Como se lee en Los orígenes del libro de Filippo Ronconi, sobre los manuscritos previos a la imprenta: “Los hombres y mujeres de la Antigüedad y la Edad Media le reconocían a estos libros la dignidad de una biografía, algo comúnmente reservado a las personas e incluso le atribuían intenciones, una voluntad y una fuerza espiritual”. Esta relación milenaria explica por qué, más allá de las innovaciones tecnológicas, el libro sigue siendo un faro en el vasto océano de la información.

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