Diplomacia energética: el plan de Javier Milei para fabricar reactores nucleares y exportar gas a Europa
La visita de Luis Cubeddu, número dos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el Hemisferio Occidental, dejó esta semana una señal de distensión clave para el gobierno de Javier Milei. En medio de reuniones con empresarios y referentes de distintos sectores, el enviado del organismo valoró el horizonte financiero a un año y medio planteado por el ministro de Economía, Luis Caputo. Sin embargo, detrás de la calma financiera y la diplomacia del superávit, la Casa Rosada comenzó a desplegar una ambiciosa estrategia geopolítica que excede las metas tradicionales del Fondo: la consolidación de una «diplomacia energética» basada en la tecnología nuclear y el gas de Vaca Muerta.
El giro nuclear de la mano de Estados Unidos
La piedra angular de esta nueva era es el proyecto para construir un reactor nuclear modular en Zárate, provincia de Buenos Aires. La iniciativa contempla una inversión inicial de US$ 1.200 millones a cargo de Meitner, una compañía liderada por el magnate estadounidense Hamid Ansari. Ansari, un emprendedor con llegada directa al Departamento de Estado y al embajador de EE.UU. en Buenos Aires, Peter Lamelas, busca convertir a la Argentina en una plataforma de fabricación de plantas nucleares en serie para su posterior exportación global.
Este acercamiento con el capital norteamericano se aceleró tras la crisis cambiaria de septiembre de 2025, cuando el triunfo electoral de la fuerza opositora Fuerza Patria —liderada por el gobernador bonaerense Axel Kicillof— desató una corrida contra el peso. En ese escenario crítico, el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, destrabó un swap de US$ 20.000 millones. A cambio de este auxilio financiero, Washington exigió una participación activa en el sector nuclear para desplazar la influencia de China, que previamente había acordado la construcción de Atucha III con la estatal CNNC por más de US$ 8.000 millones.
El megaproyecto nuclear no estuvo exento de fuertes internas en Balcarce 50. El asesor presidencial Santiago Caputo mantuvo una disputa frontal con el economista Demian Reidel por la conducción del área, lo que terminó provocando la salida de Reidel del manejo del sector atómico, a pesar de su estrecha relación de amistad con el presidente Milei.
La privatización parcial de Nucleoeléctrica
El plan oficial no solo contempla la instalación del reactor de 300 MW de Meitner, sino también una reforma estructural en las empresas públicas. La Casa Rosada proyecta vender el 44% de las acciones de Nucleoeléctrica Argentina S.A. (Na-Sa), la operadora estatal que maneja las centrales atómicas del país. El principal interesado en adquirir esa porción minoritaria es el propio Ansari, lo que le permitiría operar su reactor modelo con la estructura técnica de la compañía pública.
La llave de Vaca Muerta y el rescate de la soja
Esta nueva capacidad de negociación argentina también se trasladó al plano regulatorio europeo. Esta semana, la Cancillería argentina logró frenar una iniciativa de la Comisión Europea que pretendía equiparar la soja con el aceite de palma bajo normativas de deforestación, un golpe que hubiese sido letal para el agro local. El canciller Pablo Quirno, junto a su secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Fernando Brun, y el legislador Fernando Iglesias, lideraron un intenso lobby en el Parlamento Europeo.
La verdadera carta de triunfo en Bruselas, no obstante, fue el gas de Vaca Muerta. La petrolera estatal YPF, conducida por Horacio Marín, avanza en una alianza estratégica con la italiana ENI, liderada por Claudio Descalzi, para exportar gas natural licuado (GNL) por un valor estimado de US$ 14.000 millones anuales a partir de 2027. En un continente urgido por cortar definitivamente su dependencia del gas de Rusia, la promesa de suministro argentino se transformó en la llave diplomática definitiva para destrabar las tensiones comerciales.

