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Maltrato en la danza: «Si no bajás 5 kilos, estás afuera», la cruda historia de una exbailarina del Colón

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Desde los seis años, Aldana Vaulet soñó con ser bailarina profesional. Su camino comenzó en la Escuela Municipal de Danzas José Neglia de Morón, donde su talento fue reconocido de inmediato. Un año después, una sugerencia la llevó a postularse al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, un desafío que superó audición tras audición, logrando ingresar a la prestigiosa institución.

Los primeros años en el Colón fueron, según Aldana, “una maravilla”. Desde el primer ciclo de formación, fue contratada por el ballet estable para su primer rol. Sin embargo, este ambiente de excelencia venía acompañado de una disciplina férrea: “no hablar, no jugar, no reír, evitar comer antes de la función; era un ambiente tenso, obsesionado por la perfección y donde el error no se toleraba”, recuerda. A pesar de la exigencia, en ese momento lo asumía como parte del sistema que había elegido integrar.

Las exigencias físicas y la aparición de los trastornos alimentarios

La vida de una bailarina clásica en formación temprana difiere drásticamente de la de otros niños. La profesionalización exige un esfuerzo monumental, no solo de quien la practica, sino de toda su familia. Los padres de Aldana, por ejemplo, tuvieron que reorganizar sus jornadas laborales para trasladarla diariamente desde Ituzaingó hasta la Ciudad de Buenos Aires, en hora pico. Más tarde, siendo aún una niña, Aldana se mudó a la ciudad con compañeras para aliviar esa carga familiar.

El punto de inflexión en la experiencia de Aldana llegó con el desarrollo de su cuerpo. “Las exigencias físicas llegaron luego de que mi cuerpo se desarrollara”, explica. En ese período, usaba un corsé para corregir una escoliosis, mientras su cuerpo atravesaba los cambios biológicos propios de la adolescencia. Esta transformación natural, sin embargo, no fue bien recibida por un docente. Fue entonces cuando aparecieron los factores que, según su testimonio, “detonarían Trastornos de la Conducta Alimentaria entre niñas en formación”. El ambiente, por sí solo, ejercía “una presión constante por sobre los cuerpos”.

“Si no bajás 5 kilos, estás afuera”

Esta frase lapidaria, que Aldana escuchó en primera persona, es un reflejo de la cultura que primaba y que ella hoy investiga. La presión por mantener un peso determinado, la obsesión por la perfección estética y la intolerancia al error se convirtieron en motores de un maltrato psicológico y físico que afectó profundamente a las jóvenes bailarinas. Lo que comenzó como un sueño de infancia se transformó en una experiencia marcada por la autoexigencia extrema y la mirada crítica constante sobre el cuerpo.

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