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Caputo culpa a las familias por el sobreendeudamiento y la morosidad récord

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El ministro de Economía, Luis Caputo, ha generado controversia al responsabilizar directamente a las familias argentinas por el creciente sobreendeudamiento y la morosidad récord que atraviesa el país. Según el funcionario, el problema radica en que los ciudadanos tomaron créditos “a tasas muy altas, pensando que la inflación iba a licuar las deudas”, desestimando así el impacto de las políticas económicas implementadas por el propio Gobierno.

Las declaraciones de Caputo, vertidas en una entrevista televisiva, buscan desvincular la gestión económica actual del drástico aumento en los niveles de deuda impaga. Sin embargo, diversos análisis y datos oficiales sugieren una realidad diferente: el ajuste fiscal, la caída del poder adquisitivo y las elevadas tasas de interés impulsadas por el Gobierno habrían empujado a millones de hogares a endeudarse para cubrir gastos básicos.

La realidad detrás de los números de la morosidad

Lejos de la interpretación del ministro, las cifras oficiales del Banco Central pintan un escenario alarmante. La morosidad de las personas físicas ha alcanzado su punto más alto desde 2004. En concreto, la proporción de préstamos en situación irregular de individuos pasó del 2,94 % en febrero de 2025 al 11,2 % un año después. Esto significa que más de uno de cada diez créditos ya no se paga regularmente.

El panorama es igualmente crítico en otros segmentos: la irregularidad en tarjetas de crédito trepó al 11,6 %, mientras que en préstamos personales alcanzó un preocupante 13,8 %. Estos indicadores reflejan que las familias no se endeudan por una supuesta “irresponsabilidad”, sino por la necesidad imperiosa de afrontar gastos corrientes como alimentos, alquileres y medicamentos ante la erosión de salarios y jubilaciones.

El impacto de las políticas económicas y las tasas de interés

El crecimiento del crédito durante la actual administración se ha asociado directamente con la drástica caída del poder adquisitivo y el deterioro del mercado laboral. Gran parte de los préstamos no se destinó a inversión o consumo duradero, sino a cubrir necesidades básicas, evidenciando una estrategia de supervivencia por parte de los hogares.

El ajuste permanente, en línea con las directrices del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha devastado salarios, jubilaciones y empleos registrados. Simultáneamente, el aumento constante de tarifas, alquileres y alimentos ha forzado a millones de argentinos a recurrir a créditos, billeteras virtuales y tarjetas para poder subsistir. Esta dinámica contrasta con un modelo económico que, según críticos, protege las ganancias del sistema financiero y favorece la especulación.

Además, el Gobierno ha sido directamente responsable de mantener tasas de interés elevadas para sostener el carry trade o bicicleta financiera, un pilar central del esquema económico oficial. Con tasas altísimas y un dólar artificialmente barato, se buscó garantizar ganancias extraordinarias a bancos y fondos financieros. Esta decisión, que Caputo ahora intenta atribuir a factores externos o “ataques políticos”, tuvo consecuencias directas sobre la vida cotidiana de las familias, que quedaron atrapadas en préstamos cada vez más caros, mientras los especuladores obtenían rendimientos millonarios.

El ministro ahora reconoce que las tasas “subieron fuertemente”, aunque intenta atribuirlo a factores externos o “ataques políticos”. Sin embargo, fue una decisión consciente del equipo económico para sostener su esquema financiero.

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