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Camilo Castagnola: De la timidez a la cima del polo mundial con 23 años

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A sus 23 años, Camilo Castagnola se consolida como uno de los polistas más influyentes del mundo. Tras una reciente conquista en el US Open, que completó su colección de los torneos más prestigiosos de su deporte, el joven talento de La Natividad reflexiona sobre su meteórico ascenso, su evolución personal y los desafíos que enfrenta la alta competencia.

Con un palmarés que incluye el Argentino Abierto, Hurlingham, Tortugas, la Copa de Oro inglesa y estadounidense, y la Copa de la Reina, Castagnola ha transformado su imagen. De aquel «flaquito» que volaba en la cancha a los 13 años, y un adolescente de pocas palabras a los 17, hoy se muestra como un profesional maduro, dueño de su propia organización de caballos y personas, y más abierto al diálogo con los medios.

La evolución de un crack: del silencio a la frontalidad

El «Jeta» Castagnola, como se lo conoce en el ambiente, reconoce su pasado de timidez, una característica que contrastaba con su habilidad innata en la cancha. «Siempre me gustó tomar mis decisiones y decir lo que pienso», afirma Castagnola, destacando que, si bien el contacto con la prensa sigue siendo una obligación no escrita que le cuesta, ahora fluye con mayor naturalidad. «Ya me acostumbré. Son varios años los que llevo jugando y uno va acostumbrándose. Sé que eso es parte del trabajo y hay que hacerlo», asegura, mostrando la frontalidad que caracteriza al gen Castagnola.

Su crecimiento no solo es deportivo. Camilo pasó de ser un adolescente que se despertaba tarde a un profesional superentrenado que gestiona su propia pyme, invirtiendo la totalidad de sus ganancias en la compra y desarrollo de caballos. «Todavía soy chico y uso la plata para mejorarme, para armar una buena organización y apostar al futuro. Para poder competir en la actualidad y comprar caballos. Por ahora, a todo lo que gano lo invierto en el polo», explica.

El polo internacional y el futuro de La Natividad-La Dolfina

La conversación con Castagnola también aborda el panorama del polo internacional. Recientemente, el «Jeta» se coronó en Estados Unidos con Curtis Pilot y se prepara para una temporada en Inglaterra, donde jugará por Balanz Capital en la Copa de la Reina y por La Hechicera en la Copa de Oro. «Hoy, sin dudas, Inglaterra es el principal destino del circuito internacional. En Inglaterra hay un nivel de organizaciones y una competencia que no veo en ningún otro lugar del mundo», destaca, señalando la preocupación por la disminución de patrones en Palm Beach.

Sobre el exitoso equipo La Natividad-La Dolfina, que arrasó en la Triple Corona argentina el año pasado junto a su hermano Bartolomé Castagnola, su primo ‘Poroto’ Cambiaso y su tío Adolfo Cambiaso, Camilo es optimista. La continuidad de este «dream team» familiar, que sanó un distanciamiento de 15 años entre Adolfo y su padre, Lolo Castagnola, es un pilar fundamental. «Va a depender de Adolfito, hasta cuando quiera jugar. Es una decisión de él», afirma sobre la permanencia de su tío, deseando que siga por varios años para lograr el récord de Abiertos de Palermo.

«Tenemos una muy buena relación con él; lo vemos cantidad. Pero no se habla del tema. No nos habló nunca, ni nos juntamos nosotros para hablar de eso. Por ahora se trata de disfrutar de este equipo, de tener al mejor jugador de la historia y compartir la cancha con él.»

A pesar de su éxito, Castagnola reconoce áreas de mejora, como el aprendizaje del inglés para relacionarse mejor con los patrones internacionales y una mayor inmersión en el análisis de juego. «Entiendo bastante, ¿eh? Y la timidez me juega un poquito en contra. Imaginá que me cuesta hablar en español; entonces, largarme a decir algo en inglés [ríe]. De a poco voy a ir haciéndolo», comenta, con una sonrisa.

Cría de caballos, meditación y la pasión por competir

La cría de caballos es otra faceta esencial en la vida de Camilo. Aunque invierte en clonación de yeguas destacadas como Santana (de Dubai, con 15 a 20 clones nacidos), observa con cautela los resultados generales de esta práctica. «Supuestamente, desde el punto de vista genético es el mismo animal. Pero no sé… Habrá que ver», reflexiona sobre la falta de yeguas clonadas compitiendo al más alto nivel.

Fuera de la cancha, el «Jeta» encuentra equilibrio en la meditación, una práctica que adoptó hace un año para «bajar a tierra y calmar un poquito la ansiedad». A diferencia de su padre y hermano, que son «mucho más fanáticos» del polo, Camilo se inclina más por la competencia y los caballos. «Me veo mucho tiempo en esto porque lo disfruto. Para mí no se trata de un compromiso o de algo que haga forzado. El polo es mi rutina de vida y así lo tomo», concluye Castagnola, proyectando una carrera larga y exitosa en el deporte que lo vio crecer y convertirse en una estrella.

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