Las PASO: de herramienta ordenadora a debate por su eliminación
Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), implementadas a nivel nacional desde 2011, cumplen más de una década de existencia con un legado complejo y un futuro incierto. Nacidas bajo la premisa de democratizar la selección de candidaturas y evitar las decisiones “a dedo”, como expresara la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner en 2009, estas elecciones intermedias han transitado desde la definición de internas partidarias hasta funcionar como un gran sondeo previo a los comicios generales, o incluso como una primera vuelta de facto.
La iniciativa, presentada en octubre de 2009, surgió tras una derrota electoral del oficialismo en las legislativas de ese año, buscando poner fin a la fragmentación partidaria y la falta de reglas claras en la conformación de listas. La Ley 26.571, conocida como Ley de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral, modificó profundamente el sistema de selección de candidatos nacionales.
El nacimiento de una reforma ambiciosa
«Todo se resuelve adentro de un cuarto y todo se decide con el dedo de uno, o de dos, o de tres», fue la crítica de Cristina Fernández de Kirchner al antiguo sistema de internas, al presentar la reforma política en 2009. Su objetivo era claro: «Que ya nadie pueda decir que hay dirigentes designados a dedo, candidatos designados a dedo, listas cerradas en las cuales no pueden participar».
Las PASO se concibieron con tres características fundamentales: abiertas, permitiendo el voto de todos los ciudadanos del padrón, no solo los afiliados; simultáneas, obligando a todas las agrupaciones a realizarlas el mismo día; y obligatorias, exigiendo el voto a todo el electorado habilitado, incluso si una fuerza presentaba lista única. Este último punto, sin embargo, se convertiría en uno de los más controvertidos, con defensores que lo veían como una fuente de legitimidad y críticos que lo consideraban una imposición a la ciudadanía.
Usos y transformaciones a lo largo del tiempo
Desde su debut el 14 de agosto de 2011, las PASO se incorporaron al calendario electoral. En aquella primera ocasión, diez agrupaciones compitieron por la presidencia, pero solo siete lograron superar el umbral del 1,5% de los votos válidamente emitidos, un filtro establecido por la ley para acceder a la elección general. Ya entonces, se vislumbró que, si bien algunas categorías tenían internas, muchas fórmulas presidenciales, como la de Cristina Fernández de Kirchner-Amado Boudou, se presentaban con lista única, utilizando las primarias más como un test electoral que como una competencia interna.
En 2015, la alianza Cambiemos, integrada por el PRO, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica, llegó a la primaria presidencial con tres precandidatos: Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió. La competencia tenía una función política concreta: definir quién encabezaría el frente opositor sin romper la alianza. Macri ganó la interna y sus rivales reconocieron el resultado.
El año 2015 es recordado como un ejemplo paradigmático de las PASO cumpliendo su función ordenadora. La interna de Cambiemos, con Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió, permitió definir la candidatura presidencial del frente opositor sin fracturar la coalición. Macri se impuso, y sus contendientes, como Carrió, reconocieron el resultado, consolidando una alternativa que, meses después, llegaría a la Casa Rosada.
Sin embargo, en 2019, el sistema mostró otra faceta. Con Frente de Todos (Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner) y Juntos por el Cambio (Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto) presentando fórmulas únicas, las PASO funcionaron como una especie de primera vuelta anticipada. La amplia victoria de Alberto Fernández por casi 16 puntos sobre Macri, un resultado inesperado para las encuestas, generó un impacto económico y político inmediato, fortaleciendo la crítica de que, sin internas reales, las primarias se convertían en un plebiscito previo a la elección general.
El capítulo más reciente fue en 2023. Con una única fórmula presidencial para La Libertad Avanza (Javier Milei-Victoria Villarruel), las PASO sirvieron como un sismógrafo político que anticipó el ascenso de Javier Milei, quien obtuvo el 29,86% de los votos, superando a las principales coaliciones. Esta sorpresa electoral, que lo posicionó primero, marcó un hito y evidenció el poder del voto libertario antes de los comicios de octubre.
El futuro en debate: ¿hacia la eliminación?
La misma herramienta que visibilizó el crecimiento de Milei, paradójicamente, se encuentra hoy bajo la lupa de su gobierno. Tras suspenderlas para el año electoral 2025 mediante la Ley 27.783 en marzo de 2025 (sic), el actual Presidente avanza con la intención de eliminarlas de manera definitiva. «Eliminamos las PASO: basta de obligar a los argentinos a pagar internas de la casta. Cambiamos el financiamiento: se termina la política viviendo de tu bolsillo», escribió el mandatario en abril de 2026 (sic) en su cuenta de X.
Desde su concepción para ordenar la política, las PASO han mutado su sentido y función en cada elección, generando debates constantes sobre su pertinencia y eficacia. De instrumento para la competencia interna a filtro electoral o termómetro anticipado, su trayectoria refleja las tensiones y dinámicas de la política argentina, quedando ahora en el centro de una discusión que podría definir su continuidad.

